Por Enric Juliana Ricart — Portada

Contenido solo para suscriptores Una tarde en Ópera

Penínsulas

Vox se refuerza en el marco de Ceuta, Campo de Agramante en la izquierda

Los Regulares de Ceuta, este lunes en el desfile militar del 12-O en Madrid

Los Regulares de Ceuta, este lunes en el desfile militar del 12-O en Madrid

Dani Duch

Enric Juliana Ricart

Enric Juliana

Madrid

13/10/2026 06:00 Actualizado 13/10/2026 06:53 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

España limita al norte con la deuda pública de Francia y al sur con las ansias de Marruecos para ser uno de los países más fuertes de África. La Geografía siempre manda. Esos son, en verdad, los puntos cardinales del 12 de Octubre del 2026, con muchas banderas españolas en el centro de Madrid y un conato de pelea cerca de la Puerta del Sol. Concluido el desfile militar, jóvenes con banderas de Falange y del Requeté se aproximaron a la acampada de Sol, donde ondea la bandera roja de la Coordinadora Juvenil Socialista. La policía intervino para evitar un encontronazo. Por la tarde, corrida de la Hispanidad en la plaza de Las Ventas, dedicada a Ceuta. Y un grito a lo largo de toda la jornada: “¡Pedro Sánchez, hijo de puta!”.

El Tribunal Supremo se sumó también a la fiesta nacional dando a conocer la decisión de mantener en suspenso el derecho de voto de los descendientes de exiliados que han sido nacionalizados mediante la denominada ley de nietos. Unos 160.000 votantes menos en el censo electoral, radicados en su mayoría en Latinoamérica.

La derecha cree que va a ganar —ahora sí—, y la izquierda se encomienda a la dureza mineral del PSOE, concluidas las acrobacias aéreas de Gabriel Rufián, que seguirá siendo el hombre de Esquerra en Madrid y dará mítines de apoyo a sus amigos de Podemos. Alguna gente llegó a creerse que Rufián sería el líder de un frente de izquierdas de habla clara, al pan, pan, y al vino, vino, de metafora incisiva: ciento cincuenta y cinco monedas de plata, con cuarenta diputados y cuenta en TikTok. España sigue siendo país de gente creyente.

Lee también

Ceuta...y Francia

Ceuta…y Francia

Enric Juliana

España, en primera línea

España, en primera línea

Enric Juliana

Consignas del día en los corrillos del Palacio Real. Pedro Sánchez: “Estamos con la moral alta, estamos mejor que en julio del 2023”. Alberto Núñez Feijóo: “En ningún caso nuestro resultado será inferior al de 2023. Con Vox, ni cordón sanitario, ni cordón umbilical”. Gente de Sumar, en orden disperso: “Si no lo arreglamos esta semana, el 29 de noviembre puede ser una debacle”. El primer espada de Vox no estaba ayer en Palacio. Santiago Abascal se plantó en Ceuta, un día antes de la llegada de los Reyes, acompañado por Jordan Bardella, número dos de Marine Le Pen. El señor Bardella dará hoy una conferencia en Madrid. Francia, punto cardinal, efectivamente.

En Francia se está acelerando una crisis social de considerable magnitud, azuzada estas últimas semanas por un movimiento de opinión de sello anglosajón que pone en duda la solvencia financiera del país, una vez que la deuda pública francesa ha alcanzado el 120% del PIB. La escuadra mediática anglosajona no habla ahora de los PIGS, el insultante acrónimo acuñado en 2008 para referirse a los endeudados países del sur de Europa; ahora ponen en duda la solvencia financiera de Francia ante unas elecciones presidenciales (abril-mayo 2027), enmarcadas por la protesta social, en las que ningún candidato querrá pedir “sacrificios”.

El argumentario dice lo siguiente: “En 2012, Mario Draghi, presidente del BCE, dijo: ‘Se hará lo que sea necesario’. Y logró atajar la crisis del euro, porque detrás estaba el colchón de Alemania. ¡Whatever it takes’. Hoy Christine Lagarde no puede decir lo mismo, con igual autoridad y solvencia. Hoy Alemania no está en condiciones de respaldar a Francia si los mercados siguen encareciendo sus bonos. Francia podría arrastrar a Italia, cuya deuda pública se aproxima al 140% del PIB, y acabaría arrastrando a España, aunque la deuda española haya bajado del 100% y sea una de las economías nacionales con una mayor tasa de crecimiento en Europa”. Esta es la línea de ataque, mientras el gobierno de los Estados Unidos vuelve a cuestionar el apoyo europeo a Ucrania.  En Francia se juega posiblemente el destino de la Unión Europea. Francia es campo de batalla.

Santiago Abascal y Jordan Bardella este lunes en el Mirador de Isabel II de Ceuta
Santiago Abascal y Jordan Bardella este lunes en el Mirador de Isabel II de Ceuta Marcos Moreno / Reuters

Y Ceuta lo fue a finales de julio. Los Reyes inician hoy un viaje oficial a las dos ciudades españolas en el norte de África, cuya significación política no escapa a nadie. Numerosos representantes de la vida civil ceutí fueron invitados a la recepción en el Palacio Real. Todos dentro, y Abascal fuera. El líder de Vox se movió ayer con agilidad. Mientras casi todo el cuerpo político español se congregaba en Palacio, él viajaba a Ceuta con un hombre que puede mandar en Francia dentro de un año. El Adelantado de Castilla y el Delfín de Francia. Hace unos años en Italia, entre 2021 y 2022,  mientras todos se congregaban alrededor del ‘gobierno técnico” de Mario Draghi, el partido de Giorgia Meloni, solo en la oposición, saltó del 3% al 30% de los votos.

