Ximo Puig, embajador de España ante la OCDE: “Las matemáticas son importantes, pero también las humanidades que crean ciudadanos”

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Por Sergi Pitarcheldiario.es – eldiario.es

Ximo Puig, embajador de España ante la OCDE: "Las matemáticas son importantes, pero también las humanidades que crean ciudadanos"

El expresidente de la Generalitat acompaña al exsecretario autonómico de Educación Miquel Soler en la presentación de su libro ‘Pensar la educación, repensar la sociedad’: “Si queremos que la vida no esté escrita cuando naces, hemos de invertir en la escolarización infantil de 0 a 3 años”

La educación como política de Estado, la necesidad de reducir las desigualdades desde la escuela y una crítica a la utilización partidista de los resultados del informe PISA. Estos fueron algunos de los ejes de la conversación entre el exsecretario autonómico de Educación Miquel Soler y el embajador de España ante la OCDE y expresidente de la Generalitat, Ximo Puig, durante la presentación en València de Pensar educación, repensar la sociedad (Neopàtria, 2026), el libro en el que Soler repasa décadas de experiencia en las políticas educativas.

El encuentro se celebró en El Muelle, Espai Gastrocultural de València, y reunió también a la secretaria general del PSPV-PSOE, Diana Morant, al expresidente de la Generalitat Joan Lerma y al exconseller de Educación Ciprià Ciscar, además de otros cargos socialistas y de la comunidad educativa. Más que una presentación convencional, la conversación derivó rápidamente hacia algunos de los debates que atraviesan actualmente la educación valenciana y española: las ratios, la contratación de docentes, la escolarización de 0 a 3 años, la FP, la repetición de curso y, sobre todo, qué lectura debe hacerse de los últimos resultados de PISA.

Soler, que ha pasado por las aulas como profesor de Matemáticas y de BUP y COU y posteriormente por la administración educativa valenciana y el Ministerio de Educación, reivindicó precisamente esa perspectiva acumulada. Recordó que comenzó su trayectoria profesional en una época en la que las ratios alcanzaban los 41 alumnos por aula y era necesario construir centros educativos para absorber el crecimiento de la escolarización.

“Es evidente que los incrementos de ratios y contratar más profesores es un tema de siempre”, señaló. A su juicio, algunos de los problemas que actualmente se utilizan para cuestionar la gestión educativa del pasado reciente no pueden atribuirse exclusivamente a un determinado gobierno. “En 20 años del PP se retrocedió. Decir que son problemas del Botànic es absurdo”, afirmó.

El exresponsable de Educación llegó a reclamar al actual Consell que asuma sus responsabilidades. “Si no saben gobernar, que se vayan de la Generalitat”, dijo, antes de añadir que existe relevo preparado y que “pronto” habrá una alternativa.

Pero su crítica no se quedó en la pugna partidista. Soler insistió en que la educación exige continuidad y planificación a largo plazo. “La educación no cambia cada cuatro años”, sostuvo. Las políticas educativas, explicó, deben analizarse en función de las necesidades de cada momento y de los resultados que producen, no como una sucesión de cambios vinculados a cada legislatura.

Puig coincidió en esa reivindicación de la continuidad. “Miquel ha tenido la valentía de poner por escrito lo que ha dicho”, afirmó sobre el libro. Para el expresidente, el texto permite comprobar que algunas cuestiones siguen plenamente vigentes mientras que otras necesitan ser revisadas.

Puig reivindicó además la trayectoria de Soler como una figura vinculada durante décadas a las políticas educativas socialistas. “Ha sido una suerte para el país y para nuestro partido”, señaló. “Ha sido incluso en la política un maestro”.

Para el embajador ante la OCDE, la educación no puede separarse de la política porque constituye precisamente una de las principales herramientas para transformar la sociedad. “La vocación es fundamental en la vida. La educación no se puede desentrañar de la política. La educación es la palanca que puede hacer la política más justa”, afirmó.

Y puso el foco en una cuestión que, a su juicio, va más allá de la tradicional discusión sobre el esfuerzo de los alumnos. “La cuestión no es que la gente se esfuerce”, señaló. El objetivo de la educación, defendió, debe ser que los jóvenes aprendan a desenvolverse en un contexto cada vez más complejo: “Han de saber vivir y ser ciudadanos”.

El PISA de la comprensión lectora

La conversación aterrizó después en el último informe PISA, cuyos resultados han vuelto a situar el rendimiento educativo en el centro del debate político. Puig, que conoce de cerca el trabajo de la OCDE, pidió evitar tanto el triunfalismo como la utilización demagógica de los datos.

“Lo que ha de quedar de PISA es cómo podemos mejorar”, afirmó. El informe, según explicó, constata problemas “muy preocupantes” que no son exclusivamente españoles ni valencianos, sino globales. Entre ellos situó el deterioro de la capacidad de atención y de comprensión. “Habla de una caída de la atención. De la comprensión y sin eso no se puede aprender”, señaló. Un debate que, recordó, también está muy presente en otros países europeos, como Francia.

Puig relacionó esta pérdida de capacidad de concentración con el contexto tecnológico y social en el que están creciendo los estudiantes. “Los niños no son ajenos a la velocidad a la que va el mundo”, afirmó, con especial referencia a las redes sociales. “Estamos creando una sociedad que tiene muy poca capacidad de atención”.

