Una serpiente de oro, treinta años después

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Por Raquel Fernández SobrínPortada

Una serpiente de oro, treinta años después

Alta joyería

Roberto Coin recupera uno de sus diseños de los noventa y lo devuelve al presente con nuevas proporciones, acabados y una idea intacta: hacer que el oro se mueva

Colección Cobra para celebrar el 30 aniversario de la casa

Colección Cobra para celebrar el 30 aniversario de la casa

Roberto Coin

Raquel Fernández Sobrín

17/09/2026 06:40 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Hay diseños que regresan porque alguien ha decidido buscarlos en un archivo y otros que nunca llegaron a marcharse del todo. Cobra pertenece más bien a los segundos. Roberto Coin creó la colección en los años noventa, cuando la firma que lleva su nombre daba sus primeros pasos, y tres décadas después ha decidido recuperarla como una de las piezas con las que celebrar su aniversario. La elección dice bastante de cómo ha cambiado la relación de la joyería con su propia historia: volver atrás ya no significa necesariamente reproducir el pasado, sino comprobar qué ideas todavía funcionan en el presente.

En Cobra, la respuesta está tanto en su aspecto como en su construcción. Su nombre procede de la sucesión de espirales que envuelve el cuerpo, pero buena parte de su personalidad depende de algo menos evidente: un sistema de pequeños eslabones articulados que permite que collares y pulseras se flexionen y acompañen el movimiento. La estructura, compleja pese a la aparente sencillez del resultado, hace que el metal pierda parte de la rigidez que solemos asociarle y se comporte casi como un material textil. Más que descansar sobre el cuerpo, lo rodea.

Volver atrás ya no significa necesariamente reproducir el pasado, sino comprobar qué ideas todavía funcionan en el presente

Brazalete de la colección Cobra de Roberto Coin en oro amarillo de 18 quilates, adornado con un llamativo diseño geométrico de diamantes y zafiros rosas
Brazalete de la colección Cobra de Roberto Coin en oro amarillo de 18 quilates, adornado con un llamativo diseño geométrico de diamantes y zafiros rosas Roberto Coin

El joyero presentó el primer capítulo de este regreso el pasado julio en Venecia, durante la celebración del 30 aniversario de la casa. En el Hotel Excelsior del Lido, frente al Adriático, Cobra apareció entonces en su versión más excepcional, convertida en una pieza de alta joyería realizada en oro amarillo y recorrida por un degradado de diamantes y zafiros rosas. La colección que llega ahora a las boutiques hace el recorrido inverso. Parte de aquella pieza extraordinaria para trasladar la idea a joyas concebidas para entrar en un armario cotidiano.

Hay collares, pulseras, anillos y pendientes en diferentes escalas; algunos pensados para superponerse y otros con suficiente volumen para funcionar solos. El oro amarillo aparece pulido o satinado y se combina, según la pieza, con diamantes y esmalte blanco. La serpiente está sugerida más que representada: no hay cabeza, ojos ni una reproducción literal del animal. Queda su movimiento.

Collar de oro blanco con diamantes y zafiro azul perteneciente a Cobra High Jewelry
Collar de oro blanco con diamantes y zafiro azul perteneciente a Cobra High Jewelry Roberto Coin

Ese detalle también separa Cobra de una larga tradición de serpientes mucho más figurativas en joyería. El motivo lleva siglos apareciendo y desapareciendo de collares, brazaletes y anillos, cargado sucesivamente de ideas de eternidad, transformación, protección o peligro. Aquí interesa menos el símbolo que su traducción formal. El joyero veneciano toma la capacidad del animal para enrollarse y desplazarse y la convierte en un problema de ingeniería: cómo conseguir que una sucesión de piezas de oro tenga flexibilidad sin dejar de conservar volumen.

Treinta años son suficientes para que una pieza pueda despertar nostalgia, pero también para comprobar si era hija de su época o contenía una buena idea. Cobra regresa con otros acabados, proporciones y combinaciones, pero conserva aquello que justificaba el diseño original: hacer que el oro se mueva.

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Fonte: Portada

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