¿Qué será de Junts?
Por Toni Aira — Portada

¿Qué será de Junts? 22/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Hay gente que ve venir cosas. Y hay gente que, cuando las ve venir, hace algo al respecto. El centro político hace tiempo que ve venir problemas. El drama es que el mundo que le rodea se ha ido haciendo cada vez menos hospitalario con los matices. No es un fenómeno catalán. Alemania es estos días un buen ejemplo, con consecuencias, de cómo la presión de la derecha se suma a la creciente dificultad de habitar un espacio que no sea exactamente un bando.
En tiempos de polarización, no ser de unos ni de otros puede parecer menos una virtud que una falta de definición. Y eso, electoralmente, se paga. Lo pagaron socialistas y comunes en la Catalunya del procés , y lo pagan ahora quienes en la política dibujada por Salvador Illa como la de la elección “o Trump, o Sánchez; o Milei, o Sánchez; o Netanyahu, o Sánchez; o Abascal, Aznar y Feijóo, o Sánchez”, directamente no se sienten de este mundo.
El TC puede aportar una pieza clave al rompecabezas, sin prisa en Moncloa
Ante este panorama dicotómico tan marcado, los hay que se desorientan. Otros se paralizan. Y algunos optan por la política del avestruz. En Junts hace años que hay gente preguntándose qué será de Junts. Y, desde que nació, ha buscado definición, orden interno y un lugar propio en un ecosistema político que a menudo ha preferido dejarlo fuera de la ecuación.

Pero una carambola aritmética le dio un papel que en Catalunya los otros actores le han negado con admirable constancia. Incluso aquellos que reclaman, de vez en cuando, que el espacio posconvergente recupere centralidad han encontrado formas creativas de impedirla allí donde han tenido ocasión. Error. Porque, si ese espacio se hunde, el vacío no desaparecerá. Alguien lo ocupará. Y una Catalunya sin un centro catalanista y liberal suficientemente articulado puede acabar con una política aún más entregada a los extremos: por un lado, el polo de un eventual tripartito; por otro, una derecha cada vez más españolizada y populista.
Por eso también hay que mirar lo que se mueve dentro de este universo. Una fotografía del expresident Pujol con la exconsellera Victòria Alsina reivindicando transversalidad. Artur Mas empujando esa vía. Y antiguos adversarios de Puigdemont, como Marta Pascal, que ahora visitan y son bien recibidos en Waterloo.
No es todavía un proyecto. Pero tampoco es solo una fotografía ni un fuera de campo. Es un runrún todavía demasiado amortiguado por debilidades propias del espacio y por la fortaleza en forma de apisonadora institucional de sus adversarios.
Esta semana, el Constitucional puede aportar una pieza clave a un rompecabezas que en la Moncloa quizá no tienen ninguna prisa por acabar. Si no ocurre rápido, error. Es cierto que a menudo, en política, una incógnita no es un problema, sino una comodidad. Pero el limbo también debería tener fecha de caducidad. Y cuando llegue, Junts ya tendrá que decidir a las claras qué y cómo quiere ser. Y los demás deberán decidir si realmente quieren un centro político catalán o solo les gusta reivindicarlo cuando parece que no existe.
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