Slobodian, biógrafo de Musk: “Quiere la fusión humana con la máquina”

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Por Andy Robinson — Portada

Slobodian, biógrafo de Musk: “Con la excusa de evitar el aniquilamiento, quiere la fusión humana con la máquina”

Entrevista al autor de ‘Muskismo y la nueva era posliberal’

“El futuro en el que nos tocará vivir será el que Musk elija,” dice el historiador de la Universidad de Boston

Quinn Slobodian

Quinn Slobodian

Kayana Szymczak

Andy Robinson

Andy Robinson

MADRID

27/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

El muskismo es una ideología de poder absoluto y peligrosas fantasías para la era posliberal, según el historiador canadiense Quinn Slobodian, coautor de una biografía intelectual de Elon Musk que acaba de editar Taurus en España:  Muskismo: Elon Musk y la nueva era posliberal. En esta entrevista, Slobodian especula sobre la próxima fase del imparable ascenso del hombre más rico del planeta, pionero de vehículos eléctricos y cohetes espaciales, que ya entra de lleno en la inteligencia artificial. “El futuro que nos toque vivir será en gran medida el que Musk elija”, resume el catedrático de Boston University.

¿Cree que Musk es sincero cuando advierte, junto a los otros oligarcas de tecnología,  sobre el peligro existencial de la IA? ¿O es todo un juego en el que está velando por sus propios intereses empresariales?

Primero diría que las declaraciones de Musk varían según el  momento. Ya sea sobre si el futuro de SpaceX serán los centros de datos en el espacio o si será la conectividad de Starlink. O si Sam Altman (OpenAI) y Dario Amodei (Anthropic) son personas en las que no se puede confiar, agentes del “virus mental progresista woke”… o si son gestores perfectamente razonables de la IA con los que hay que contar para coordinar la tecnología en el interés de la humanidad. Todo esto varía bastante en el discurso de Musk. Esta última jugada, en la que Musk da su visto bueno a la idea de controlar el ritmo de avance de la IA, no es muy difícil de explicar. Es un intento de crear un cártel para ejercer control directo sobre el gobierno y construir un foso de protección alrededor de las grandes empresas de IA, ya que serán ellos quienes redacten las normas. Es más, si Musk consigue entrar en el club junto a Google, OpenAI y Anthropic, habrá logrado una importante victoria desde su punto de vista. Porque su empresa xAI fue una de las últimas en llegar al negocio.

¿Entonces su compromiso con la prevención del peligro es cuestionable?

Lo más sensato es interpretar lo que está diciendo ahora sobre la IA como declaraciones tácticas. En el libro demostramos que,  Musk ha sido  de la corriente aceleracionista. Es decir, cree que, para evitar el peligro de la IA, los humanos tendríamos que fusionarnos con las tecnologías de red lo antes posible a través de la empresa de interfaces cerebro-ordenador Neuralink, que él creó hace diez años.

Esto es lo que deja a uno boquiabierto leyendo el libro. O sea que, para Musk, el miedo a la aniquilación sería motivo para fusionar la inteligencia artificial con nuestra propia inteligencia humana mediante implantes y robots humanoides, ¿es así?

Esa fue otra de las cosas que Ben y yo solo llegamos a comprender mientras escribíamos el libro. Y aún no forma parte de la interpretación canónica del muskismo. Desde hace diez años, él ha afirmado repetidamente que la IA no es un desarrollo futuro, sino del presente. Que ya nos estamos convirtiendo en una inteligencia artificial, un simbionte entre humanos y máquinas. Para Musk, ya existen enormes colectivos cibernéticos a través de las redes sociales que alimentan la IA. Quiere acelerar este proceso. Por eso plantea la necesidad de fusionarnos con las máquinas. Piensa que hay que crear un simbionte humano-máquina que se mantenga por delante de una potencialmente malévola superinteligencia digital capaz de aniquilarnos a todos. Por usar la metáfora de Terminator (la película cyborg de 1984 con Arnold Schwarzenegger), Musk cree que tenemos que correr más rápido que Skynet. Si no, Skynet (Terminator) nos alcanzará…

¿Y qué significa eso exactamente?

