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El gran desafío de la crisis de Ceuta

Lectores Expertos

Los límites que este episodio ha mostrado no están hechos de piedra ni aparecen en mapas, son los que aún trazamos entre funciones que organizamos por separado, aunque su eficacia dependa de que actúen juntas

Miles de jóvenes marroquíes cruzaron la valla de Ceuta.

Miles de jóvenes marroquíes cruzaron la valla de Ceuta.

Reduan Dris / EFE

Juncal Fernández-Garayzábal González

Nueva York (EE.UU.)

25/09/2026 05:30 Síguenos en Google

* La autora forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia

El muro de Adriano comenzó a construirse en el año 122 d. C. Casi ciento veinte kilómetros de murallas, fuertes y puestos de vigilancia destinados a proteger la frontera septentrional de Britania. Dos mil años después, sigue siendo una de las imágenes más reconocibles de lo que entendemos por frontera.

Pero los romanos ya sabían que no bastaba con levantar una muralla. Su funcionamiento dependía de una red de comunicaciones, guarniciones y sistemas de vigilancia que se extendía mucho más allá de la piedra. Y, sin embargo, seguimos hablando de reforzar las fronteras como si la seguridad dependiera fundamentalmente de la solidez de sus barreras.

El 22 de septiembre, 53 días después de la crisis, Pedro Sánchez reconoció que durante la entrada masiva en Ceuta de los días 30 y 31 de julio falló el mecanismo marroquí de control fronterizo y que España ha pedido explicaciones y medidas a Rabat. Es razonable hacerlo. Pero si el análisis termina ahí, habremos entendido sólo la primera parte de lo que ocurrió. El fallo se produjo en la frontera, pero sus consecuencias no respetaron ninguna frontera administrativa.

En apenas 48 horas entraron en Ceuta unas 80.000 personas. De repente, lo que sobre el papel clasificamos en compartimentos diferentes (control migratorio, identificación, acogida, asistencia sanitaria, protección de menores, orden público, inteligencia y lucha antiterrorista) tuvo que funcionar como lo que realmente es cuando llega una crisis: un único ecosistema de seguridad.

España sabía que la presión estaba aumentando. La documentación conocida posteriormente muestra que existieron advertencias previas y seguimiento de los movimientos hacia Ceuta. Por tanto, reducir lo ocurrido a un fallo de inteligencia sería tan cómodo como incorrecto.

El fallo se produjo en la frontera, pero sus consecuencias no respetaron ninguna frontera administrativa

Tampoco desaparecieron de repente nuestras capacidades de seguridad. Cambiaron las condiciones en las que debían funcionar y la presión que unas comenzaron a ejercer sobre otras

Una base de datos policial sirve de poco si no se puede identificar a la persona cuyo nombre contiene. Un sistema de identificación pierde eficacia si debe procesar en horas un volumen para el que no está dimensionado. Y cuando los recursos disponibles deben atender simultáneamente una emergencia humanitaria, mantener el orden público y garantizar el control fronterizo, las dificultades de un ámbito repercuten inevitablemente en los demás. Ninguna de estas funciones opera de manera aislada, por mucho que las competencias administrativas sugieran lo contrario.

Jóvenes marroquíes superando la valla de Ceuta. 
Jóvenes marroquíes superando la valla de Ceuta.  Reduan Dris / EFE

Los casos de personas con antecedentes relacionados con el yihadismo localizadas en Ceuta después de la entrada masiva ilustran bien este problema. La información sobre sus antecedentes existía, pero utilizarla requería identificar a esas personas en un contexto en el que los mecanismos de identificación estaban sometidos a una presión extraordinaria. No hay pruebas de que se tratara de una operación organizada de infiltración terrorista. Estos casos muestran, en cambio, hasta qué punto la capacidad antiterrorista depende también del funcionamiento de otros sistemas. Eso es interdependencia operativa.

Reducir lo ocurrido en Ceuta a un fallo de inteligencia sería tan cómodo como incorrecto

Y obliga a hacerse una pregunta bastante más incómoda que la de cuántos policías, plazas de acogida o medios de vigilancia hacen falta después de Ceuta: ¿estamos reforzando los componentes de un sistema sin prestar suficiente atención a las relaciones que determinan su funcionamiento conjunto?

Porque esa es una tentación muy administrativa. Si falla la frontera, reforzamos la frontera. Si se desborda la acogida, aumentamos la acogida. Si aparecen problemas de identificación, reforzamos los mecanismos de identificación. Si existe una preocupación de seguridad, movilizamos recursos policiales. Todo ello puede ser necesario. Pero un sistema complejo no es simplemente la suma de sus componentes.

La cooperación con Marruecos es un buen ejemplo. No constituye una anomalía que España deba superar, sino una realidad geográfica y estratégica que ha producido resultados importantes también en materia policial y antiterrorista. Ceuta no demuestra que España deba aspirar a prescindir de ella. La cuestión es qué ocurre en el resto del ecosistema cuando uno de sus pilares deja temporalmente de producir el resultado esperado y si los mecanismos de contingencia permiten preservar las demás funciones mientras se restablece su capacidad operativa.

Integrar operativamente no significa fusionar competencias. Mucho menos convertir la gestión migratoria en política antiterrorista o subordinar las obligaciones de protección a objetivos de seguridad. Los derechos fundamentales, la protección de menores, el control migratorio y la lucha antiterrorista tienen obligaciones, instrumentos y límites jurídicos propios, que la coordinación debe preservar.

La integración que Ceuta obliga a plantearse es otra: diseñar cada una de esas capacidades sabiendo de cuáles depende y cuáles dependen de ella. Porque el objetivo no es que todas hagan lo mismo. Es conseguir que, cuando una queda sometida a una presión extraordinaria, las demás puedan seguir haciendo lo que sólo ellas deben hacer.

Hay que diseñar cada una de las capacidades sabiendo de cuáles depende y cuáles dependen de ella

El muro de Adriano sigue en pie, al menos en parte, casi dos mil años después. Pero los límites que Ceuta ha puesto de manifiesto no están hechos de piedra ni aparecen en los mapas. Son los que seguimos trazando entre funciones que organizamos por separado, aunque su eficacia dependa de que actúen conjuntamente. El desafío no consiste únicamente en reforzar cada una de ellas, sino en dejar de diseñarlas como si pudieran funcionar solas.

* Juncal Fernández-Garayzábal es doctora por la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), con especialización en migraciones internacionales. Su trayectoria investigadora y profesional se ha centrado en la relación entre migraciones y seguridad, particularmente en el fenómeno de los combatientes terroristas extranjeros. Dirige programas financiados por el Gobierno de Estados Unidos dedicados a la prevención del extremismo violento, la lucha antiterrorista y la reintegración de combatientes terroristas extranjeros. Actualmente trabaja en el Counter Extremism Project (CEP).

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