La moda no es eterna: los vestidos se deshacen en los museos

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Por Raquel Fernández Sobrín — Portada

La moda no es eterna: los vestidos se deshacen en los museos

Fashion Week

Los materiales que revolucionaron la moda están poniendo en apuros a las instituciones: algunas creaciones contemporáneas envejecen peor que los vestidos de hace dos siglos

El equipo de conservación y a la presidenta de la Union Centrale des Arts Décoratifs (UCAD)

El equipo de conservación y a la presidenta de la Union Centrale des Arts Décoratifs (UCAD)

Jean-Marie Périer / © Les Arts Décoratifs

Raquel Fernández Sobrín

17/10/2026 06:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

En el Museo de Artes Decorativas de París exponen un vestido de Madeleine Vionnet que nunca volverá a ponerse en vertical. Se exhibe tumbado, protegido por una vitrina. Los bordados pesan demasiado para el tul que debe sostenerlos y, con los años, la tela se ha deteriorado tanto que levantarlo supondría poner en riesgo lo que queda de él. Para conservar su integridad física, el museo ha tenido que renunciar a mostrarlo como fue concebido.

La escena forma parte de Look! 40 ans de mode au musée, la exposición con la que la entidad cultural celebra cuatro décadas dedicadas al patrimonio de la moda. Entre las piezas elegidas hay un vestido francés de 1760 y creaciones contemporáneas, pero las vitrinas que más llaman la atención son las que enseñan lo que ocurre cuando se acaba la vida pública de una prenda: mientras las casas de lujo acostumbran a hablar de diseños eternos, en las reservas de los museos, la eternidad tiene que vérselas cara a cara con la química.

Para muestra, dos viseras de vinilo de Courrèges, fabricadas en 1972. Probablemente idénticas cuando salieron del taller, han llegado a 2026 cada una degradada a su manera, ambas dañadas de forma irreversible. Los conservadores, que pueden protegerlas de la luz, la humedad o las huellas dactilares de los visitantes, no siempre pueden aliviar un deterioro provocado por la propia composición del material.

En Nueva York, los conservadores del Anna Wintour Costume Centre del Metropolitan Museum of Art utilizan el término inherent vice, “vicio inherente”, para describir el desencadenante que lleva a un objeto a destruirse por su propia composición o construcción. El museo tiene con Charles James, que concebía sus vestidos casi como esculturas, un ejemplo para el archivo: el Met conserva siete versiones de su vestido Swan, de mediados de los cincuenta, y ninguna se mantenía en excelentes condiciones cuando prepararon la retrospectiva del creador en 2014. El aireado chifón que cubría al satén se desgarraba en casi todas esas versiones. Algunos materiales innovadores que James utilizó para mantener sus esculturales vestidos habían envejecido tan mal que aceleraban el deterioro de los tejidos colindantes.

Durante el siglo XX, los plásticos permitieron dar forma a siluetas imposibles de alcanzar con materiales tradicionales. Observados desde la distancia, presentan una paradoja cruel: aquellos productos que parecían más resistentes pueden tener una vida sorprendentemente corta. En el V&A de Londres conservan un impermeable de Vivienne Westwood de su colección Portrait, de 1990, que se ha ido poniento tan rígido que no es posible llevarlo. Sigue contando la historia de la diseñadora y del momento, pero ha perdido una cualidad elemental de los de su especie: la flexibilidad.

El problema se cuenta en cifras. En enero, un equipo de investigadores publicó en npj Heritage Science un estudio sobre 142 objetos de plástico pertenecientes, precisamente, al Museo de Artes Decorativas de París, incluidos 41 de sus fondos de moda. Entre estos últimos, el 82% presentaba algún tipo de deterioro. La muestra incorporaba piezas dañadas, de modo que el porcentaje no representa el estado de toda la colección. El poliuretano resultó más vulnerable que otros materiales y buena parte de los accesorios más ajados eran zapatos y sombreros fabricados entre 1960 y 1995. 

Resulta que una prenda que parecía llegada del futuro está envejeciendo antes de tiempo

En un impermeable de la década de los ochenta de Popy Moreni, los plastificantes del PVC habían migrado hasta dejar zonas pegajosas. La lámina que añadieron para ayudar a conservar su forma había terminado complicando el problema.

También existen prendas que nacen con una expectativa de vida todavía más incierta. Cuando el Costume Institute adquirió en 2015 Skeleton, el vestido impreso en 3D que Iris van Herpen había presentado en 2011, ya mostraba daños imposibles de revertir. La estructura de nailon, que imita un esqueleto, había amarilleado y algunas puntas empezaban a quebrarse. En 2020, la conservadora Sarah Scaturro explicó que el propio proceso de impresión, que somete el material a altas temperaturas, podía acortar su duración. Nadie sabe cuánto tiempo sobrevivirá aquel diseño, ni siquiera bajo las condiciones controladas de un museo. Resulta que una prenda que parecía llegada del futuro está envejeciendo antes de tiempo.

El Met acaba de documentar un desenlace más feliz, la de un Delphos de Fortuny de los años veinte que había perdido sus diminutos plisados en una zona de la cadera. Como la técnica original, desarrollada por Adèle Nigrin y Mariano Fortuny, sigue sin conocerse por completo, los restauradores ensayaron primero con otras sedas hasta conseguir devolver al vestido parte de su relieve mediante puntadas finísimas y humedad.

Sophie Lemahieu, comisaria de la exposición parisina, explica en Le Monde que una de las intenciones de su muestra actual es responder a una pregunta habitual: por qué el museo no tiene una colección permanente de moda. En Madrid, el Museo del Traje conoce el dilema. En 2025 renovó más de 350 piezas de su exposición permanente, ya que la conservación de los textiles exige rotaciones periódicas. Exponer significa gastar parte de la vida del objeto. Conservarlo obliga a aceptar que, como le sucede al vestido de Vionnet, a veces la única manera de salvar una prenda consiste en no volver a vestirla.

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Fonte: Portada

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