El nacionalismo cristiano controla el Partido Republicano y amenaza la secularización de EE.UU.

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Por Javier de la Sotilla PuigPortada

El nacionalismo cristiano se apodera del Partido Republicano y amenaza la secularización de EE.UU.

Estados Unidos

El creciente papel de los evangelistas en la política americana es especialmente evidente en Texas, donde por ley las escuelas deben exhibir los Diez Mandamientos

Una mujer reza durante una concentración en apoyo del presidente Donald Trump en Clackamas (Oregón). 

Una mujer reza durante una concentración en apoyo del presidente Donald Trump en Clackamas (Oregón). 

AP

Javier de la Sotilla Puig

Javier de la Sotilla

Dallas (Texas). Servicio Especial

13/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

“Oremos por nuestro presidente, Donald Trump, con gratitud en nuestros corazones. Dios mío, tú eres quien puede hacer a América más grande de nuevo”: con esta plegaria, administrada por el pastor evangelista Jack Graham, comenzó el miércoles el aquelarre republicano en Dallas (Texas), una convención a dos meses de las elecciones legislativas que se convirtió en un rito de adoración al trumpismo.

El encargado de bendecir a los asistentes al día siguiente, el mediático pastor Robert Jeffress, fue mucho más allá en su posicionamiento político. Citando la Biblia como su fuente de autoridad, afirmó que “el Partido Demócrata es un defensor del mal y del pecado” y añadió que “Dios ha dado a cada líder, incluido a nuestro gran presidente Trump, la responsabilidad de proteger a nuestra nación de los malhechores, ya vengan de fuera o de dentro”, en alusión a inmigrantes y demócratas.

Las iglesias de Graham y Jeffress, la Iglesia Bautista de Prestonwood y la First Baptist de Dallas, suman más de 80.000 miembros registrados en sus distintos campus, y son solo dos de las más de 200 megaiglesias evangélicas en el estado sureño, de las más de 1.500 que hay en todo el país. Sus feligreses acuden cada semana a los servicios dominicales, que también se retransmiten por internet, y sus sermones van más allá de los pasajes bíblicos: abordan cómo llevar una vida recta, lo que incluye el matrimonio heterosexual, el pecado del aborto, la defensa de la pureza religiosa de EE.UU. y todo el ideario político del nacionalismo cristiano.

“Texas, y el sur del país en general, es hogar de líderes de opinión evangélicos muy influyentes dentro del nacionalismo cristiano, y los políticos republicanos, apoyados por grandes donantes, lo han abrazado hasta convertirlo en una base esencial de votantes”, señala David Brockman, teólogo e investigadordel Baker Institute for Public Policy de la Universidad de Rice.

Este bastión conservador, con larga tradición religiosa, ha experimentado en los últimos años una explosión de las megaiglesias, que, si bien se popularizaron en el siglo XX, han sabido aprovechar la visibilidad de las redes sociales para expandirse. Graham y Jeffress cuentan con cientos de miles de seguidores en sus redes sociales y sus mensajes alcanzan millones de pantallas de teléfonos a diario.

La influencia de pastores evangélicos y el dinero de millonarios ultraderechistas han propulsado el nacionalismo cristiano en Texas

Otro buen ejemplo de ello es Josh Howerton, pastor de la megaiglesia Lakepointe, que acumula casi dos millones de seguidores tan solo en su cuenta de Instagram. En su podcast, emitido dos días a la semana en las principales plataformas, ha llamado a las mujeres a ser sumisas con sus maridos, ha pedido a sus seguidores “votar como Jesús” y ha equiparado a los demócratas con Satán.

“En los últimos diez años, ha aumentado con fuerza la actividad de los multimillonarios del petróleo y el gas, como Tim Dunn y Farris Wilks, del oeste de Texas”, advierte el teólogo Brockman, hallando una explicación al crecimiento de esta corriente. “Ambos abrazan en gran medida el nacionalismo cristiano y han puesto mucho dinero detrás de candidatos nacionalistas cristianos a cargos públicos”.

Estos donantes, que también son predicadores en sus iglesias locales, han gastado en los últimos ciclos electorales más de 100 millones de dólares en financiar campañas estatales y federales de candidatos ultraderechistas. También se encuentran entre los mayores donantes de Ken Paxton, el vencedor de las primarias republicanas al Senado por Texas, que se enfrentará en noviembre al popular seminarista presbitariano James Talarico.

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Por primera vez en cuatro décadas, las encuestas dan posibilidades a un candidato demócrata de arrebatar un escaño que hasta ahora ha estado asegurado para los republicanos. Talarico, protestante, combina a menudo sus ideas progresistas con la religión, una estrategia que le ha hecho ganar adeptos más allá del votante tradicional demócrata en Texas. Esta semana fue, junto al musulmán y socialista Abdul el Sayed, el principal blanco de las críticas de la convención republicana, incluidas las del pastor Jeffress, quien calificó a sus ideas de “blasfemas y malvadas”.

Como consecuencia del auge de representantes evangélicos, la legislatura estatal de Texas ha aprobado en los últimos años una serie de medidas polémicas: obligaron a que se exhibiera en todas las escuelas públicas el lema En Dios confiamos, aprobaron un plan de estudios basado en las enseñanzas de la Biblia, autorizaron a los distritos escolares a contratar capellanes como orientadores, y el año pasado establecieron por ley que todas las escuelas exhibieran los Diez Mandamientos.

Ahora que la cuestión del aborto está resuelta para los evangélicos –el gobernador republicano Greg Abbott impulsó una de las leyes más restrictivas del país tras la sentencia con la que el Tribunal Supremo eliminó las protecciones federales–, “han ganado peso las guerras culturales, lo que explica que hayan puesto el foco en la educación”, subraya Brockman.

El gobernador de Texas, Abbott, ha impulsado en los últimos años políticas dirigidas a imponer la religión cristiana en las aulas

El objetivo de los padres fundadores de EE.UU. al crear un país secular fue dar cabida a las distintas confesiones que ya existían entonces en las colonias. Hoy esa diversidad es todavía mayor, pero un segmento de la religión cristiana está tratando de imponerse por ley sobre las demás y sobre agnósticos y ateos. El camino iniciado por Texas está expandiéndose a otros estados conservadores del sur, como Oklahoma, Luisiana, Arkansas, Florida o Alabama, donde se han aprobado leyes similares.

Y el nacionalismo cristiano ya se ha instalado en la Casa Blanca. Trump aprovechó en el 2016 el impulso de los evangélicos, que votaron por él en un 80%, y cada vez ha adoptado un discurso y unas políticas más religiosas. Desde su intento de asesinato en el 2024, ha proclamado ser un enviado de Dios para salvar a EE.UU., una idea que volvió a repetir esta semana durante la convención republicana.

La secularización, considerada un pilar de la democracia estadounidense, está retrocediendo a pasos forzados durante su segunda Administración. Por el 250 aniversario de EE.UU., organizó en mayo una oración colectiva en Washington para “consagrar a EE.UU. como una sola nación bajo Dios”. A lo largo de su mandato, ha utilizado la religión para vender su idea de que la sociedad occidental, y por tanto el cristianismo, está amenazada por los inmigrantes. Ha creado una Oficina de la Fe de la Casa Blanca para “proteger” la fe, ha establecido la Comisión de Libertad Religiosa, cuyo encargo es identificar “amenazas” al cristianismo, ha creado el Grupo para erradicar el sesgo anticristiano y ha llenado los edificios federales de símbolos religiosos. 

Javier de la Sotilla Puig

Javier de la Sotilla

Washington

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