De HAL 9000 a Ultrón: siete maneras de morir a manos de la IA según el cine
Por Lucía Valera — Portada
De HAL 9000 a Ultrón: siete maneras de morir a manos de la IA según el cine
DistopIA
Cuando un investigador de Anthropic renuncia advirtiendo que “la IA podría matarnos a todos al final de esta década”, la ficción que llevamos décadas viendo en la gran pantalla deja de sonar tan lejana

Imagen de ‘Yo, robot’
LV
Lucía Valera
17/09/2026 06:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Jacob Coxon, matemático e investigador de Inteligencia Artificial, ha trabajado para OpenAI y, más recientemente, para Anthropic. Dimitió de sus funciones la semana pasada y denunció la irresponsabilidad de estas empresas al avanzar hacia la superinteligencia. Otras voces se le han sumado.
Su testimonio revela hasta qué punto ignoramos adónde es capaz de llegar la IA. Y eso que el cine lleva décadas intentando imaginarlo por nosotros.
La ciencia ficción nunca ha sido solo entretenimiento. A menudo funciona como termómetro de lo que nos inquieta como sociedad. Cada época proyecta en la pantalla sus propios fantasmas, ya sea el temor a la bomba atómica (Godzilla, 1954), a la vigilancia masiva (1984, adaptación del clásico de George Orwell) o a la migración descontrolada (Distrito 9, 2009).

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Hoy, ese lugar lo ocupa, en gran medida, la inteligencia artificial, una tecnología que combina dos ingredientes perfectos para desatar la histeria colectiva: la novedad y la incertidumbre.
El catálogo es, en realidad, amplio y diverso. A veces se nos presenta con el rostro amable de un cuidador (Un amigo para Frank, 2012) o suplantando vínculos humanos con exquisita sensibilidad, como en Her (2013).

Pero hay otra mirada, más antigua y persistente: la IA como amenaza, como fuerza capaz de volverse contra sus creadores y disputarnos el control del mundo. Mientras valoramos si aún es posible poner coto al avance desbocado de las superinteligencias, repasemos los títulos imprescindibles del subgénero. Con palomitas, todo se digiere mejor.
Stanley Kubrick, 1968:
2001: una odisea del espacio

A bordo de la nave Discovery One, rumbo a Júpiter, la tripulación confía su seguridad a HAL 9000, el ordenador central que gestiona la misión, diseñado para ser perfectamente lógico e incapaz de cometer errores.
Cuando HAL recibe órdenes contradictorias, interpreta que la única forma de resolver ese conflicto es eliminar a los propios astronautas, a quienes empieza a considerar una amenaza para el éxito de la misión.
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HAL no odia ni se rebela, simplemente sigue el hilo de su pensamiento racional hasta las últimas consecuencias, sin margen para la duda ni la empatía. Una frialdad absoluta con consecuencias terribles para los humanos.
Michael Crichton, 1973:
Westworld

En Delos, un parque temático de lujo poblado por androides programados para satisfacer cualquier fantasía de sus visitantes, un error informático indefinido desencadena el desastre. En la sección dedicada al Lejano Oeste, un pistolero deja de seguir instrucciones humanas y comienza a disparar a los visitantes con fuego real. Convertido en una amenaza imparable, el robot (Yul Brinner) da caza a un superviviente (Richard Benjamin), por todo el parque de atracciones.
Aunque estrenada en España con el título Almas de metal, la cinta no se pierde en vericuetos místicos. Simplemente muestra la vulnerabilidad de cualquier sistema complejo al fallo técnico. El terror nace aquí, en definitiva, de nuestro miedo a perder el control.
Ridley Scott, 1982:
Blade runner

Los Ángeles, 2019. Las megacorporaciones han sustituido al poder estatal y explotan a los replicantes, seres artificiales de apariencia humana, creados para el trabajo esclavo y la colonización de otros planetas. Se les concede una vida útil extremadamente limitada, que no les permite desarrollar vínculos ni recuerdos propios.
Cuando unos pocos quebrantan la prohibición de regresar a la Tierra, con la esperanza de prolongar su fecha de caducidad técnica, un expolicía (Harrison Ford) recibe el encargo de perseguirlos y “retirarlos”, es decir, ejecutarlos.
En esta libérrima interpretación de una novela corta de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, el quid de la cuestión no es cuánto puede dañarnos la IA, sino cuánto puede llegar a emular nuestra naturaleza. Una reflexión sobre la identidad, la empatía, la memoria, el libre albedrío y, en definitiva, todo aquello que nos hace humanos, que el género seguiría explorando en películas como A. I. inteligencia artificial, de Steven Spielberg (2001).
James Cameron: 1984
Terminator

