Sonata para violonchelo solo
Por Olga Merino — Portada
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El sonido brillante del violín dispara la música hacia el aire, como una flecha; el de la viola, con un registro más grave, tiene una aspereza terrosa; el contrabajo, en la frecuencia más baja, aporta suelo, arquitectura, peso, distancia y profundidad; y cuando suena un violonchelo, en la amplia horquilla de su tesitura, parece que esté susurrando una voz humana. Con estos mimbres, el poeta y prosista rumano Mircea Cartarescu esbozó, el martes, una teoría narrativa o, por lo menos, un símil resultón entre los instrumentos de cuerda y la novela. Llenazo casi futbolero para escucharlo. Tanto fue así que, en previsión, el librero ignífugo Xavier Vidal trasladó la charla desde la Nollegiu, la histórica boutique Juanita, hasta el Casino L’Aliança del Poblenou, que cedió su sala de bóveda catalana. A ojo de buen cubero, unas 150 personas. Tal vez más.
Fonte: Portada