Por Lluís Foix CarnicéPortada

Lluís Foix Carnicé

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El avance del autoritarismo 23/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Cunde la idea de que las autocracias son más eficaces que las democracias. Hay más fascinación por China que por Estados Unidos. Recuerdo una inscripción repetida en las paredes de Pekín y atribuida a Deng Xiaoping, el gran transformador de la China de hoy, que decía que “el tiempo es dinero y la eficiencia es vida”.

Dibujaba una idea que ha acompañado la prosperidad china en los últimos cuarenta años que podría resumirse en que hay que aceptar la lógica de mercado en un país que seguía siendo gobernado por un partido comunista que contaba con más de ochenta millones de afiliados.

El “gran salto adelante” fue un eslogan maoísta, pero el gran transformador de la China moderna fue Deng Xiaoping. En otra visita al país un primero de octubre se podían ver las gigantescas fotografías de los cuatro barbudos, como los designaba un colega británico, que garantizaban la autenticidad del régimen. Se trataba de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Ninguno de ellos era chino.

  
   Mark Schiefelbein / Ap-LaPresse

Mao Zedong estaba y está en una fotografía de 1949 en el gran dintel a la entrada de la Ciudad Prohibida, pero no mezclado con los cuatro barbudos que se considera que son los ideólogos y ejecutores del marxismo primigenio. Seguí desde Washington la histórica visita de Richard Nixon a China en febrero de 1972. Fue uno de los grandes acontecimientos diplomáticos de la guerra fría, preparado secretamente por el astuto Henry Kissinger.

Nada hacía presagiar que aquel país de labriegos, pobres y víctimas de la sangrienta Revolución Cultural maoísta llegaría a rivalizar con Estados Unidos y con Europa en los campos de la economía, la tecnología, la defensa y el comercio. Trump ha establecido una extraña relación amistosa con la Rusia de Putin, más preocupado por las guerras que le permitan recuperar el imperio perdido.

Pero tiene pavor y respeto por el avance imparable de China en pugna por la hegemonía global. Se está barajando el concepto de la trampa de Tucídides, popularizada por el politólogo Graham Allison, que advierte del riesgo de conflicto entre una potencia emergente y una potencia dominante. La metáfora parte de la guerra del Peloponeso de hace 2.500 años en la que el ascenso de Atenas y el miedo que infundió en Esparta hizo inevitable la guerra.

En las democracias ha cundido la idea del choque hostil como forma natural de hacer política

El autoritarismo chino y el ruso, desde distintas perspectivas, ha penetrado en las democracias liberales, donde se ha extendido la idea de la confrontación como forma natural de hacer política.

El movimiento MAGA penetra en Europa en la mayoría de las elecciones democráticas. Con la idiosincrasia de cada país grande o pequeño. Avanzan y pretenden no solo cambiar el sistema norteamericano sino arrastrar a otras naciones para desmantelar definitivamente el régimen liberal, practicado en las democracias después de la guerra.

Europa es un reducto de libertades, de contradicciones y de la preservación del derecho que debe proteger a todos y muy especialmente a los más débiles.

Los mecanismos de corrección a los posibles abusos del poder ejecutivo de los gobiernos están en la justicia solvente y en los medios de comunicación independientes. El día que estos dos pilares dependan directa o indirectamente de los jefes de gobierno, el populismo autoritario, de derechas o de izquierdas, se extenderá por las democracias que, con todos sus defectos y errores, han hecho que Europa y Occidente vivieran en paz durante más de ochenta años.

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Y es precisamente esta “pax europea”, con su variante social y el respeto al otro, lo que molesta más al autoritarismo que se practica en las dictaduras y que es como un canto de sirenas para muchos ciudadanos de países democráticos que prefieren el orden, la fuerza y la seguridad del dinero que administrar la complejidad y el equilibrio de los intereses contrapuestos de los ciudadanos, tal como definía la política el sabio Solón de Grecia, que no pretendía eliminar los conflictos, sino impedir que las diferencias sociales y económicas destruyeran la comunidad política.

Los políticos pocas veces gozan de prestigio. Pero sin política es imposible la convivencia y el progreso. Cualquier dirigente democrático es reemplazable ipso facto. Solo los autócratas pretenden salir con los pies por delante.

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