Significaría que tuviéramos estas interfaces cerebro-ordenador implantadas en el cerebro. Él ya ha dicho que los interfaces deberían ser un producto de consumo masivo. Calcula que la llamada IA física de los robots humanoides será diez veces superior al número de seres humanos del planeta.

Parece pura fantasia de ciencia ficcion..

Es un excelente argumento para vender el producto tanto a los aficionados como a los inversores, porque básicamente Musk dice: “Vamos a seguir gastando, vamos a seguir invirtiendo y vamos a seguir creando nuevos productos, y esos productos llegarán a mercados enormes, y eso se traducirá en beneficios y dividendos para vosotros, los primeros inversores”. Y si suena descabellado, solo hay que pensar en lo que habrías ganado de haber invertido en Tesla en 2009 o de haber sido inversor privado en SpaceX hace 10 o 15 años, Musk utiliza su trayectoria del pasado como argumento para legitimar lo que, en otras circunstancias, parecerían visiones realmente descabelladas del futuro.

También habla de la necesidad de fusionar la inteligencia humana con la artificial para evitar  una IA “wokista”, ¿verdad? Parece más delirante aún…

Sí. La batalla contra el virus woke, para Musk, requiere niveles cada vez mayores de fusión con las máquinas. Tras el lanzamiento de ChatGPT y, sobre todo, desde que fundó xAI, su discurso cambió. Denunciaba a  OpenAI y Anthropic, por supuestamente utilizar modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM) cuyos datos estaban impregnados de un “virus mental progresista y woke”. Así pues, la razón para crear xAI y Grok fue crear una IA “anti-woke” que no cayera presa de los peligros políticos que  Musk pensaba que estaban generando sus competidores.

Surrealista. Es difícil saber hasta qué punto Musk habla en serio sobre lo que piensa. ¿Lanza estas ideas aparentemente descabelladas solo con el fin de conseguir más capital? ¿O realmente cree en ellas? Porque, como explican en el libro, se empapó de la ciencia ficción de ciborgs, de Kevin Warwick o Ray Kurzweil o de películas manga como Ghost in the Shell,  ¿no? Pero, al mismo tiempo, cuando empezó a escribir 40 tuits por hora en Twitter/X, lo hacía básicamente porque sabía que así podía manipular los mercados.

 Es imposible averiguar si se lo cree o no. Lo que sí pensamos es que es, por encima de todo, un capitalista. Y que, como capitalista, sigue el dictado del capitalismo, que es la acumulación —la acumulación máxima—, a lo largo del tiempo, convertir el dinero en más dinero. Y él, como hijo de la era digital, se da cuenta de que se trata de un proyecto de acumulación sin fin. Gestiona ese proyecto de acumulación a través de las nuevas posibilidades que ofrecen el ordenador, la tecnología de redes y el Internet. Y, por eso, para él, expresar ese impulso, ese imperativo de acumular en términos digitales o cibernéticos, es algo perfectamente natural, porque ahí es donde se gana el dinero. Esas son las nuevas fronteras de la productividad y la innovación. Así que, cuando dice que nos convertiremos en ciborgs, ¿lo dice porque leía ciencia ficción de niño? ¿O lo dice porque existe un mercado consolidado para la expansión de las interfaces cerebro-ordenador, los dispositivos vestibles (wearables) y las prótesis? No es una cosa u otra, sino ambas. Estas narrativas siempre encajan a la perfección con el lenguaje de la inversión especulativa.

Lo que crea zozobra es que Musk es capaz de plasmar sus  ideas –por delirantes que sean- en la realidad, gracias al acceso a enormes cantidades de capital., ¿verdad?

Sí. La singularidad de su posición es realmente difícil de exagerar. Póngase en el lugar de alguien cuyos caprichos, fantasías y pasiones juveniles se han convertido en una realidad hasta el punto en el que lo convierte en el primer billonario —con más de un billón de dólares— de la historia. ¡Musk cree que está reescribiendo Matrix (película de ciencia ficción y hackers, con Keanu Reeves, hecha en 1999) en tiempo real! Piensa que no solo ha descifrado el código para poder burlar el sistema, sino que está rehaciendo el sistema personalmente.

