Una nueva denuncia reabre la investigación por violación en grupo en la Universidad de Cornell y evidencia fallos en la gestión del caso
Por Andrés Gil — eldiario.es – eldiario.es

Una denunciante declaró a los investigadores de Cornell (Nueva York) que “se sentía como una presa” durante la presunta violación en grupo de 2024. “¿En qué mundo la policía se enteraría por la víctima de que había sido violada en grupo y no informaría de esas acusaciones al fiscal?”, se ha preguntado este viernes la gobernadora de Nueva York
“Como una presa”. Una mujer que denuncia haber sido víctima de una violación en grupo en una fraternidad de la Universidad de Cornell declaró el año pasado a los investigadores de la institución que “se sentía como una presa”, ya que los agresores eran “como leones a mi alrededor”, según constan en los expedientes de la investigación disciplinaria de la universidad, informa AP.
Los documentos, de los que informa este viernes The Associated Press, incluyen extractos de las entrevistas que los investigadores de Cornell realizaron a la mujer y a los hombres a los que acusó, y arrojan más luz sobre la gestión del caso por parte de la universidad.
Aunque están muy censurados, los expedientes ofrecen una cronología más completa, aunque a veces contradictoria, de los hechos y permiten vislumbrar cómo respondieron los hombres a las acusaciones.
La mujer, identificada en los documentos judiciales únicamente como Jane Doe, presentó una demanda civil el 18 de septiembre contra Cornell y siete antiguos estudiantes, alegando que le administraron ketamina y que fue agredida repetidamente en una residencia de una fraternidad en octubre de 2024. Tras la denuncia, la Fiscalía ha decidido reabrir una investigación, pese a haber rechazado hacerlo cuando tuvieron lugar los hechos, en octubre de 2024.
La mujer acudió a la policía del campus tres semanas después del suceso y ofreció un relato detallado de lo ocurrido, pero el fiscal del distrito local decidió no presentar cargos penales ni impulsar una investigación más exhaustiva tras analizar un resumen policial de su declaración.
Solo prosiguió la investigación de la universidad, en virtud de la ley federal Título IX –ley federal de derechos civiles, de 1972–, con el objetivo de determinar las medidas disciplinarias para los estudiantes implicados.
Demanda de uno de los acusados
Esta semana, el abogado de uno de los hombres acusados ha presentado documentos de la investigación de la universidad en el marco de una demanda que pretende anular la sanción impuesta por el centro universitario y eliminarla de su expediente académico.
Entre ellos, se incluye un informe de 99 páginas sobre las conclusiones disciplinarias de un comité de audiencia del campus y un resumen de los hechos presentado por los abogados de la universidad.
Aunque solo representan una fracción de las miles de páginas recopiladas en la investigación, los documentos muestran el alcance de la investigación de la universidad, que incluyó 50 entrevistas a 32 testigos y 12 días de vistas.
A última hora de este jueves, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, nombró a la fiscal general, Letitia James, fiscal especial para dirigir una nueva investigación penal, alegando que había perdido la confianza en el fiscal del condado de Tompkins, Matthew Van Houten.
La decisión de Hochul ha sido duramente criticada por Donald Trump, quien está enfrentado con James: la fiscal general de Nueva York ganó un juicio civil por fraude contra Donald Trump en 2024.
“¿En qué mundo la policía se enteraría por la víctima de que había sido violada en grupo y de que ella creía 100% que había sido violada, y no informaría de esas acusaciones al fiscal?”, se ha preguntado este viernes Hochul en una rueda de prensa sobre el caso. La gobernadora declaró estar “profundamente consternada” por cómo la policía manejó el caso y tildó de “fracaso” que hayan enviado un “expediente parcial”.
Según dijo, pese a que la víctima “no pudo haber sido más clara al afirmar que estaba segura de haber sido violada”, no se incluyeron esas palabras en la información que trasladó la policía del campus de Cornell a los fiscales. “No permitiré que nadie oculte este caso”, aseveró Hochul.
Según los documentos del Título IX presentados ante el tribunal, que solo constituyen una parte de toda la investigación, la mujer y varios de los hombres ofrecieron a los investigadores versiones similares sobre el consumo de drogas y las relaciones sexuales que tuvieron lugar en la residencia de la fraternidad Chi Phi, pero difirieron notablemente en cuanto a qué parte de ello fue consentido.
