Se venden petardos
Por Carlos Zanón — Portada
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Todos tenemos en determinados lugares de nuestras ciudades un sitio que abre dos o tres veces al año en el que se venden petardos, cohetes, luces de colores, pirotecnias mil. Todos hemos pensado a qué se dedican esos trabajadores cuando no hay verbenas o celebraciones. Qué hacen el resto del año o, como en una canción romántica chunga, ¿qué haces cuando no piensas en mí? Ampliar el negocio, a Halloween, vender disfraces o los mismos que en verano nos podían vender helados luego nos venderán boniatos y castañas. En fin, esas maneras de perder el tiempo con lugares y oficios que funcionaban a modo de sitios donde se celebraban rituales. Del mismo modo, hace años que incluso el fútbol quedaba en suspenso. Se acababan las competiciones, los jugadores se iban de vacaciones, las oficinas de los equipos cerraban. Ah, qué nostalgia sin remedio porque ese tiempo pasó y ya no volverá. Todo está y va a seguir abierto 24 horas al día. Estamos encerrados en un scroll infinito. Somos un capítulo aterrador de Black mirror.
Fonte: Portada