Vox está cuidando la temperatura de su electorado. Hoy puede aspirar a 60 diputados, quizá más. Por eso el Partido Popular no sube en las encuestas e incluso baja en algunas de ellas. Por eso, Núñez Feijóo insistía ayer en Palacio que el PP no puede estar por debajo de los resultados de julio del 2023. Quedar segundo, detrás de Pedro Sánchez, y tener que pactar la investidura con un Vox muy fortalecido dibujaría un escenario político inédito en España. La sartén en manos de Vox, con el aplauso de Donald Trump, Marine Le Pen y Giorgia Meloni. Puede pasar. La fortaleza de Vox puede ser la clave de las elecciones del 29 de noviembre si se confirma el Campo de Agramante en el lado izquierdo del PSOE

Sánchez trabajará para encabezar la lista más votada. La consigna socialista es clara: “Estamos mejor que en julio del 2023, nuestra militancia está más motivada, es difícil, pero lo vamos a pelear”. Para ser el partido más votado, el PSOE necesita entrar a saco en el campo de Sumar, después de que Yolanda Díaz se haya dado a la fuga y se hayan visto obligados a cambiar de nombre. Cada cuatro años, un cambio de nombre. En las elecciones generales del 2008, después de las tormentas del Estatut de Catalunya y en plena negociación con ETA, José Luis Rodríguez Zapatero dejó a Izquierda Unida con solo dos escaños en el Congreso. Sumar ya no existe, ahora se llama Frente Amplio, nombre exagerado a tenor de los últimos acontecimientos.

El Frente Amplio de Uruguay nació en 1971 como una alianza de fuerzas de izquierda con sectores democristianos y facciones disidentes de los partidos Blanco y Colorado, las dos fuerzas tradicionales del Uruguay antiguo. Era un frente con voluntad mayoritaria.

El Frente Amplio español es, a fecha de hoy, un apaño, una vela que le viene grande a la balsa de salvamento de Sumar. Para no quedar a la intemperie, el Frente Amplio encogido designó ayer a Ada Colau, cabeza de lista por Barcelona, como su candidata principal, a la espera de cerrar negociaciones con Podemos, que no es seguro que concluyan con un acuerdo. El serial es difícil de descodificar.

No es fácil explicarlo. Demasiado denso. Demasiado interno. Puede resumirse así: los efectos tóxicos de una escisión en la izquierda duran veinte años, como mínimo: desilusión, amistades rotas, complicidades disueltas, resentimientos que duran una vida.

¿Qué disciplina a una organización política? El ejercicio del poder, en primer lugar, aunque UCD entró en crisis gobernando España. El firme apoyo de una potencia extranjera. La pertenencia a una internacional ideológica fuerte (los partidos comunistas en tiempos de la Komintern). El apoyo de los poderes económicos. Una tradición unitaria de largo recorrido; puede ser el caso del PSOE, muchas veces peleado, pero nunca roto. La buena voluntad de sus inscritos. Un estado de excepción o de emergencia. Esos son los factores que pueden mantener unida una organización política. La ‘izquierda de la izquierda’ solo cuenta con una cierta parcela de poder; sus cuadros dirigentes están todos peleados y algunos de sus dirigentes más valiosos, Pablo Bustinduy, por ejemplo, no quieren dar el paso para preservar su vida privada. Han construido una picadora de carne.

En ese espacio ha habido dos escisiones en los últimos ocho años: la ruptura de Íñigo Errejón con Pablo Iglesias en 2018, de la que se derivó el nacimiento de Más Madrid, con el apoyo de Manuela Carmena; y la ruptura de Yolanda Díaz con Irene Montero en 2023, de la que salió un Sumar sin motor Podemos. Todo ello ha concluido en una espiral de luchas bizantinas muy difíciles de descifrar.

Simplificando de nuevo: Más Madrid se niega a conceder a Podemos puestos de salida en la lista de Madrid. La vieja pelea entre Errejón e Iglesias proyecta una sombra alargada. Podemos es hoy poca cosa en términos electorales, pero si se celebrasen elecciones primarias, seguramente su comunidad digital podría dar un susto a los demás contendientes. Izquierda Unida ha perdido capacidad de mediación después de los malos resultados en Andalucía. Si esta semana logran cerrar un pacto, quizás salven algunos muebles. Mientras tanto, el PSOE va pasando el rastrillo con el objetivo de ser el primer partido.

Calles Unión y Amnistía en Madrid
Calles Unión y Amnistía en Madrid LV

Hay otras negociaciones en curso: la presentación de candidaturas unitarias de toda la izquierda al Senado y la posibilidad de que en algunas provincias pequeñas o medianas solo se presente el PSOE, incorporando en sus listas a candidatos del Frente Amplio, encogido o desplegado. Son negociaciones que exigen manos de pianista. La ‘izquierda de la izquierda`’ tiene en estos momentos un serio problema: sus cúpulas han estallado, no hay concilio de Nicea capaz de reconciliarlas, y en las plazas emerge una nueva generación contestaria al margen de las siglas de hace diez años.

Acabada la recepción de ayer en el Palacio Real, deambulé un rato por el barrio de Ópera, intentando organizar mentalmente las notas para este Penínsulas coyuntural. En las inmediaciones del Teatro Real me hallé ante una curiosa encrucijada: la esquina que forman las calles Unión y Amnistía.

Enric Juliana Ricart

Enric Juliana

Adjunto al director

Ver más artículos

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

Etiquetas

Mostrar comentarios

Fonte: Portada

Deixe um comentário

O seu endereço de email não será publicado. Campos obrigatórios marcados com *