“A mis alumnos les digo que para ser buen médico lo principal es ser buena persona”
Por Josep Fita Llado — Portada
Antoni Trilla: “A mis alumnos les digo que para ser buen médico lo principal es ser buena persona”
Entrevista
Después de 40 años en el hospital Clínic y 35 como profesor de la Facultad de Medicina de la UB, uno de los doctores que más informó a la ciudadanía durante la pandemia se jubila

El doctor Antoni Trilla, fotografiado por ‘La Vanguardia’ esta semana en la Facultad de Medicina de la UB (campus Clínic)
LV / Llibert Teixidó

Barcelona
11/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Después de décadas en el candelero, y a sus 70 años, el doctor Antoni Trilla (Barcelona, 1956) da un paso al lado. Técnicamente se jubila, sí, pero en la práctica seguirá vinculado a la Universitat de Barcelona, como profesor emérito en la facultad de Medicina (donde lleva ejerciendo desde hace 35 años), y al hospital Clínic, institución en la que acumula cuatro décadas de trayectoria y donde ahora ejercerá como consultor emérito. Colaborador habitual de La Vanguardia, hoy conversamos con él:
Presumo que continuar vinculado al Clínic y a la UB ejerciendo un papel de mentor de los jóvenes es algo que le apetece.
Sí, me encanta la actividad pedagógica. Además, amo mucho mi profesión, y creo que el ser médico, tanto en un hospital como enseñando en la facultad, es para toda la vida.
¿Qué etapa es la que más le ha marcado como médico?
Sin duda la covid, especialmente como epidemiólogo. Fue la etapa más extraordinaria en todos los sentidos, tanto para mal como incluso para bien. Fue una situación desconocida y muy difícil de anticipar. Los primeros meses fueron terribles y luego, poco a poco, nos fuimos asentando. Ahí vi lo mejor y lo menos bueno de mi profesión: personas con mucha capacidad que se pusieron al frente para hacer cosas y otras que esperabas que hicieran mucho más.
Mi tarea durante la covid en el hospital era proteger a los médicos y enfermeras que estaban en primera línea”
¿Extrajo alguna lección?
Que dentro del funcionamiento de instituciones tan grandes como el Clínic a veces hay que tomar decisiones con mucha autonomía. Aquellos días se hicieron cosas extraordinarias. Recuerdo cuando se decidió que teníamos que hacer el seguimiento de los enfermos, saber qué contactos habían tenido. Pensamos en montar en una sala de reuniones una especie de centro telefónico, que acabaron atendiendo alumnos voluntarios de la facultad. En una situación normal, crear aquel espacio (pedir permiso, presupuesto, traer mesas, sillas, instalar las conexiones telefónicas…) habría supuesto bastante tiempo; pero en ese contexto se montó en menos de 48 horas.
¿Cuál era su principal tarea en el hospital aquellos días?
Intentar proteger a los médicos y enfermeras que estaban en primera línea. Es decir, cómo hacer los equipos de protección, cómo aislar a los enfermos, qué recomendaciones dar… Teníamos que intentar que nuestros compañeros trabajaran con las máximas garantías de seguridad para que pudieran hacer su labor lo mejor posible. Afortunadamente, muchos, aunque no todos, superaron aquella situación.

Usted se erigió también casi como un portavoz médico que explicaba a la ciudadanía, a través de los medios, la evolución de la pandemia. ¿Cómo lo llevó?
Pues mira, por una parte, enormemente agradecido por la amabilidad de los ciudadanos, que nos daban las gracias. No a mí, sino al conjunto de profesionales sanitarios. Creo que llevé bastante bien la situación, a excepción de dos o tres días en que salí del comité de crisis dudando de si seríamos capaces de aguantar. ¿Cuál era nuestra principal preocupación? Colapsar, no poder atender a todos los enfermos. Faltó de todo en algún momento (camas, respiradores…), pero siempre se pudo resolver.
Y al final llegaron las vacunas…
Sí, nos sacaron del pozo, aunque cada cual puede pensar lo que quiera. Y todo gracias a la ciencia. Y no fue de un día para otro, como algunos dijeron: los investigadores llevaban muchos años trabajando en ello. Es como si tuvieran todas las piezas de Lego hechas desde hacía tiempo y solo faltara encajarlas.
No sabemos ni cuándo, ni dónde, ni la gravedad, pero habrá más pandemias”
¿Teme que vuelva a aparecer una pandemia como aquella?
Es seguro que tendremos más epidemias. También es casi seguro que tendremos otra pandemia, que es una epidemia de gran extensión. El problema es que no sabemos ni cuándo, ni dónde, ni la gravedad. Una pandemia no tiene el porqué ser grave. Puede ser una enfermedad leve pero que se extienda por todo el mundo.
Los médicos fueron considerados héroes durante la covid. No sé si todavía son vistos así. Hay personas que se quejan de que no se las escucha en la consulta.
Los médicos, primero, deben amar su profesión. Después tienen que ser conscientes de que la razón principal por la que se dedican a este trabajo es para ayudar a los demás. ¿Qué ocurre? Que en un mundo ideal, nos gustaría tener más tiempo para atender a los enfermos, cierta autonomía para poder tomar nuestras propias decisiones, que las condiciones de trabajo fueran mejores (salarios más altos, más tiempo de descanso…). La profesión médica está en un momento en el que es necesario que nos replanteemos lo que se denomina el contrato social: saber qué espera la sociedad de nosotros (más atención, más tiempo, empatía…) y qué necesita el médico para dar ese servicio. Y en este contrato social, una de las cosas que probablemente tiene que mejorar el profesional es la escucha.

¿Así lo explica a sus alumnos?
Sí. Recuerdo que cuando trabajaba como médico de guardia en urgencias, siendo además el responsable de los residentes, a veces les preguntaba si habían hablado con la familia del paciente. “No tengo tiempo”, me decían algunos, a lo que yo les respondía que no me dieran nunca más esa contestación. ¿Por qué? Porque hablar con alguien que está en una situación urgente o ha venido al hospital por una cuestión que puede preocupar a muchos otros es el tiempo mejor invertido. ¿Para qué? Para que la atención sea mejor. A veces es difícil, porque vas de bólido, pero si hay buena comunicación, la mayoría de problemas relacionados con el sistema (tiempos de espera y demás) mejoran.
¿Qué consejos más les da?
Que tienen que ser buenas personas, es la regla número uno. Puedes ser un gran técnico/especialista (un buen cirujano, un gran diagnosticador), pero si no eres buena persona, no puedes ser un buen médico. Un buen médico trata a los enfermos, les escucha, diagnostica, si puede prevenir la enfermedad lo hace y, si los puede curar, los cura. De no poder hacerlo, los consuela y les habla.

Josep Fita
Periodista
Licenciado en Periodismo por la UAB, trabaja en La Vanguardia desde el 2010. Actualmente, en la sección de Sociedad, donde escribe sobre salud, ciencia o educación. Antes había trabajado en la Cadena Ser y COM Ràdio. jfita@lavanguardia.es
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