Por Jaume Padrós — Portada

Jaume Padrós

Jaume Padrós

Expresidente del CoMB

Qué será, será… 18/10/2026 06:00 Actualizado 18/10/2026 07:48 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

El mareo por la incertidumbre sobre el futuro de los hijos ha sido desde siempre una derivada natural de la condición de padres. Desde que el mundo es mundo, se produce el choque inevitable ante la revuelta adolescente para encontrar el propio camino. A veces, rupturista. A menudo, detrás del embate juvenil se avistan vocaciones que tomarán forma y proyecto más adelante. Mientras, la incertidumbre. Un motivo frecuente de consulta se deriva de este malestar de unos y otros.

Hace tiempo me vino una mujer a consultar por un cuadro de insomnio tras el cual estaba un sufrimiento por su hijo adolescente. En poco tiempo todo él era una revuelta: físicamente había dado un gran estirón, le gustaba el rock-punk, pero rápidamente su gusto se inclinó por el rock-gótico y la fascinación por la literatura y el cine relacionados con la muerte. Pronto cambió la vestimenta: pantalones de cuero negro, chaqueta o abrigo largo también negros, se maquillaba la cara, sombreaba las cuencas con grises, usaba delineador para los ojos y lucía unas uñas largas y oscurecidas con laca. Unas grandes botas militares culminaban la vestimenta de aquel chico, que hacía muy poco que se afeitaba pero ya era alto como una torre. Cuando cumplió 18 años, se marchó de casa y se fue a vivir con una tribu gótica.

En una ocasión, me vino a ver por una afección banal y aproveché para intentar adentrarme y comprender sus pensamientos. Era muy serio y reservado. Reconozco que su aspecto me impresionó bastante, como al resto de los pacientes que lo vieron.

La madre, desesperada, me pedía consejo sobre cómo actuar. Confieso que me veía ­impotente. No he sido nunca ningún experto en tribus urbanas, así que mi tarea consistió en acompañarla. Como era una madre incondicional, le recomendé que no dejara de mantener el vínculo, pero de una manera crítica. Ante estas crisis, creo que lo importante es estar, sin aleccionar ni empalagar. Aceptando que los hijos tienen que encontrar su propio sentido vital, distinto de los padres, rompiendo huevos, si hace falta. A menudo requiere tiempo, respeto paciente y amor resiliente. Pasó mucho tiempo hasta que un buen día aquel chico día volvió a aparecer en la consulta y lo hacía acompañado de su madre. Ambos sonreían. Ella se adelantó: “Doctor, mi hijo ha encontrado el trabajo de su vida: trabaja en la funeraria, hace de tanatopráctico y es feliz”. Había encontrado su vocación.

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