Por Fernando Hernández VallsPortada

Fernando Hernández Valls

Fernando H. Valls

Vivir a una hora de tu trabajo

EL PATIO DIGITAL

23/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Dos personajes públicos, el expolítico Albert Rivera y el empresario José Elías, ofrecieron en las redes sociales su particular solución al problema de acceso a la vivienda para cada vez más personas: alejarse de las grandes ciudades. Irse a vivir a un pueblo, en definitiva. Ambos proponían que, a tan solo unos minutos de las urbes donde se concentra el trabajo diario, existen excelentes oportunidades inmobiliarias, aunque las cifras reales del mercado evidencien una realidad muy distinta. No hay “chollos” en prácticamente ninguna localidad de España porque la oferta es tan escasa y el mercado tiene una tensión tal que la solución de Rivera y Elías es utópica.

Atascos en la autovía A-3 de entrada a Madrid 
Atascos en la autovía A-3 de entrada a Madrid  Alejandro Martínez Vélez – Europa Press / Europa Press

Es cierto que si un comprador o un inquilino se alejan del centro de las ciudades puede encontrar precios más bajos. No obstante, Singular Bank ya ha alertado que la tensión en el mercado ya se está trasladando a las periferias de las ciudades y provincias limítrofes. Es decir, el plan de Rivera y Elías ya lo pensaron otros antes.

La red social X se ha llenado de comentarios desaconsejando hacer las maletas hacia la España desaprovechada. Vivir a unos minutos de una gran ciudad o, incluso, a una hora lleva a una primera pregunta: ¿cuándo se mide el tiempo? ¿Qué día de la semana y a qué hora? Porque no es lo mismo una hora punta que un fin de semana. O un horario nocturno que otro diurno. Es decir, antes de irse a vivir a un pueblo alguien debería pensar cuánto tiempo voy a perder, como mínimo y si todo va bien, en llegar a mi trabajo.

Vivir a una hora de Madrid, de Barcelona, de Valencia o de Bilbao no es sólo una hora de trayecto. Ya son dos: una de ida y otra de vuelta. A la semana suman 10 horas. Al mes, más de 40 horas sólo en transporte, una jornada semanal completa. ¿Está usted dispuesto a hipotecar ese tiempo? ¿Eso es calidad de vida?

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Y que nada se estropee en esa hora. Si la carretera se atasca por un accidente o si, como ocurre en Catalunya, los trenes de Rodalies no llegan a tiempo, la hora por trayecto aumenta. Es decir, para poder vivir a una hora de la ciudad es importante dispone de una red de transporte que funcione y que los retrasos sean la excepción. No es el caso. También hay que tener en cuenta que no todos los municipios disponen de una parada de tren cerca de su casa. En muchos lugares el autobús es la única forma de transporte público y en estos casos el usuario vuelve a depender de la fluidez de una carretera.

Vivienda más barata, es posible. Pero al cabo de los años una parte de ese ahorro se puede ir en otros gastos, como el combustible. Una persona que, por ejemplo, viva en este momento a 40 o 50 kilómetros de una gran ciudad puede gastar fácilmente 300 euros o más al mes en llenar el depósito de su vehículo. ¿Compensa? En algunos casos claramente no. Lo explicaba perfectamente @viviendoNLcalle en un hilo que acumula un millón de visualizaciones.

Pero, y pensarán algunos, te compras un vehículo eléctrico y listo. No todo es tan sencillo: disponer de un vehículo electrificado exige una inversión inicial que no todos los bolsillos se pueden permitir, y más en este momento inflacionario. Además, una familia que quiera realmente ahorrar debería instalar un punto de recarga en su domicilio, lo cual exige un desembolso inicial no apto tampoco para todas las economías familiares. Las redes sociales están llenas de historias y anécdotas demostrando que la electrificación no llega a todos los hogares por igual.

Marcharse a vivir a una hora de una ciudad tampoco es la panacea para una familia. Sanidad, educación, hostelería, ocio, deporte, gestiones administrativas… las opciones son menores en un pueblo y, en ocasiones, para poder tener acceso a ellas se necesita un desplazamiento.

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En definitiva, tomar la decisión de vivir a una hora de una ciudad no debería basarse solo en el precio de una compraventa o de un alquiler. Residir lejos implica un coste de vida, no siempre medido en términos económicos, que no todas las familias deberían asumir.

Es sencillo recomendar irse lejos de las grandes urbes. Lo hacen normalmente los mal llamados “influencers” económicos, cuando ellos realmente sí que se quedan a vivir en ellas. Alejarse, por tanto, no es la solución al problemón de la vivienda. Las ciudades deben ser habitables para todos los bolsillos, no solo para unos pocos.

Fernando Hernández Valls

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Redactor de la sección de Economía de La Vanguardia en la redacción de Madrid. Autor del libro ‘El año que vivimos sin Gobierno’ (Libros.com) y colaborador de varios programas de televisión y radio.

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