Un aviso que no fue suficiente
Por Editorial La Vanguardia — Portada

Un aviso que no fue suficiente 10/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
En su comparecencia ante el pleno del Congreso, el jueves de la semana pasada, Pedro Sánchez anunció que desvelaría los informes reservados, en poder de su Gobierno, relativos al asalto a Ceuta protagonizado el 30 de julio por unos 80.000 inmigrantes. El martes, el Consejo de Ministros aprobó la desclasificación. Ayer, pasadas las cinco de la tarde, los informes se publicaron en el portal digital de la Moncloa.
El propósito del Ejecutivo al acometer esta inusual desclasificación tenía, entre otros, dos objetivos. Por una parte, rebatir o atenuar las extendidas acusaciones de imprevisión, demostrando que el conjunto de las informaciones de las que disponía, recogidas por distintos servicios de seguridad, no inducían de modo inequívoco a ordenar un despliegue excepcional para tratar de contener lo que acabó en asalto masivo.
Las alertas sobre Ceuta no fueron totalmente explícitas en conjunto, pero contenían indicios elocuentes
Por otra parte, su objetivo sería también defender uno de los flancos por los que le ataca la oposición señalando que su negativa a atribuir a Marruecos la autoría intelectual del asalto se derivaría de que Sánchez es rehén de un chantaje de Rabat. Si tales ataques se probaran fundamentados, el presidente debería rendir cuentas por una posible traición a su país. Pero si fueran una insidia, la razón de Estado, que incluye la preservación de las mejores relaciones posibles con Marruecos, afloraría como un motivo razonable para apostar por la prudencia y no atacar desde la Moncloa al país vecino sin pruebas concluyentes.
El paquete ayer desclasificado reúne cerca de cuarenta documentos, elaborados por la Policía Nacional, la Guardia Civil, el CNI y otros servicios estatales, entre informes, grabaciones de comunicaciones internas, etcétera. Todos ellos, fechados en julio, durante el mes previo al asalto. De su lectura desapasionada se deduce que si bien las alertas recogidas no eran en su conjunto absolutamente explícitas, sí contenían indicios elocuentes de que podía ocurrir un asalto masivo.
Los primeros documentos recuerdan que en el 2025 hubo ya un importante número de intentos de entrada a nado a Ceuta, aunque solo se materializó una parte menor, y reflejan además una curva al alza, aunque contenida, durante las tres primeras semanas de julio. Otros documentos relativos al riesgo de posibles entradas irregulares, ya en el último tramo del mes, detectan en las redes ofertas de trajes de neopreno y experiencias de avezados nadadores, pero también señalan que el riesgo estaría en fase incipiente, si bien no descartan un posible cambio de tendencia. Ya el día 28, un informe indica que los 921 cruces a nado contabilizados en lo que iba de julio permitían hablar de “una amenaza consolidada y prioritaria”.
Pero fue el 29 de julio cuando una nota urgente del CNI dio noticia de dos grupos de Facebook, que sumarían 182.000 miembros, en los que se convocaba a realizar entradas irregulares en Ceuta, por la valla o a nado, aprovechando los días de la Fiesta del Trono marroquí y en concreto el 30 de julio. También son del día 29 informes que observan un “aumento de la colaboración de la Marina Real Marroquí”.
La crisis de la ciudad autónoma tiene combustible para seguir inflamando la política
Ese caudal de informaciones, a veces contradictorias, dejó paso el día 30 a la constatación sin ambages del “caos migratorio”, de unas “fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado saturados”, de una “situación desbordada” y de unos “hechos de extrema gravedad”. Y, también, de que la policía marroquí, según el CNI, había perdido el control y no era ya proactiva.
¿Bastaban los mensajes anteriores al día 30, dada su relativa ambigüedad, dada la fecha de su emisión y dados los destinatarios a los que llegaron, para ordenar el refuerzo de la frontera con fuerzas capaces de frenar a los cerca de 80.000 inmigrantes? Esta pregunta es de compleja respuesta. Aunque planteará muchas y de muy diverso signo, según las formule el Gobierno o la oposición. Pero si volvemos a dos de los objetivos que perseguía Sánchez al desclasificar los documentos, diremos que estos no rebaten la idea de que las comunicaciones entre servicios de información y Gobierno no funcionaron de modo efectivo. Diremos asimismo que no acreditan la autoría intelectual de la crisis del régimen marroquí.
La crisis de Ceuta tiene combustible para seguir inflamando la política española. Y, lamentablemente, seguirá minando la confianza en las instituciones. La desconfianza entre partidos es hasta cierto punto comprensible. Pero jamás debería proyectarse hacia las instituciones, abonando entre los ciudadanos el descrédito del Estado y de su funcionamiento.
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