Regreso al XVIII
Por Carlos Zanón — Portada

Regreso al XVIII 08/10/2026 12:11 Actualizado 08/10/2026 12:25 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
En las guerras, alguien tiene el dudoso honor de ser el primer muerto que parece hacer estallar todo y el último, como símbolo de la mala suerte. De momento, en este ambiente prebélico donde los golpes de Estado se hacen sin tanques y los asesinatos sin pistolas ya nos hemos cobrado la primera víctima. La bajeza moral de parte de la clase política, periodística y social ya se exhibió largamente estas dos últimas semanas, pero dio el do de pecho la misma noche en que nos llegó la noticia de la muerte de Maricarmen Abascal en el Gregorio Marañón.
Desde los que echaron el cadáver encima del otro hasta la que hizo énfasis en que había muerto en un hospital público. Mucho antes, vimos el vertido de detritus de los que trataron de desprestigiar a una enferma de 87 años, que solo trataba de que no la echaran de la casa donde había vivido más de 70 pagando un alquiler, al parecer muy fuera de mercado.

Ya no se sabe si la polarización escaló de abajo arriba o fue al revés. Si fueron los políticos para sacar réditos o estos solo interpretaron la partitura que les dictamos. Pero a los ahora llamados rentistas, fondos buitres y propietarios especuladores se les ha puesto cara de aristócratas del XVIII, que vivían de arrendar tierras a los desgraciados, que no entienden que el pueblo quiera pan y no coma pasteles y suspiran porque la policía disuelva la chusma acampada.
A un lado, los fondos, y en el otro, los que quieren vivir y morir bajo un techo digno
En el otro lado, sueños de pólvora y guillotina si hay más Maricármenes, si se les desoye el deseo de tener una casa, poder pagarla, arrebatar de la especulación un bien social y poder tener un futuro. A un lado, los intereses económicos –fondos e inversionistas– y en el otro, los que quieren vivir y morir bajo un techo digno, asumible de acuerdo con lo que les pagan por su trabajo.

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Carlos Zanón
Por fortuna, esta sociedad –al contrario que la que desembocó en una contienda civil– está desarmada, estamos en Europa y somos profundamente pacifistas, con la certeza de que no hay patria que merezca la vida de nuestros hijos. Pero hace tiempo que no disimulamos que, para cualquier tema, estamos partidos en dos. Y de esa herida van supurando la inquina, la mezquindad, las ganas de venganza, ir más allá de la justicia reglada hasta una idea de ensañamiento a causa de no se sabe muy bien qué ni si tiene límite. Cigarras u hormigas, policía o guillotina, privilegio o derecho.
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