La ciudad de Le Havre, protagonista
Por Mey Zamora — Portada
La ciudad de Le Havre, protagonista
Novela
Maylis de Kerangal sitúa en la localidad normanda un relato que combina intriga e intimismo: parte de una investigación policial que servirá para remover las aguas de la memoria

La exitosa autora francesa Maylis de Kerangal
Kim Manresa

Mey Zamora
17/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
La narradora de Día de mareas tiene afición por las historias: “Por las que me cuento a mí misma y las que les cuento a los demás, por aquellas en las que me multiplico, en las que puedo disimularme, convertirme en una extraña, prescindir de mí”. Ese gusto distingue la escritura de la autora francesa Maylis de Kerangal (Toulon, 1967), quien se lo ha cedido a su personaje, una mujer a punto de alcanzar la cincuentena, que vive en París con su marido y su hija.
Una llamada desde la comisaría de Le Havre la llevará de regreso a la ciudad portuaria donde creció –como la escritora. El comisario Zambra reclama su presencia para tratar un tema que la atañe. Un par de días antes apareció en el dique el cadáver de un hombre. En su bolsillo llevaba una entrada del cine Channel para ver Quemar después de leer, de los hermanos Coen, una comedia negra de espionaje. En el reverso, escritos en color azul, estaban los dígitos de su teléfono móvil.
⁄ La metáfora funciona: la evolución de la ciudad y la biografía de la narradora actúan como un juego de espejos
Arranca la novela. La rutina familiar –ella con sus proyectos de doblaje, su marido con su trabajo en una imprenta y su hija entre los estudios y las competiciones de esgrima– se ve interrumpida. Aparecen el desconcierto, la inquietud y muchos interrogantes, que sacuden a la narradora, como se plasma muy bien en las páginas iniciales.
Esos elementos hacen intuir el desarrollo de una novela policiaca. Solo lo será en parte, en algunos fragmentos (la declaración, la autopsia, las pesquisas…), que se entremezclarán con otros de carácter personal e íntimos, episodios del pasado vividos en aquella ciudad. Más que una novela negra, esta es una obra de introspección, de revisión vital.
La ciudad normanda se erige en centro de un relato que habla de la transformación de las urbes, de sus espacios, de los barrios y edificios, de sus actividades y de la memoria. Un juego de espejos con la biografía de la mujer, con su propia evolución. En Le Havre vivió un primer amor, que se esfumó y la hizo sufrir, abordó junto una compañera un trabajo de bachillerato sobre la destrucción de la ciudad en la Segunda Guerra Mundial y, ya de mayor, apadrinó una golondrina, L’Hirondelle de la Manche.
Maylis de Kerangal describe con precisión el clima, el muelle y el mar, el tráfico de mercancías y el nuevo paisaje del puerto atestado de contenedores (“bloques multicolores de Lego que se trasladaban día y noche”), un renovado escondite para el tráfico de droga. Lo hace con detalle, con poesía (“una lluvia menuda plumeaba la ciudad al bies”) y conocimiento. Consigue impregnarnos de ese ambiente brumoso y algo fantasmagórico, que encaja con las brumas de la memoria.
La novela transcurre en un único día, como ocurría en la aclamada Reparar a los vivos. Allí la intensidad emocional y la tensión sostenida eran muy superiores. Hábil en manejar los saltos temporales, sus historias se balancean entre el pasado y el presente. Un presente cargado de temas de actualidad (el tráfico de drogas, el drama de los migrantes, la guerra de Ucrania o la irrupción de la IA), que en algún caso resulta algo forzado -últimamente parece un requisito en la ficción-. La narradora tiene entre las manos Otoño alemán, de Stig Dagerman, que habla de las secuelas de la guerra. Así regresa al pasado de Le Havre y al propio cuando tenía veinte u ocho años. Recuerda cómo en Ruan sintió, bajo un reloj, haber captado el pasado.
La autora de Nacimiento de un puente ha escrito una obra que parte de una investigación policial –una excusa– para remover las aguas de la memoria. Como esas secuencias de olas que rompen en el dique –una de ellas la arrastra literalmente en un momento de su estancia– el texto levanta espumas de otros tiempos que después desaparecerán.
La metáfora funciona. Los sedimentos, las pérdidas, los vaivenes conforman la historia de la ciudad y la biografía personal. Basta un día de tormenta para agitar las plácidas aguas.
—————————-
Maylis de Kerangal Día de mareas Traducción de Álex Gibert, Anagrama, 208 páginas, 19,90 euros
Mostrar comentarios
Fonte: Portada