Por Isaura Marcos — Portada

El recuerdo de las gotas de lluvia

La Mirada del Lector

Rompían la monotonía y añadían un toque de aventura, el agua era un elemento liberador y lleno de energía, pero ahora estos temporales hacen daño en la actualidad y se manifiestan de forma mucho más violenta

Gotas de agua de lluvia en una botella de plástico.

Gotas de agua de lluvia en una botella de plástico.

Isaura Marcos

Gema Abad (texto), Isaura Marcos (fotos)

Barcelona

20/10/2026 06:00 Síguenos en Google

* La autora forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia

Tal vez porque la lluvia no hace acto de presencia tan a menudo como me gustaría, hoy, sentada en la cama, he vivido momentos intensos, como si el tiempo se detuviera y una calma profunda se apoderase de mí.

Desde muy pequeña, he sentido una atracción especial por la lluvia y los ambientes que ésta genera. Siempre ha sido una experiencia agradable. En la mente se agolpan imágenes de mi infancia, que evocan una profunda nostalgia de ese sonido que se repite cada vez que oigo caer el agua. 

A modo de postales, percibo esas instantáneas en las que, sentada plácidamente, observo cómo cae la lluvia. No se trata siempre de evitar mojarme, protegiéndome en mi hogar, sino que también me veo pisando los charcos con mis botas de agua y mojándome sin preocupaciones. 

Recuerdo que un año, al final de las fiestas de mi pueblo, cuando la orquesta tocó la Chinchana, un baile icónico con el que se cierran unos días dedicados a la festividad de la patrona, me recorrí con un amigo la plaza mayor del pueblo e incluso una calle de los alrededores, ambas concurridas por multitud de parejas que bailábamos al son de la música sin importarnos demasiado la lluvia que estaba cayendo. 

Una de las partes de este baile es una pieza ligera y alegre, de origen antiguo, donde las dos personas que bailan cruzan los brazos y se da como una especie de saltito a mitad del compás, y otra, tipo vals, sin moverse demasiado del mismo sitio. 

Al llegar a casa, después de más de media hora de baile, estaba empapada y hasta tuve que vaciar el agua que se había acumulado en los zapatos. Esa escena de lluvia rompió totalmente la monotonía y añadió un toque de aventura. El agua se convirtió en un elemento liberador y lleno de energía, ya que me estaba divirtiendo mucho.

Gotas de agua.
Gotas de agua. Isaura Marcos

No tengo constancia de estas lluvias que hacen tanto daño en la actualidad y se manifiestan de forma mucho más violenta y destructiva, debido, en parte, a un cambio climático, y sí que conservo el recuerdo de la alegría con la que recibíamos las precipitaciones en el pasado. 

Una parte importante de los vecinos se dedicaban a la agricultura y el agua se recibía como una bendición porque era el motor para la supervivencia. Tampoco había una inmediatez informativa si se producía alguna catástrofe.

Por dar un giro más poético a este día de lluvia, haré alusión a un gran poeta que transformó las gotas en versos inolvidables. Se trata de Federico García Lorca, quien describió la lluvia como un “vago secreto de ternura” y como un “besar azul que recibe la tierra”.

Para mí, ha supuesto un puente con el pasado, trayendo de vuelta días que evocan momentos de felicidad y donde aparecen las huellas de un paisaje que transmite calma y quietud.

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