Matinée en Embajadores con ‘La bola negra’
Por Julio Antonio Hurtado Diaz — Portada
Matinée en Embajadores con ‘La bola negra’
Cine
El primer pase, a las 11.45 h, de la esperada película de Javier Calvo y Javier Ambrossi despierta expectación

Javier y sus amigos se hacen una selfie delante del carte de ‘La bola negra’
Gustavo Valiente / STUDIOMEDIA19

25/09/2026 16:49 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
“Encuéntrame en la matinée, en la oscuridad de la matinée, es mejor en la matinée”, dicen los escoceses de Franz Ferdinand en una de sus canciones más famosas. Y eso es lo que han debido de pensar las decenas de personas que han acudido a los cines Embajadores para ser los primeros en ver La bola negra.
“Es la primera vez, exceptuando las sesiones de Cine Teta, pensado para que vayan madres con niños de pecho, que programamos una película por la mañana, pero la ocasión lo valía, porque hemos apostado muy fuerte por esta peli. Siempre apoyamos al cine español e independiente y el culmen de la producción española, a la altura de cualquier película internacional, es La bola negra, de los Javis”, explica Javier López, gerente de los cines Embajadores, nacidos en el 2020, en plena pandemia, en el barrio de la Arganzuela de Madrid.
Y a fe que la iniciativa ha tenido éxito, porque a las 11, con las persianas todavía bajadas, hay ya gente esperando en la puerta. Fernando y Blanca ni siquiera buscan entrada para la sesión matinal, porque tienen una reservada por internet para la tarde, pero quieren asegurarse de obtenerla en papel, por si las moscas, y allí están, los primeros. “Nos interesa esta película por su temática, por ver cómo trata la homosexualidad en unos tiempos en los que era tabú y te fusilaban”, cuentan.
“Hemos visto lo que han hecho los Javis hasta ahora. Nos gusta su trabajo y en esta película, además, está la figura de Lorca, que nos interesa mucho, igual que lo que pasó en la Guerra Civil”, relatan Yaiza, onubense que vive en el sur de Alemania, e Isabel, una colombiana residente en España. No tienen entrada y están ansiosas por saber si conseguirán ver La bola negra en el primer pase, algo que, confiesan, no han tenido en cuenta. “Ha coincidido que la estrenaban y nos ha apetecido verla”.
Han tenido suerte, porque las dos salas que proyectaban la película tenían localidades vacías para un público que, aunque pueda sorprender un viernes por la mañana, no está formado por jubilados, sino por personas bastante jóvenes. “Es que estamos en paro y si nos descuidamos nos desahucian”, dice sarcástica Alicia, que ha ido con un grupo de amigos y no puede reprimir las críticas a lo sucedido con Maricarmen, la octogenaria desalojada de su casa por un fondo inversor.
“Ha hecho noche aquí para ser el primero”, bromea Serafín, en el mismo corro, sobre Javier, que lleva días ansiando ver la película de Javier Ambrossi y Javier Calvo. “Él es el tercer Javi”, tercia Nuria, también entusiasmada y expectante. “Hemos venido a este cine porque la gente en este barrio es muy respetuosa con la película y no hay risitas ni cuchicheos. En otros cines, igual hay público que va porque es la peli del año y toca verla”, analizan sintiéndose afortunados.

A Bea e Irene lo que les llama la atención, aseguran, es saber cómo los directores van a transformar el universo de Federico García Lorca -poeta y dramaturgo por el que sienten verdadera devoción-, tan rico en metáforas, tan lírico, en imágenes, porque La bola negra, como argumentan los Javis, es un viaje emocional que aspira a que el espectador salga de la sala transfigurado, siendo otro, y que hasta las calles se vean distintas.

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Y, efectivamente, la película deja una huella en gran parte del público que tardará en desdibujarse. “Me ha encantado. Es una obra de arte. Estoy deseando verla de nuevo cuando la pasen en Alemania. Saber más de la historia, investigar un poco. La escenografía, la paleta de colores, todo me parece muy bello”, dice Yaiza a la salida, tras las más de dos horas de proyección.
“Ha superado las expectativas con creces. No recuerdo cuánto tiempo hacía desde que una película me hizo sentir tantas ganas de llorar, incluso en las escenas aparentemente más cómicas”, describe, con los ojos vidriosos, Serafín, que se ha emocionado sobre todo con las imágenes en blanco y negro de Lorca, justo lo que, tal vez, menos le ha gustado a su amigo Javier.
“Este viaje va a crecer dentro de mí, porque hay cosas que dejan su sello cuando pasan, como una herencia”, reflexiona este último, que elogia el trabajo de los actores y la “brillante” dirección de arte y que, por poner alguna pega, cree que la música en algunos momentos está demasiado alta y resulta algo épica y que esa “manía de los cameos”, que los Javis, apunta, han tomado de Pedro Almodóvar, “despista” un poco. “Pero los cinco minutos de Penélope Cruz son mágicos”, sentencia, y sus cuatro amigos le dan la razón en esto: “Esa escena está bordada y los diálogos son buenísimos”.

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La metáfora del arado que va abriendo y labrando la tierra, removiendo viejas raíces, y que de repente se para porque topa con un mosaico griego, piedras antiguas que hay que interpretar, que los Javis ponen en boca del actor que interpreta a Lorca, es la que mejor resume las sensaciones de los espectadores. “En cualquier familia española, si escarbáramos, se encontrarían historias parecidas”.

Julio Hurtado
Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid
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