“Vamos a vivir en la Luna, con 120ºC al sol y 210ºC bajo cero a la sombra”
Por Inmaculada Sanchís Jost — Portada
Carlos García-Galán, director del programa Base Lunar de la NASA:
“Vamos a vivir en la Luna, con 120ºC al sol y 210ºC bajo cero a la sombra”
Tengo 52 años. Nací en Málaga y vivo en Houston. Estoy separado y tengo dos hijos. Me licencié en Ciencias Espaciales e Ingeniería Eléctrica. Temo los extremos ideológicos y su falta de flexibilidad, que impide que hagamos lo que realmente necesitamos hacer para seguir avanzando. No tengo creencias.
12/10/2026 00:05
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‘El Virrey de la Luna’
Nació un 4 de julio y de niño tuvo Estados Unidos en el horizonte, cuanto más cerca de la NASA, mejor. A los 17 años cruzó el Atlántico: “Creo un poco en el destino. Hay algo que te lleva al sitio adecuado en el momento justo”. Lleva 27 años en vuelos tripulados y ha trabajado en Orion, la nave que lleva astronautas a la Luna, y Gateway, estación en órbita lunar con equipos de EE.UU., Europa, Japón, Canadá y Emiratos, hoy sustituida por la Base Lunar. Ha vivido alarmas de incendio y despresurización en la Estación Espacial Internacional, e imprevistos, como unos paneles solares que se rasgaron al desplegarse. Ahora dirige el programa de la Base Lunar de la NASA: allí hasta el polvo, abrasivo y capaz de colarse en los mecanismos, puede convertirse en un enemigo. El 3 de noviembre hablará de ello en el Barcelona Deep Tech Summit 2026.
Hijo de piloto y azafata.
Me fascinaban los aviones y cualquier tecnología capaz de llevarme donde casi nadie podía llegar.
¿Cuándo dejó de bastarle la Tierra?
Tendría 11 años cuando vi una película de la NASA con el lanzamiento de un transbordador espacial, seres humanos yendo donde nadie podía ayudarlos… Pensé: “Yo quiero hacer esto”, y a los 17 años me fui a EE.UU.
A los 22 ya controlaba vuelos de la Estación Espacial Internacional.
Se me da bien trabajar bajo presión. Si fuera médico, estaría en urgencias.
¿Y si se equivoca?
Haces cientos de simulaciones en las que todo falla a la vez hasta que aprendes a mantenerte enfocado.
¿No le frustra mandar a otros donde querría ir usted?
De niño ves al astronauta como la imagen de la exploración. Hoy tengo la responsabilidad de dirigir equipos de los que forman parte los astronautas. No cambiaría esa capacidad de influir en el futuro de la humanidad.
¿Qué es para usted la Luna?
Artemis II me cambió la manera de verla. Cuando los astronautas pasaron por la cara oculta y describieron lo que veían…
¿Qué veían?
Cráteres, impactos, colores que no imaginábamos… Durante un eclipse describieron un resplandor que ahora estudian los científicos. De repente me pareció remotísima, desconocida, casi otra dimensión. Y ahí vamos a construir una base.
Pasó meses trabajando con los rusos en Korolev. ¿Qué aprendió?
Que, pese a tener culturas y métodos muy distintos, compartíamos un objetivo: explorar y mantener vivos a los astronautas. Con la confianza, dejaron de ser “los rusos”: eran mi equipo, y yo el suyo.
¿Qué le enseñó la tragedia del Columbia?
Humildad. En el espacio no puedes pensar que porque algo haya funcionado 50 veces funcionará la 51. Después del Challenger cambiamos la manera de afrontar riesgos, pero con los años parte de aquello se olvidó.
Jared Isaacman, administrador de la NASA, le apodó ‘el Virrey de la Luna’.
Con el tiempo el apodo que sobrevivió fue Moonbase Guy, el hombre de la base lunar.
Dependen de infinidad de empresas y tecnologías. ¿Qué le quita el sueño?
Eso, y hemos cambiado de estrategia: no queremos depender de una única empresa ni de un único sistema. Si algo falla, otro proyecto debe permitirnos seguir avanzando.
Para vivir en la Luna habrá que solucionar cosas como el váter, la basura.
Todo. Agua, electricidad, comunicaciones, navegación, logística… En la Luna no hay absolutamente nada.
¿Realmente conocemos la Luna?
Muy poco. Imagine que África solo hubiera recibido seis expediciones, doce personas en total, y que además tuviéramos algunas fotos por satélite. ¿Diríamos que conocemos África? Pues algo parecido ocurre con la Luna.
¿Cómo es la zona donde van a instalarse?
El polo sur es un desierto gris lleno de cráteres. El Sol está muy bajo en el horizonte, así que hay vastas zonas de sombra. Sin atmósfera, al Sol puedes estar a unos 120º y en las zonas de sombra bajar a unos 210º bajo cero.
¿Por qué empeñarnos entonces en vivir allí?
Intentar algo tan difícil obliga a desarrollar tecnologías que después transforman nuestra vida. El programa Apollo necesitaba meter un ordenador en una nave cuando los ordenadores ocupaban habitaciones enteras. Aquello impulsó la microelectrónica.
¿Y ahora?
Tendremos que desarrollar nuevos materiales, sistemas energéticos, reactores nucleares pequeños… Y podremos hacer ciencia: en cráteres que llevan miles de millones de años en sombra puede haber agua que nos cuente cómo se formó el sistema solar.
¿La Luna ha perdido para usted el romanticismo?
Al contrario. Ahora me parece más mágico imaginar estar allí. Este año iniciamos una misión robótica al polo sur con buenas cámaras y pienso mucho en qué vamos a descubrir cuando veamos aquello de cerca.
China, Rusia y EE.UU. se pelean por llegar primero.
Ese no es un problema del espacio, es un problema de la civilización. Aquí ya discutimos por el agua, las fronteras o los recursos. Tendremos que resolverlo como humanidad.
¿Y cómo le gustaría resolverlo?
Me gustaría que la Luna fuera una hermandad humana. Y quizá lo consigamos. En la Estación Espacial Internacional rusos y estadounidenses trabajan juntos.
¿Qué le ha quitado y qué le ha dado dedicar su vida al espacio?
Me ha quitado parte de mi conexión y de mi vida en España, pero he cumplido un sueño. Lo que estamos haciendo será histórico.
Ima Sanchís
Tengo el vicio de contemplar y la necesidad de preguntar; ambas cosas me llevaron al periodismo, que ejerzo desde los 17 años. He recorrido trozos de mundo cámara en ristre y ahora, sin apenas moverme, viajo al interior del ser humano…
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