La situación de Ceuta, más allá de los políticos
Por Mari Carmen Del Riego De Lucas — Portada

La situación de Ceuta, más allá de los políticos
CON PERSPECTIVA
14/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Me cuentan periodistas que siguen informando desde Ceuta mes y medio después que la situación en la ciudad sigue siendo “tremenda” y que acaban todos los días “con el cuerpo revuelto”. Me dicen que es verdad que cada día son menos los que siguen “tirados” en las calles, porque en las dos últimas semanas se han abierto centros de acogida temporales –ayer mismo los que dormían a las puertas de las instalaciones provisionales de Loma Colmenar fueron conducidos a una nueva ubicación en el barrio de la Reina–, pero que la situación de los que quedan es “cada vez peor”.
Esa situación cada vez peor de los migrantes que entraron a finales de julio en Ceuta –cuyo número se desconoce, pero puede rondar entre 8.000 y 10.000– está convirtiendo en insoportable la convivencia en los barrios de la ciudad. Los que entraron por la playa del Tarajal sabían adónde ir y acudieron a los barrios donde hay más vecinos musulmanes, como ellos, que les acogieron solidariamente, pero, mes y medio después, no pueden más.
La situación de los vecinos de Ceuta es la que es con o sin papeles desclasificados
En los reportajes de los compañeros es significativo que, cuando ofrecen testimonios, los que hablan suelen llevar por nombre Mohamed, lo que evidencia la cercanía con quienes han llegado. Pero nadie que vive en Ceuta desde que nació, o desde hace muchos años, puede acostumbrarse a que en las puertas de sus casas haya personas que duerman, que hagan sus necesidades en la calle porque no tienen sitio donde hacerlas o que se peleen porque la propia situación que viven provoca una frustración y un odio que acaba en peleas entre ellos. Les van cambiando de lugar, pero los vecinos del nuevo campamento los rechazan también. Recuerda a esa tendencia a pedir más cárceles, más centros donde se atienda a los drogadictos, siempre y cuando no estén en las puertas de sus casas.
Con esta situación, difícil de imaginar si no estás en Ceuta, es fácil presumir que les importa más bien poco la dimisión del jefe de gabinete del delegado del Gobierno en la ciudad autónoma, por discrepancias con su superior, a quien asegura que le advirtió del aviso del CNI de que se preparaba una entrada de migrantes para el 30 de julio que superaba las que iban produciéndose hasta ahora, llegaran o no a acertar con la magnitud que tuvo la avalancha. Tampoco creo que hayan tenido mucho interés en saber, ni los migrantes ni los vecinos de Ceuta que tienen a los recién llegados a la puerta de sus casas, cuáles eran los términos exactos de los mensajes, o el vehículo utilizado por el CNI, la Guardia Civil o la Policía Nacional para emitir los avisos. Su situación, la de ambos, es la que es, con o sin papeles desclasificados.

Esa medida, con la que el Ejecutivo pretendía salvar su relato, no ha servido más que para crear malestar en todos, desde los miembros del Gobierno hasta las fuerzas de seguridad y los servicios de información y de inteligencia, y el relato sigue siendo el mismo. Mes y medio ya escribiendo sobre esta tragedia, parece una obligación. De no existir, el debate sobre los autos del Supremo que niegan el voto a los nietos de los exiliados sería un escándalo tan grande como el que nos provocan algunas decisiones de Trump, aunque sea cautelar. De no ocurrir lo de Ceuta, que me hace sentir obligada a recordar que los migrantes siguen en condiciones vergonzosas, podría hablar del contraste de lo que allí se ve con lo que exhibe Madrid con su gran premio de F-1, con entradas a precios que van desde los 544 euros por el abono de tres días hasta los 1.541. Sí, puede ser un apunte demagógico, y sé que los beneficios que genere en Madrid serán de en torno a los 450 millones de euros, pero la opulencia de unos es obscena si se compara con lo que se vive en Ceuta.
Lo hago para que no se olviden de los protagonistas, que en este caso no son los políticos, aunque les cueste el puesto.

Carmen del Riego
Licenciada en Ciencias de la Información, rama de Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, y licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas y de la Administración por la UOC. Formó parte de la redacción de ‘La Vanguardia’ entre 1992 y 2024, siempre en la sección de Política, donde se encargó del Parlamento y del PP, además de las informaciones de los Ministerios de Defensa y de Exteriores. Antes de incorporarse a ‘La Vanguardia’ trabajó durante siete años en la Agencia Europa Press, así como en ‘Diario16’ y el periódico ‘El Sol’, al que perteneció hasta su desaparición en 1992. Cuenta con varios premios de Periodismo como el Luis Carandell (2014), que otorga el Senado; el Josefina Carabias que concede el Congreso (2022) y el Premio del Ministerio De defensa de Periodismo Escrito (2016) por su reportaje, publicado en ‘La Vanguardia’ “La salvación se llama Canarias”
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