Tarazona vuelve a 1170 para recrear una boda histórica
eldiario.es – eldiario.es

La ciudad zaragozana recreará en octubre el enlace entre Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet y estrena nuevos espacios visitables en el Palacio Episcopal y la Catedral de Santa María de la Huerta
Hay bodas que duran un día y otras que dejan huella durante siglos. La que tuvo lugar entre Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet pertenece, sin duda, a la segunda categoría: en 1170, las dos casas reales eligieron la localidad de Tarazona para celebrar un enlace que tenía tanto de estrategia política como de acontecimiento cortesano. Con aquel matrimonio, Castilla tejió una alianza política de primer orden con la poderosa dinastía Plantagenet, que dominaba buena parte de Europa occidental.
Ahora, más de ocho siglos después, la ciudad zaragozana recupera aquel episodio con una recreación histórica que recorrerá algunos de los lugares que fueron escenario de aquella historia. Será el 11 de octubre en el marco de la propuesta Amor en tierra de frontera, en una recreación que permitirá recorrer el casco histórico siguiendo los pasos de una boda que reunió a dos jóvenes de apenas 14 y 10 años.
La elección de Tarazona no fue casual. Situada en un enclave estratégico entre los reinos de Castilla y Aragón, la ciudad se convirtió durante aquellos días en punto de encuentro de prelados, nobles y cortesanos llegados de distintos territorios. Hubo cabalgatas, torneos y celebraciones y, por unos días, Tarazona fue uno de los escenarios de la política medieval europea.
La recreación tendrá dos paradas especialmente vinculadas a aquella historia: la iglesia de Santa María Magdalena, donde se celebró el enlace, y el Palacio Episcopal, entonces una antigua zuda musulmana convertida posteriormente en castillo cristiano. La iniciativa está impulsada por la Fundación Tarazona Monumental en colaboración con el Obispado de Tarazona, el Cabildo Catedralicio, el Ayuntamiento de Tarazona y la Diputación de Zaragoza, con el patrocinio del Gobierno de Aragón.
Un palacio lleno de historia
La boda medieval es también una excusa perfecta para volver la mirada hacia el Palacio Episcopal, uno de los edificios que concentran buena parte de la historia de Tarazona. Declarado Bien de Interés Cultural en 2020, el antiguo castillo amplía este otoño sus espacios visitables y sus horarios, de martes a domingo.
El recorrido permite seguir la transformación del edificio desde su origen como zuda musulmana hasta su conversión en residencia episcopal. Entre las novedades destaca el acceso a la cúpula, donde pueden contemplarse de cerca unas pinturas del siglo XVI recientemente descubiertas y restauradas. La visita completa una escalera noble renacentista decorada con representaciones mitológicas, monárquicas y religiosas, concebidas también como una muestra de poder y representación.
Recreación de una boda medieval
A este nuevo espacio se suma la apertura de las antiguas caballerizas medievales, que acogen el espacio interpretativo De Zuda a Palacio Episcopal. El visitante puede conocer así la evolución arquitectónica e histórica del conjunto y acceder también a la antigua zona residencial y administrativa, con espacios como las cocinas y la caja fuerte, además de los calabozos, que incorporan nuevos contenidos explicativos.
La experiencia se puede organizar también con antelación. La venta online de entradas permite reservar las visitas directamente, mientras que se ha habilitado un canal específico para grupos y centros escolares. En la web de la Fundación Tarazona Monumental se pueden consultar además rutas, materiales descargables y visitas virtuales.
Una catedral con siglos de arquitectura
La otra gran parada de cualquier recorrido por Tarazona es la Catedral de Santa María de la Huerta. El templo suma este 2026 una nueva capilla restaurada, la de Santiago el Mayor, donde han salido a la luz nuevas pinturas.
La historia de la catedral es, en buena medida, la historia de las distintas culturas que han pasado por la ciudad. En su arquitectura conviven el gótico francés, el mudéjar y elementos renacentistas que hacen del edificio uno de los conjuntos más singulares de todo Aragón. Su restauración, después de permanecer cerrada durante tres largas décadas, permitió recuperar pinturas que habían permanecido ocultas desde el Concilio de Trento, que tuvo lugar entre 1545 y 1563.
La catedral de Santa María de la Huerta a vista de pájaro
Entre ellas están las grisallas de la cúpula del altar mayor y del tambor del cimborrio, con representaciones de personajes bíblicos y mitológicos y un discurso simbólico relacionado con el bien y el mal. Son precisamente estas pinturas las que han dado al templo el sobrenombre de ‘Capilla Sixtina del Renacimiento español’. También merece especial atención su claustro mudéjar, otro de los elementos que diferencian al conjunto.
Pero el patrimonio de Tarazona no termina en sus dos grandes monumentos. El recorrido por la ciudad permite descubrir un entramado urbano medieval junto a palacios renacentistas, iglesias y conventos de diferentes épocas. La Plaza de Toros Vieja, el Teatro Bellas Artes y el actual Ayuntamiento, instalado en la antigua lonja, son algunas de las paradas que completan la visita. A ellas se suma un patrimonio industrial menos conocido, con la antigua estación de tren y distintas fábricas construidas a comienzos del siglo XX.
Otoño en el Moncayo
La escapada puede prolongarse más allá de las calles de Tarazona. A pocos kilómetros de la ciudad, el Parque Natural del Moncayo alcanza durante el otoño uno de sus momentos más bellos, con sus bosques de pinos, encinas y robles cambiando de color.
Vista aérea de Tarazona
La naturaleza permite además completar la visita con la gastronomía y la riqueza micológica de la zona. Y, a poca distancia, el Monasterio de Veruela ofrece otro de los grandes reclamos patrimoniales del entorno. El conjunto cisterciense, cuyos orígenes se remontan al siglo XII, conserva buena parte de su estructura y mantiene también un vínculo literario con Gustavo Adolfo Bécquer, que pasó una temporada allí junto a su hermano Valeriano y escribió algunas de sus obras, entre ellas las Cartas desde mi celda.
Así, la recreación de aquella boda de 1170 funciona como punto de partida para descubrir una ciudad cuyo patrimonio permite recorrer en pocos kilómetros buena parte de la historia de Aragón, desde la herencia musulmana y medieval hasta el Renacimiento, el siglo XIX y el patrimonio industrial del XX.
Fonte: eldiario.es – eldiario.es