Hacia el final del libro, ustedes plantean cuatro escenarios posibles sobre cómo podrían desarrollarse los planes de Musk en el futuro. Uno de ellos es bastante benigno: la vuelta a las tecnologías diseñadas en torno a Tesla para hacer frente a la crisis climática. Luego está el escenario de la IA robótica, de cíborgs. Y después, otro, en el que vuelve a acercarse al Pentágono. Y luego… hay otro muy maligno en el que sus ideas fascistoides y racistas, se convierten en el motor de todo. ¿Desde que escribiste el libro, hay algún indicio más de hacia dónde podría dirigirse?

Es una buena pregunta. Llevaba unos meses diciendo que se estaba alejando de la política, pero ahora se sabe que  es uno de los mayores donantes para el ciclo de las elecciones legislativas en noviembre. Musk construyó su imperio, tanto Tesla como SpaceX, mediante la fusión de sus empresas con el Estado. Así que está forjando el futuro personalmente, y por eso, el futuro que nos toque vivir será en gran medida el que Musk elija.

“Musk construyó su imperio, tanto Tesla como SpaceX, mediante la fusión de sus empresas con el Estado”

 ¿Cree que su visión de los ciborgs será efectivamente el futuro?

Creo que ese imperativo ciborg siempre estará ahí. Él siempre va a pensar que fusionarse con las máquinas es el camino hacia los beneficios para sus empresas en el futuro. Pero —si las circunstancias son tales que, por ejemplo, las cadenas de suministro de petróleo siguen colapsadas y el cambio climático provoca cada vez más desastres— puede volver a esa historia del carbono con la que empezó con Tesla. Le puede parecer más lucrativo. Y eso es algo que sí ha cambiado desde que publicamos el libro. Quiero decir que, cuando publicamos el libro en inglés a principios de este año, los vehículos eléctricos parecían estar muertos, y a él parecía no importarle  demasiado porque había pasado página. Pero ahora, con el precio del petróleo en alza, hay cada vez más interés por los vehículos eléctricos. Las ventas de Tesla aumentan  en Estados Unidos y Europa. Hay más interés en el almacenamiento mediante baterías. Así que Musk está hablando mucho de la energía solar. Por eso, creo que hay un futuro en el que, incluso si se tiene un Congreso demócrata, o incluso una presidencia demócrata, Musk se rehabilitaría muy rápidamente. De hecho, creo que eso ocurriría si los demócratas volvieran al poder. Se vería a sí mismo como un luchador por el clima y un fiel aliado del Gobierno de Estados Unidos. Y ya sabes, todo el mundo decidiría colectivamente olvidar toda esa retórica vil que le precedió.

O sea Musk y otros oligarcas tecnológicos abandonarían el bando de MAGA para volver a sus ex amigos demócratas.

Supongo que uno de los mensajes que Ben y yo queremos transmitir en el libro es que no se trata de Musk solo. Es decir, él es una expresión, una especie de depredador alfa en un sistema político-económico concreto, y ese sistema sigue dependiendo enormemente de los beneficios y el rendimiento de un puñado de empresas de Silicon Valley. Así que, aunque haya un demócrata progresista en la Casa Blanca a partir del 2028,  se verá obligado a asociarse con Musk y los otros  pesos pesados de Silicon Valley igual que  Trump. La alternativa es correr el riesgo de destruir la economía estadounidense. ¿Qué vas a hacer? ¿Expulsar a Zuckerberg, Bezos, Musk y (Satya) Nadella por su complicidad con el régimen de Maga y provocar así una recesión? No es una opción. Así que, en realidad, tienen las manos atadas desde un punto de vista estructural. El muskismo no es algo que se pueda activar y desactivar.  Es el sistema operativo del mundo posneoliberal.

¿Hay alguna manera de limitar su poder?

Va a requerir mucha reflexión y reformas drásticas para desmantelarlo. La UE ya sabe lo difícil que será lograr algo parecido a la soberanía digital. España lo sabe, quizás más que nadie, porque ha sido el blanco de la intervención de Musk y de sus ataques públicos. Europa está empezando a darse cuenta. En Estados Unidos ni siquiera piensa en ello.

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