China suma una base aérea conjunta en Laos a la base naval de que ya dispone en Camboya
Por Jordi Joan Baños — Portada
China suma una base aérea conjunta en Laos a la base naval de que ya dispone en Camboya
Sudeste asiático
El Ejército Popular de Liberación entrenará a pilotos de la exigua fuerza aérea laosiana

Imagen de satélite de la pista de aterrizaje y la base aérea conjunta de Ban Keun, levantada por China en Laos, 60 kilómetros al norte de Vientián.
Vantor / Reuters

Bangkok. Corresponsal
08/10/2026 16:27 Actualizado 08/10/2026 17:59 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
El ejército de China ya no tiene un pie, sino dos, en el sudeste asiático. Esta semana se confirmó la apertura de una base aérea conjunta en Laos, un año después de la inauguración de la renovada base naval y centro de entrenamiento de Ream, en Camboya. China abrió la cuenta en el extranjero ya en 2017, con una base para su armada en Yibuti, en el Cuerno de África.
En cualquier caso, Ban Keun constituye su primera base aérea fuera de China, a solo 40 kilómetros de la capital laosiana, Vientián, y a la misma distancia de la frontera tailandesa. Como en el caso de Ream, el Ejército Popular de Liberación (EPL) ha revestido su expansión de propósitos bienintencionados. En eso el antiguo Imperio del Medio no se distingue de imperios más recientes. Aunque en este caso, EE.UU. llegó antes. Tanto Ban Keun como Ream deben su existencia a la guerra de Vietnam, cuando EE.UU. construyó en el primer caso una pista de aterrizaje y en el segundo un puerto rudimentario, que los británicos ampliaron antes del apocalipsis de los jemeres rojos.
En Ban Keun, China ha modernizado las instalaciones, como antes hizo en Ream. El objetivo compartido es reconstruir prácticamente desde cero algo parecido a una fuerza aérea, después de que el arsenal heredado de EE.UU. y luego de la URSS. fuera dado de baja. Helicópteros al margen, en los hangares laosianos quedaban tres Yak-130 rusos y cuatro K-8 y cinco LE-500 de fabricación china.
Pero las imágenes de satélite proporcionadas por la empresa de rastreo estadounidense Vantor (ex Maxar) mostraban hace una semana no cuatro sino ocho K-8 chinos, pequeños aviones biplaza de entrenamiento y combate. También docenas de vehículos de apoyo, una ampliación de la pista y nuevos edificios circundantes, a orillas del río Nam Ngum, un serpenteante afluente del Mekong.
Cazas nuevos por tanques viejos
Que Laos esté en posesión de Yak-130 -cuando la vecina Camboya, con más del doble de población, no tiene aviones de combate- tiene una explicación bastante pintoresca. Laos era, hace una década, el último país del mundo que seguía operando el tanque T-34 con el que la URSS ganó la Segunda Guerra Mundial. A fin de exhibirlos en desfiles conmemorativos, Moscú aceptó gustosamente el trueque de aquella reliquia de diez T-34 en activo y veinte en la reserva por otros tantos T-72, con cuatro aviones Yak-130 de propina. Lo de menos era que los T-34-85 hubieran sido fabricados en Checoslovaquia en los años cincuenta.
China ha reconocido que sus militares están sobre el terreno, de acuerdo con los laosianos, con el objetivo de formar a los pilotos. No está claro si los cuatro aviones suplementarios y los que puedan llegar en el futuro forman parte del acuerdo.
En cambio, es de dominio público que, en Camboya, China no solo pagó la modernización del puerto de Ream, sino que también ofreció a Phnom Penh dos corbetas de nueva construcción, valoradas en 300 millones de euros. La primera ya ha sido entregada. Algo que sirve para justificar a medias un muelle de 363 metros -como en la base de Yibuti- para una armada tan exigua que solo disponía de patrulleras.
Más bien parece hecho a medida de la armada china, cuyos buques amarraban allí desde antes de la inauguración oficial. No obstante, después de esta, en 2025, los dos primeros barcos de guerra que recibió Ream fueron japoneses. Les siguió el USS Cincinatti. Phnom Penh dijo que cualquier país amigo sería bien recibido. Eso sí, con buques de tonelaje inferior a 20.000 toneladas, lo que excluye a cualquier portaaviones, tanto estadounidense como chino.

