Por Ignacio Martínez de PisónPortada

Ignacio Martínez de Pisón

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¿Dónde estabas entonces? 17/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

El jueves 17 de agosto del 2017 es uno de esos días que, por mucho tiempo que pase, nunca se perderá en la neblina del olvido. Fue (recordémoslo) el día del atentado de la Rambla, que se cobró la vida de dieciséis personas. Ese fue el último verano de mi madre, con la que solíamos pasar las semanas centrales de agosto en la playa. Mi hijo mayor, que había compartido unos días con nosotros, estaba ya de vuelta en Barcelona y esa tarde se había metido en un coworking no muy lejos de la Rambla. Fue él quien nos informó de que estaba ocurriendo algo grave: primero había visto correr a mucha gente despavorida y luego habían bajado la persiana del coworking y les habían obligado a permanecer allí hasta nuevo aviso.

Todavía proyectan en algunos cines Cronos, una buena película, casi documental, que reconstruye desde el punto de vista de los Mossos d’Esquadra lo ocurrido esa jornada de hace nueve años. En Cronos se ve cómo, en efecto, la policía obliga a cerrar los locales de la zona con la gente dentro. Entre los miles de agentes movilizados, algunos recorren esos locales para suministrar botellines de agua y, de paso, indagar sobre los posibles sospechosos. Un presentimiento de una agente que finalmente se demostrará erróneo provoca una escena de gran tensión dramática, con la calle tomada por tanquetas, tiradores de élite, artificieros, unidades caninas, etcétera. Mi hijo podía haber estado allí.

  
   Beta Fiction Spain / ACN

Todo esto, que el espectador de la película contempla desde el futuro (es decir, sabiendo el final de la historia), aquella tarde lo vivíamos con la incertidumbre de un presente angustioso: entonces cualquier cosa era posible, incluido el hecho de que el terrorista estuviera esperando el momento de volar el coworking, llevándose por delante la vida de mi hijo y quién sabe de cuántas personas más. El miedo (lo sabemos) es libre, y en el torbellino informativo de aquellas horas, que hizo que se dieran por ciertos no pocos bulos, la imaginación se asomaba peligrosamente al abismo del delirio.

Tampoco se me borrará de la memoria el momento en que me enteré de los atentados de Atocha, que en el 2004 acabaron con la vida de casi doscientas personas. Estaba esa mañana a punto de salir de casa para ir al aeropuerto cuando, poco después de las ocho, la radio empezó a hablar de fuertes explosiones y… Y el resto es ­historia.

Me temo que la amenaza del terrorismo yihadista seguirá condicionando nuestras vidas durante años

Ninguno de esos dos atentados se entendería sin el antecedente de las Torres Gemelas, que significó el final del sueño de los happy nineties : ¿alguien creía que el periodo de paz y prosperidad inaugurado tras la implosión del bloque soviético iba a durar eternamente? A la globalización económica de los años noventa sucedió esta globalización del terror, que en este cuarto de siglo ha golpeado Londres, París, Bruselas, Manchester, Niza o Berlín con la misma saña que Nueva York, Madrid o Barcelona. La amenaza del terrorismo yihadista ha marcado estos veinticinco años y me temo que seguirá condicionando nuestras vidas durante las próximas décadas.

En los últimos diez años (hasta el 2025), Catalunya ha sido la comunidad autónoma en la que se han producido más detenciones por delitos relacionados con el yihadismo: doscientas cuatro exactamente, muy por delante de la comunidad que le sigue en el ranking, que es Madrid, con cien detenciones. También es verdad que Catalunya acoge la mayor cantidad de marroquíes residentes en España (el 28%), con lo que la probabilidad de que se establezca algún imán radicalizado (como Es Satty, el ideólogo del atentado de la Rambla) se multiplica. ¿Qué hay de cierto en la teoría de que el pujolismo trató de favorecer la inmigración marroquí por considerarla más fácil de integrar en la lengua catalana que la latinoamericana?

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Las vueltas que da la vida: los restos de aquel nacionalismo pujolista están a punto de ser devorados por un partido también nacionalista que surgió precisamente como reacción reptiliana frente a la inmigración magrebí. Que ese partido ultraderechista haya nacido en Ripoll, cuna de varios de los terroristas de la Rambla, no puede ser casualidad. ¿Preferiría Sílvia Orriols que Pujol, en su momento, le hubiera enviado trabajadores latinoamericanos? Supongo que, como xenófoba que es, le dará igual. Para la gente como ella, la clave es siempre la misma: el odio al de fuera, y punto.

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