El ‘boom’ de las reformas caseras en Ceuta con mano de obra (barata) inmigrante
Por Joaquín Vera Romero — Portada
El ‘boom’ de las reformas caseras en Ceuta con mano de obra (barata) inmigrante
El desafío migratorio
Desde la entrada masiva se han disparado las ventas de material de construcción, pintura y electricidad para hacer pequeñas obras en casas recurriendo a marroquíes que cobran unos 50 euros al día
43 días siendo solo una cifra estimada en Ceuta

Pequeñas furgonetas que circulan por Ceuta transportando todo tipo de materiales de construcción
J. Vera

Ceuta
14/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
En los barrios de la periferia de Ceuta llaman la atención unos inquietantes movimientos sobre ruedas. Además de los inmigrantes que vagan de un lado para otro y los todoterreno militares que patrullan las avenidas, muchísimas Piaggio Porter –unas compactas camionetas clásicas para pequeños repartos– van a toda prisa por las estrechas y empinadas calles. Parecen taxis, de un lado para otro. El sábado a mediodía, se acumulaban en hilera en una rotonda de Loma Colmenar para acceder a unos almacenes de materiales de construcción. Llegan, cargan –cemento, mortero, pladur, placas de escayola o ladrillos– y se van. Y vuelven a por más.
Una breve charla con uno de los encargados de la tienda es suficiente para resolver el misterio de las furgonetillas blancas, que según uno de sus conductores son imposibles de alquilar para las próximas semanas por la enorme demanda. “Algo bueno tenía que tener esta crisis. La economía ha hecho boom. Nunca hemos vendido tanto en tan poco tiempo. No había mano de obra para hacer reformas y el obrero que se ofrecía lo hacía por 120 o 150 euros al día”, explica el responsable del almacén. Tras la entrada masiva, hay mano de obra a espuertas. Y barata, claro. Y en negro, por supuesto. Como Fadil, que en la mañana del sábado no tuvo tanta suerte como días anteriores en los que se dirige a las puertas de estos comercios para ofrecerse como albañil. Como no se apaña con el castellano –más allá de decir que no busca problemas; solo trabajar–, enseña la galería de su teléfono con fotografías de sus labores: levanta tabiques, alicata cocinas, cambia suelos, sustituye bañeras por platos de ducha. A cincuenta euros el día. Aunque hay días que los ha permutado, porque no le quedaba otra, por un sitio donde dormir.
En la calle o en grupos de Facebook
Se ofrecen a cambio de 50 euros al día o una cama para dormir y un plato caliente
Dos calles más arriba, en la avenida Reyes Católicos, la Policía Local tiene que pasar cada hora para despejar los vehículos en doble fila que se concentran en tres tiendas consecutivas de un mismo propietario: una de pinturas, una ferretería y una especializada en electricidad. Las colas son interminables. Hay ceutíes más cautos, que se limitan a contar que tras el verano, septiembre es un momento perfecto para meterse en la reforma pendiente o pintar la vivienda. Y cuando se les pregunta quién será el manitas, todos tienen “un familiar” apañado. Pero hay otros que hablan con menos tabúes. “De los que han entrado, los que delinquen, todos a Marruecos, pero los que de verdad quieren trabajar, que se queden. Son unos hachas en lo suyo, perfeccionistas como nadie, y con mucha experiencia”, dice Tariq, vecino del Príncipe, que se ha acercado a la tienda por unos botes de pintura blanca para las paredes de una habitación que ha levantado para su hija. Tras los mostradores confirman el auge de las ventas. “No paramos, qué te voy a contar, solo tienes que mirar la fila”, resume un dependiente.
Iassine nació hace 23 años en Fez. Su testimonio es la prueba de que la frontera no está cerrada a cal y canto. Que los inmigrantes nadadores se siguen echando al mar. Entró en Ceuta el pasado 20 de agosto, desde la playa de Riffiine. Para ubicarse: cuatro horas dando brazas de madrugada. Se lesionó un tobillo, por lo que prefiere dejar a un lado su verdadera especialidad, escayolista, para pintar casas. Afirma que no le ha faltado trabajo cada día, desde que llegó. Su camiseta del Barça que en un primer momento debió ser azul, pero ahora está llena de gotas de pintura de todos los colores, lo confirma. Principalmente le contactan por Facebook, donde ha puesto varios anuncios en los perfiles más visitados por los caballas: “Milanuncios Ceuta” y “Se vende, se cambia, se regala Ceuta”. Pero mientras llegan las ofertas, para esperar a la intemperie en el asentamiento de Loma Colmenar, prefiere apostarse delante de las tiendas. Por si suena la flauta. ¿A cuánto el día? También 50 euros, que parece ser un precio estándar.
Rabat desde la pandemia
Endureció controles a transfronterizos y hay falta de trabajadores poco cualificados
En las páginas de Facebook que menciona Iassine proliferan los anuncios de pintores, carpinteros, servicios de montaje, electricidad, instalaciones de luz y agua o reformas integrales. Son perfiles creados recientemente, que publican y borran anuncios en horas, cuando consiguen el servicio. Mientras tanto, se llenan de comentarios del tipo “fuera invasores”, “aquí no hay trabajo para vosotros”. Esto último lo refuta cualquier empresario de Ceuta. El cierre de la frontera por el coronavirus supuso un antes y un después para los trabajadores transfronterizos que cruzaban cada día a España. Se perdieron muchos puestos de empleo que no se han vuelto a recuperar. Luego Rabat endureció los controles con visados Schengen, del que disponen un millar de personas. Antes, se estimaba que el número de personas que accedía para trabajar regular o irregularmente era de 8.000 personas al día.
Fadil, que el sábado esperaba en el almacén de construcción, fue una de las 864 personas que logró ayer una plaza en el nuevo centro de acogida en Los Rosales. Ya dentro, hacia el signo de la victoria de la mano. Tiene por delante días en los que no cambiará su trabajo por una cama. Hasta su devolución a Marruecos, dice que seguirá haciendo dinero. Aunque desconoce el margen que tiene. Ni él, ni los ceutíes metidos en reformas. De ahí que las Piaggio Porter vayan a toda mecha para terminar las reformas. Son la otra cara de la crisis: expulsiones, pero no tan rápido.

Joaquín Vera
Periodista especializado en información de Interior, Seguridad y Terrorismo
Redactor de la sección de Política de La Vanguardia. A cargo de la información de Interior y Defensa, con el foco en la Seguridad y el Terrorismo
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