Por Xavier Ayén Pasamonte — Portada

Xavier Ayén Pasamonte

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Freud no conoció el amor 04/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

En los cenáculos literarios todavía se recuerda el varapalo que le atizó en el 2010 el filósofo francés Michel Onfray a Sigmund Freud en su biografía Freud. El crepúsculo de un ídolo, donde lo retrataba –en un discurso que contenía un buen número de verdades, aunque acaso poco matizadas– como un cocainómano que ideó un método para extraer dinero a mansalva de la burguesía vienesa.

El Nobel J.M.Coetzee desvela su comportamiento marital en ‘Freud y el matrimonio’

Ahora es el Nobel J.M.Coetzee quien, en Freud y el matrimonio –librito recién publicado por Debate que recoge una conferencia impartida en un congreso sobre psicoanálisis–, con muy buenas maneras y desde el máximo respeto, impugna no las teorías de Freud sino nada menos que… su comportamiento marital.

 
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Recuerda Coetzee que el joven Sigmund, “que en general no caía demasiado bien a la gente”, rivalizó con un músico y con un pintor por el noviazgo con Martha Bernays. “Nosotros (los científicos) –se lamentaría más adelante– sabemos que ellos (los artistas) poseen una llave maestra con la que abrir el corazón femenino, mientras que nosotros nos quedamos mirando la extraña configuración de la cerradura”.

A pesar de lo cual, el doctor Freud salió victorioso de la pugna y, a partir de ahí, ejerció un férreo control sobre su esposa, a la que le pidió conocer todos sus secretos, con reciprocidad: cada uno llevaría un diario íntimo donde lo contaría todo y, de vez en cuando, se los intercambiarían. Según algún biógrafo, este juego dictado por el marido acabó socavando la autonomía y el espíritu crítico de Martha. “Creeré que me amas de verdad cuando hayas asumido mi manera de ver las cosas”, le dijo Sigmund.

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A pesar de que, aparentemente, aquel fue un matrimonio exitoso, Coetzee recuerda que, tras el nacimiento de su sexto hijo, optaron por la abstinencia sexual y señala también que –en un caso de monogamia poco común– Freud no se dejó arrebatar por la pasión a pesar de ser perseguido por numerosas fans. En una carta de 1915, Freud escribió: “Apoyo una vida sexual infinitamente más libre, aunque personalmente haya hecho poco uso de ella” (es decir, ninguno, apostilla Coetzee).

La acusación que le arroja el Nobel sudafricano, que se confiesa decepcionado con el autor, es la de ser incapaz de amar de verdad, de no saber comprender lo trascendente del hecho amoroso y aliarse con Martha de una manera si se quiere pragmática, pero que los aisló del mundo y asfixió su crecimiento espiritual, emocional y erótico: “Si en sus escritos tiene poco interesante que decir acerca del matrimonio es porque no supo entender las oportunidades para el crecimiento que le ofrecía el suyo propio”.

Xavier Ayén Pasamonte

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Redactor jefe de Cultura. Autor de libros como ‘Aquellos años del boom’ o ‘Planeta Nobel’. Autor de varios documentales de temas literarios

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