Trump obliga a Londres a “revisar” la entrega de las islas Chagos a Mauricio

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Por Rafael RamosPortada

Trump obliga a Londres a “revisar” la entrega de las islas Chagos a Mauricio

Asamblea General de las Naciones Unidas

El premier británico Andy Burnham cede ante las presiones de Washington

El primer ministro británico Andy Burnham en las Naciones Unidas

El primer ministro británico Andy Burnham en las Naciones Unidas

Toby Melville / Ap-LaPresse

Rafael Ramos

Rafael Ramos

Londres. Corresponsal

23/09/2026 20:37 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

“Señor, sí señor”, dijo con la gestualidad Andy Burnham al reunirse con Donald Trump en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, inclinando la cabeza y haciendo una genuflexión metafórica ante el titular de la Casa Blanca cuando le pidió –u ordeno, exigió, demandó o el verbo que quiera usarse– que paralizara la entrega de la soberanía de las islas Chagos a Mauricio. O como dicen las fuerzas especiales de los Royal Marines, Yes Sir, British Commando, Sir. 

Es una expresión en el ámbito militar de sumisión, de subordinación, de respeto a la autoridad y de acatamiento de una orden, que en el fondo es lo que ha hecho Burnham en el terreno diplomático. Ante Trump, adiós a todas las tablas y la seguridad en sí mismo que había demostrado hasta ahora en la esfera doméstica. A la reunión con el presidente norteamericano acudió hecho un manojo de nervios, como el padre de la novia que va a conocer a su futuro suegro, o el adolescente rebelde al que convoca el director del colegio, o el trabajador anónimo citado inesperadamente por el CEO de la empresa. Mal asunto. ¡Ufff!

Pocas horas después de que Burnham hiciera un humilde gesto afirmativo con la cabeza mientras Trump explicaba a la prensa que el acuerdo para la entrega de la soberanía del archipiélago de Chagos a Mauricio era un “error horrible y estúpido”, y dijera que “creía” que el gobierno británico iba a “revisar esa decisión”, el Ministerio de Defensa del Reino Unido confirmó que, efectivamente, el pacto ha quedado suspendido a la espera de un compromiso que satisfaga a todas las partes (es decir, también a Trump), y que la nación del Índico no iba a recibir por el momento ni un céntimo del dinero prometido.

Londres firmó el año pasado un tratado por el que renunciaba a la soberanía sobre las Chagos y se la daba a Mauricio, país al que pagaría entre 140 y 190 millones de euros anuales durante 99 años (una factura total de alrededor de 40.000 millones) por el alquiler de la base militar de Diego García, de uso conjunto británico y norteamericano, y que EE.UU. utiliza para sus bombardeos periódicos en la región del golfo Pérsico.

Pero cuando Trump está por medio, hasta los tratados internacionales son papel mojado. Muchos líderes juguetean con la idea de plantarle cara, pero (ayatolás iraníes aparte) sólo el primer ministro canadiense Mark Carney se ha atrevido a hacerlo. Burnham, sin experiencia internacional, acudió a la cita en las Naciones Unidas con aire de cordero degollado, más o menos como su predecesor Keir Starmer, quien sólo muy al final de su mandato se opuso a los designios del titular de la Casa Blanca de utilizar Diego García para bombardear Irán, y se llevó una bronca de aúpa.

El manual para tratar Trump (de Downing Street y también de la Unión Europea y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte) consiste en agasajarlo, enjabonarlo y hacerle regalos, para que en vez de enviar los marines a Groenlandia “sólo” se ocupe de seguridad y establezca dos nuevas bases militares, y en vez de imponer a Europa aranceles del 50% como a los más pringados, las tarifas se queden en el 15% (y recíprocamente, a las exportaciones de Washington, cero). La táctica de amenazar primero y hacer alguna concesión después le funciona al presidente a las mil maravillas, así que para qué cambiar de plan.

Agradecido a Burnham por su sumisión en el tema de las Chagos (que EE.UU. considera importante para su seguridad nacional), Trump no sacó el asunto de las sanciones comerciales del Reino Unido a los colonos de Cisjordania, ni se metió con su política medioambiental verde (respiro de alivio). Además, dijo que el premier británico “es un hombre con el que puede hacer negocios” (la misma frase que usó Thatcher con Gorbachov), y calificó a Gran Bretaña de “país con un gran potencial”, como si fuera una nación pobre en vías de desarrollo.

El tratado con Mauricio ha quedado en pausa. Yes Sir, British Commando, Sir , dice el teniente Joyce al coronel Nicholson en El puente sobre el río Kwai . Y también Andy Burnham a Donald Trump. Señor, sí señor .

Rafael Ramos

Rafael Ramos

Corresponsal de 'La Vanguardia' en Londres

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Abogado y periodista. Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.

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