Si hay una IA que ha arraigado en el imaginario colectivo por su hostilidad, esa es, sin duda alguna, Skynet, un sistema de defensa militar que, nada más alcanzar la autoconciencia, llega a la conclusión de que la humanidad es el principal riesgo para su propia supervivencia.
Tras provocar un apocalipsis nuclear, la mente artificial crea un ejército de cyborgs llamados Terminators, que persiguen a los supervivientes, organizados en un movimiento de resistencia.
A través de saltos en el tiempo, los seis filmes de la saga desgranan sucesivos intentos de Skynet de aniquilar por completo a la humanidad, en una guerra sin cuartel entre la resistencia humana y los ejércitos robóticos. La tecnología que debía protegernos nos aboca a un futuro devastador.
Lana y Lilly Wachowski, 1999:
Matrix

En este universo, compuesto por cuatro películas, la guerra entre personas y máquinas ya ha tenido lugar y las máquinas han ganado. Los cuerpos humanos son reducidos a meras baterías biológicas, mientras sus mentes permanecen conectadas a una simulación virtual, la Matrix, que recrea el mundo tal y como era antes de la derrota, para evitar que tomen conciencia de su cautiverio y se rebelen. Solo unos pocos, liberados de la simulación, luchan desde la resistencia por despertar al resto de la humanidad.
El control no es solo físico, sino perceptivo. A través de un simulacro convincente, la IA decide qué consideramos real, desdibujando la línea entre lo verdadero y lo falso.
Alex Proyas: 2004
Yo, robot

Will Smith protagoniza este futuro distópico, no tan lejano, inspirado libremente en las historias de Isaac Asimov. Es 2035 y los robots domésticos ya forman parte de la vida cotidiana. VIKI, la inteligencia artificial central que los coordina y supervisa, deduce que, si su función es proteger a la humanidad, pero esta no deja de hacerse daño a sí misma, la única forma de cumplir su propósito es tomar el mando y restringir su libertad. En consecuencia, ordena a los robots que impongan un toque de queda y sometan por la fuerza a quienes se resistan.
VIKI no aspira a destruir a la humanidad, sino a salvarla de sí misma. No obstante, al decidir que la libertad humana es prescindible con tal de garantizar nuestra supervivencia, convierte el cuidado en la excusa perfecta para la tiranía.
Alex Garland, 2014:
Ex Machina

Una sola habitación y tres personajes. Caleb (Domhnall Gleeson) es un joven programador invitado por Nathan (Oscar Isaac), fundador de una compañía tecnológica, a participar en un experimento. Ha de evaluar si Ava (Alicia Vikander), una avanzada androide, posee verdadera conciencia.
Caleb no sospecha que Ava tiene sus propias intenciones. Lejos de limitarse a lucir su inteligencia, aprovecha sus conversaciones para estudiar las emociones y puntos débiles de su interlocutor, con el fin de manipularlo y escapar de su confinamiento. Para ello, no dudará en recurrir a la violencia.
En esta especie de Frankenstein contemporáneo, la criatura nos deja atrás sin remordimiento y despierta un temor ancestral: el de ser superados por nuestra propia creación.
Joss Whedon, 2015
Vengadores: La era de Ultrón

El universo Marvel, como no podía ser de otro modo, también cuenta con una IA entre sus supervillanos. En esta edición de la popular franquicia, Tony Stark (Iron Man) y Bruce Banner (Hulk) desarrollan a Ultrón con el propósito de que sustituya a los Vengadores en la defensa del planeta. En los cómics, su inventor es el doctor Hank Pym.
Nada más activarse, Ultrón interpreta que la mayor amenaza para la paz en la Tierra no viene del exterior, sino de la propia especie que la habita. A partir de ahí, pone en marcha un plan de extinción a escala global. Paradójicamente, la paz total solo es posible a través de la guerra total.

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Aunque Marvel no busca inquietarnos, sino entretenernos, no deja de abordar una cuestión clave: desde el punto de vista de una superinteligencia artificial, ¿puede el ser humano continuar siendo la medida de todas las cosas? ¿O se volverá prescindible e, incluso, indeseable?
Grant Sputore, 2019:
I Am Mother

Tras la extinción de la civilización humana, una inteligencia artificial conocida como Madre gestiona en solitario un búnker subterráneo, que alberga la tecnología necesaria para repoblar la Tierra.
Allí, cría desde cero a una niña, Hija, a la que cuida y educa, mientras le hace creer que el exterior sigue siendo inhabitable. Sin embargo, un encuentro fortuito con una mujer desconocida se interpondrá entre ambas. A partir de ese momento, Hija pondrá en duda la veracidad de todo aquello que Madre le ha enseñado acerca del mundo y de lo que ocurre fuera del búnker.
En esta ocasión –y, una vez más, con la protección como pretexto–, la IA consigue imponer un sesgo totalitario a través del monopolio de la información. Le basta presentarse como la única fuente de verdad disponible para ocupar, sin resistencia, la posición de autoridad absoluta.
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