Por eso consideró que PISA puede servir también para “bajar el balón” y recuperar una mirada más reposada sobre las prioridades educativas. Pero introdujo una cautela: el propio informe tiene sus límites. “PISA también tiene sesgo”, advirtió.

Para Puig, las matemáticas y las competencias que evalúa PISA son importantes, pero no pueden convertirse en la medida absoluta de aquello que debe ser una educación de calidad. “Las matemáticas son importantes, pero también las ciencias humanas”, señaló. Porque la educación, sostuvo, no consiste únicamente en preparar buenos trabajadores o mejorar determinadas puntuaciones en rankings internacionales. También tiene una dimensión cívica.

“Esto sirve para hacer personas, ciudadanos”, afirmó. Y cerró su reflexión con una idea que conecta con el propio título del libro de Soler: “Se ha de capacitar a la gente para trabajar, pero también para vivir”.

Soler fue mucho más contundente con la utilización política que se hace de PISA cada vez que se publican sus resultados. “Cada cuatro años, cuando sale PISA, me cabreo”, explicó. “Se habla dos o tres días y hasta dentro de cuatro años”.

En esta ocasión puso como ejemplo al actual president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, al que acusó de haber criticado los resultados sin haber leído el informe. “Y eso demuestra el suspenso en comprensión lectora”, ironizó.

El exresponsable educativo cuestionó especialmente el discurso que reclama aumentar la repetición de curso como solución al bajo rendimiento. España, recordó, es uno de los países con mayor tasa de repetición. “Pérez Llorca critica que se pasen los cursos a los alumnos. Y se demuestra que suspender cursos no mejora la educación”, sostuvo.

Su planteamiento es el contrario: que cada alumno que pasa por el sistema educativo salga con más conocimientos y capacidades que el año anterior. “Pero se ha de reforzar”, añadió. La clave, según Soler, no está en hacer repetir a los estudiantes, sino en proporcionarles los apoyos que necesitan para avanzar.

Así, el debate sobre PISA acabó desplazándose de las posiciones en una clasificación internacional a una pregunta más amplia: qué queremos que haga la escuela. Para Puig, mejorar las matemáticas y la comprensión lectora es necesario, pero insuficiente si se pierde de vista que la educación también debe formar ciudadanos capaces de desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja.

La escuela como ascensor social

Soler llevó después el debate hacia uno de los elementos que considera más determinantes en los resultados educativos: el origen social de los alumnos.

“PISA dice que el factor, a nivel global, que más incide es el nivel sociocultural de las familias”, explicó. Y destacó un dato especialmente relevante: “El nivel de formación de la madre es el factor que más influye. El padre, el quinto”.

Desde esta perspectiva, defendió que la escuela pública puede desempeñar un papel fundamental para compensar las desigualdades de origen. Según su lectura de los datos, una vez descontado el nivel socioeconómico, la enseñanza pública obtiene mejores resultados que la concertada.

Soler reivindicó también los resultados obtenidos por el alumnado valenciano en el PISA de 2022. Ese año, señaló, la Comunitat Valenciana quedó por encima de la media española en comprensión lectora y en torno a la media en Matemáticas.

Y recordó un elemento temporal que, a su juicio, suele quedar fuera del debate político: los estudiantes evaluados en PISA 2022 tenían unos ocho años en 2015. Es decir, buena parte de su trayectoria escolar se desarrolló durante los años del Gobierno del Botànic. “Algo hicimos”, resumió.

La reflexión le llevó de nuevo a una de sus prioridades: la educación infantil. “Si queremos que la vida no esté escrita cuando naces, hemos de invertir en la escolarización infantil de 0 a 3 años”, afirmó.

Soler puso como ejemplo la evolución de las escuelas infantiles públicas durante los años anteriores a la llegada del Botànic. En 1995, señaló, había 31 escoletes públicas de 0 a 3 años. Dos décadas después, con los gobiernos del PP, eran 33. “Una por década”, ironizó.

Su apuesta pasa ahora por ampliar de forma decidida la oferta pública, tanto en la primera etapa educativa como en la Formación Profesional. “Tenemos que disparar las plazas de FP en la pública”, reclamó.

Una educación que no cabe en una legislatura

La conversación entre Soler y Puig acabó regresando así a la idea que había atravesado buena parte del acto: la educación como una política que necesita tiempo.

Soler reivindicó que la comunidad educativa siempre se ha movilizado para mejorar el sistema y recordó que durante años, dentro del propio PSOE, hubo quien consideró que su perfil era el de un “técnico”, casi como una etiqueta despectiva. “Saber de algo te convertía en un tecnócrata”, explicó.

Su experiencia, sin embargo, le ha llevado a defender justamente lo contrario: que las políticas educativas necesitan conocimiento, evaluación y capacidad para explicar las decisiones que se toman. “Cuando gobernamos siempre hemos intentado que la educación mejore”, afirmó.

Y dejó una máxima que podría servir como resumen de buena parte de la conversación: “Hay que explicar todo lo que se hace y, si no se puede explicar, mejor que no se haga”.

La reivindicación de Soler y Puig es, en el fondo, sencilla: dejar de tratar la educación como un arma arrojadiza que se activa cada cuatro años y empezar a analizarla como una política cuyos resultados solo pueden medirse con perspectiva. PISA puede ofrecer una fotografía. Pero la educación, recordaron, es una película mucho más larga.

Fonte: eldiario.es – eldiario.es

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