Sexo y género, dos claves para desarrollar una medicina más inclusiva

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Por Aitana Palomar — Portada

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Sexo y género, dos claves para desarrollar una medicina más inclusiva

PERSPECTIVA DE GÉNERO

Los hombres y las mujeres pueden presentar distintos síntomas y respuestas ante el tratamiento de la misma enfermedad

Marc Oliana, profesor de robótica y técnico de laboratorio de Hamelin-Laie School, junto a dos alumnas.

incorporar la perspectiva de sexo y género en la medicina es fundamental para comprender mejor cómo enferman las personas. 

PAUL PACEY

Aitana Palomar S.

Barcelona. Periodismo Blanquerna

10/10/2026 17:30

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Las enfermedades no siempre se manifiestan de la misma manera en todas las personas. Según el sexo y el género, pueden variar los síntomas, la respuesta a los tratamientos y la atención que ofrece el sistema sanitario. Estas diferencias influyen en todo el proceso de la enfermedad, desde la prevención hasta el diagnóstico y la cura. Por eso, incorporar la perspectiva de sexo y género en la medicina es fundamental para comprender mejor cómo enferman las personas y qué factores pueden condicionar su atención.

La doctora Blanca Coll-Vinent, médica de Urgencias y coordinadora del Grupo de Trabajo de Género y Salud del Hospital Clínic Barcelona, explica que el sexo es una característica biológica: puede ser femenino, masculino o intersexual. El sexo influye en el aspecto externo de la persona y en sus órganos reproductores, pero también en otras características físicas, como la distribución de grasa corporal, el tamaño del corazón o la forma en que el organismo procesa los medicamentos.

En cambio, el género hace referencia a los roles, los comportamientos y las expectativas que cada sociedad y cultura asocia a hombres y mujeres. Incluye también la identidad de género, es decir, cómo se identifica cada persona: como hombre, mujer o persona no binaria. Según la doctora Coll-Vinent, el género condiciona mucho más que el estilo de vida: también cómo percibimos nuestra salud, qué riesgos asumimos, cómo nos cuidamos, cómo utilizamos los servicios médicos y cómo nos atienden.

Síntomas diferentes

Las diferencias entre hombres y mujeres empiezan por los síntomas, es decir, por la forma en que se manifiestan las enfermedades. El infarto de miocardio es uno de los ejemplos más claros. El dolor en el pecho es su síntoma más conocido, pero las mujeres presentan con más frecuencia otras señales, como la dificultad para respirar o fatiga. No reconocer estos síntomas puede retrasar el diagnóstico. En el caso de infarto, además, las mujeres tienen factores de riesgo propios que a menudo se pasan por alto, como algunas complicaciones del embarazo o la menopausia precoz.

Las diferencias en los síntomas también aparecen en otras enfermedades, como algunos tipos de cáncer, infecciones, enfermedades respiratorias o problemas de salud mental.

Distintas respuestas a los tratamientos

Las diferencias entre hombres y mujeres también aparecen en la respuesta a los tratamientos. El mismo tratamiento puede tener resultados muy diferentes según el sexo del paciente. La doctora Coll-Vinent señala, por ejemplo, que determinados tratamientos contra el cáncer, como la inmunoterapia para tratar el cáncer de pulmón, pueden ser más efectivos en hombres que en mujeres. También apunta que las mujeres sufren con más frecuencia efectos tóxicos derivados de algunos tratamientos.

Relación con el sistema sanitario y factores socioculturales

La relación con el sistema sanitario también es diferente entre hombres y mujeres. Según información del Hospital Clínic Barcelona, las mujeres tardan más en ir al médico cuando presentan síntomas, pero suelen cumplir más con el tratamiento. Además, algunos factores socioculturales que perjudican la salud, como el maltrato o la pobreza, afectan más a las mujeres.

Retos en la investigación científica

Incorporar la perspectiva de sexo y género en la medicina todavía plantea varios retos. El primero es distinguir qué diferencias dependen del sexo y cuáles del género. El segundo, lograr que las mujeres estén igual de representadas que los hombres en la investigación científica, para que los resultados de los estudios no estén sesgados. El tercero, analizar estos resultados teniendo en cuenta el sexo y el género, en lugar de aplicarlos a toda la población por igual. Si no se hace, se pierden datos muy importantes y la medicina es menos precisa de lo que podría ser.

La doctora Blanca Coll-Vinent insiste en que hay que mantener los esfuerzos realizados hasta ahora, porque abandonarlos puede tener graves consecuencias en la salud de las personas. Para desarrollar una medicina mejor, más inclusiva y equitativa, es imprescindible ponerse las “gafas de la perspectiva de sexo y género”, aseguran especialistas del Hospital Clínic.

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Fonte: Portada

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