Cabe recordar que, en paralelo a la guerra de Vietnam, EE.UU. mantuvo una guerra encubierta contra las fuerzas comunistas en Laos en los años setenta, utilizando como mercenarios a los hmong, una de las minorías del país. Ban Keun era entonces una pista de aterrizaje clandestina con el nombre en clave Lima Site 44, utilizada por la aerolínea de la CIA, Air America. Esta era heredera Civil Air Transport (CAT), que había cumplido objetivos similares bajo la misma dirección. Por ejemplo, en apoyo a las tropas del Kuomintang que, derrotadas en el sur de China por los comunistas, se habían instalado en el norte de Birmania. Donde pronto multiplicaron el tráfico de opio, dando origen al Triángulo de Oro.
Cabe señalar que la base naval de China en Yibuti, a las puertas del mar Rojo, es de su exclusiva competencia, a diferencia de las dos citadas. Eso sí, a escasos kilómetros, dentro de las mismas fronteras de Yibuti, hay también bases exclusivas EE.UU., Francia, Italia y Japón. Estas últimas observarían con recelo el desembarco masivo por parte de China de equipos altamente sofisticados de rastreo y espionaje. Guerra electrónica, en definitiva, puesto que el Ejército Popular de Liberación no ha librado otra desde hace más de cuarenta años.
Bases compartidas
China amplía y moderniza las instalaciones clandestinas que
China ocupa, amplía y moderniza instalaciones militares creadas por el ejército estadounidense en Camboya y Laos. Dando fe de los reflujos del poder en el sudeste asiático. EE.UU. mandó mucho -y bombardeó mucho- en Camboya pero lo hizo durante aún más tiempo en el soñoliento Laos. Hasta que sus presagios se cumplieron y la conquista comunista de Vietnam del Sur derrumbó, como fichas de dominó, a los otras dos piezas de la antigua Indochina francesa.
El régimen personalista de Hun Sen -y su hijo Hun Manet- en Camboya hace tiempo que escondió la hoz y el martillo para conservar las riendas de todo lo demás. Hoy juegan todas las cartas y hasta figuran en la Junta de la Paz de Donald Trump. Laos, en cambio, confraterniza políticamente con el Partido Comunista de Vietnam y económicamente con la República Popular de China.
Trump no ganó puntos en Laos con la deportación de un inmigrante laosiano desde Estados Unidos a una cárcel de alta seguridad en Eswatini. Phone Chomsavanh, un exconvicto que ya había cumplido su pena en EE.UU., ha logrado regresar desde aquel rincón de África -el único que reconoce a Taiwán- apenas esta semana, quince meses después.
Pero hay quien quiere ver un futuro signo de apertura en la elección de un nuevo primer ministro en Laos. Saleumxay Kommasith vivió en Australia y además de inglés habla ruso y francés. Sobre todo, sus 57 años contrastan con los casi 80 del presidente, Thongloun Sisoulith, el verdadero hombre fuerte desde hace un lustro y que en su día fue también primer ministro. Kommasith fue elegido el lunes de forma unánime por los 158 diputados de la Asamblea Nacional. Esta pasará a ser presidida por su predecesor en el cargo, Sonexay Siphandone. Las cosas de Laos van despacio. Ni siquiera la línea de tren de alta velocidad promovida por China ha conseguido animar algo parecido al progreso textil de Camboya o la fiebre industrial de Vietnam. En sus junglas menos defoliadas, el insecto palo sigue impartiendo lecciones de supervivencia, haciéndose el muerto, confundido con el paisaje.

Jordi Joan Baños
Corresponsal de 'La Vanguardia' en Bangkok
Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.
Etiquetas
Mostrar comentarios
Fonte: Portada