Mensajes de Snapchat
La mujer había sido invitada a la residencia por un miembro de la fraternidad por el que desde hacía tiempo se sentía atraída, según las conclusiones del comité disciplinario. El comité determinó que, en un principio, ella consintió mantener relaciones sexuales con ese hombre y con uno de sus amigos, aunque posteriormente alegó en su demanda que la habían presionado para que consumiera ketamina, marihuana y alcohol, y que estaba demasiado intoxicada para dar su consentimiento.
Entonces empezaron a aparecer otros hombres en la habitación, algunos atraídos por un mensaje que uno de los miembros de la fraternidad envió a un grupo de Snapchat a la 1:42 de la madrugada utilizando un término vulgar para anunciar que el cuerpo de una mujer estaba a disposición de quien quisiera. Más tarde, otra persona del chat preguntó si la “tienda” seguía abierta.
La mujer declaró a los investigadores que su estado de embriaguez la había dejado parcialmente indefensa. Dijo que recordaba haber fumado marihuana y que sabía que había tomado ketamina —era la primera vez que lo hacía—, pero que no tenía un recuerdo claro de ello. La droga, según explicó, la dejó en un estado de “conciencia difusa”.
“Pareces una persona en pleno funcionamiento”, declaró a los investigadores de la universidad en una vista celebrada en mayo de 2025: “No pareces muerta ni dormida necesariamente. Así que las luces están encendidas, pero no hay nadie en casa. Tu cerebro no está funcionando a su nivel adecuado”.
La denunciante también afirmó que algunos de los hombres esnifaron drogas sobre su cuerpo desnudo: “Me sentí como una presa. Sentí que había leones a mi alrededor. Simplemente, era una situación totalmente abrumadora”.
Uno de los hombres a los que la mujer acusó de esnifar drogas de su cuerpo —aunque no de participar en otros aspectos de la agresión— desmintió su versión. Le dijo a los investigadores que estuvo en la habitación no más de cinco minutos y que no fue allí con fines sexuales: “Esa no era nuestra intención en absoluto. Solo estábamos comprobando si todo iba bien”.
Insistió en que no vio a la mujer desnuda en ningún momento —estaba cubierta por las sábanas, según él— y que no participó en el consumo de drogas. Dijo que se sentó en un sofá y charló unos minutos, y que luego se marchó después de que tanto la mujer como otro hombre que se encontraba allí indicaran que estaban bien.
Posteriormente, un comité disciplinario de Cornell lo exoneró de las acusaciones de agresión sexual o explotación, pero lo declaró responsable de intento de explotación sexual porque no creyó su afirmación de haber acudido a la habitación por motivos altruistas, informa AP.
El miembro de la fraternidad, que está impugnando el proceso disciplinario de Cornell ante los tribunales, también publicó un mensaje en la conversación de Snapchat en el que afirmaba que lo que estaba ocurriendo en la habitación no era una broma, y añadió: “Lo digo de primera mano, ni un poco”.
Según la versión de Cornell, el estudiante declaró posteriormente a los investigadores que no recordaba haber enviado el mensaje.
Penas más severas
En su demanda, Jane Doe acusa a dos de los otros hombres que entraron en la habitación de realizar actos sexuales con ella sin su consentimiento, mientras se encontraba parcialmente incapacitada. Y acusa a otro hombre de besarla sin su consentimiento.
Según los documentos del Título IX, Jane Doe declaró a los investigadores que otros dos hombres se quedaron de pie a los pies de la cama comportándose “más como voyeurs que como otra cosa”.
La demanda pretende que los siete hombres sean considerados responsables de violación. Ella solicita una indemnización por daños y perjuicios sin especificar.
Cornell no ha detallado los resultados de su investigación, pero ha afirmado que esta dio lugar a la expulsión de algunos estudiantes.
Al hombre que presentó la demanda impugnando su sanción se le permitió permanecer en Cornell, pero se le ordenó mantenerse alejado de la mujer, asistir a un curso sobre acoso sexual e intervención de testigos, y redactar un trabajo en el que reflexionara sobre las circunstancias de las que se le consideró responsable e incluyera una propuesta para formar a otros estudiantes en la prevención del acoso sexual.
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