Precios por las nubes
Por Daniel Vázquez Sallés — Portada

Precios por las nubes
Opinión
13/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Salgo de la tienda con cinco productos que caben en mi mochila: un lomo de bacalao, dos tomates rosas, jamón dulce, 300 gramos de queso fresco y una bolsa de guisantes congelados. La broma me ha costado más de treinta euros, pero no culpo al tendero. A lo largo del verano y con la mente y el cuerpo de vacaciones, cualquier mierda de comida a desgana en restaurantes creados para atracar la gula del comensal costaba un mínimo de treinta euros por persona, con el añadido de que salías con la sensación de haber sufrido un atraco a mano armada. La diferencia entre ese restaurante pendenciero y la tienda es que, en la segunda, todo es de calidad y la calidad la pagas con resignación.
La subida de los precios alimenticios no es culpa del tendero. La subida de los precios es generalizada por culpa de una inflación que está convirtiendo nuestros bolsillos en papel de fumar. Los sueldos se estrangulan, pero seguimos necesitando gasolina para hacer funcionar nuestros organismos. Y con nuestra psicología tan atropellada por el catastrofismo, nos hemos afiliado al carpe diem pidiendo, incluso, un crédito bancario que asegure nuestro disfrute. Ya lo devolveremos.
Los ciudadanos ciegos tampoco pueden negar la realidad. Los precios están por las nubes, pero cuesta encontrar una mesa en un restaurante si no haces una reserva con dos días de antelación. Se vislumbra una catástrofe, pero no soy economista. Lo único que me vienen a la mente son los autócratas que gobiernan el mundo y que pronuncian la frase del coronel Kilgore en Apocalypse Now cada vez que se tocan el escroto: “Me gusta el olor a napalm por la mañana… Huele a victoria”.

En un artículo publicado en elEconomista, Javier Romera asegura que desde que empezó la guerra de los EE.UU con Irán, “el trigo se ha encarecido ya un 5,7%, hasta 242 euros por tonelada; el maíz un 12,6%, hasta 249 euros y la cebada un 10%, alcanzando ya 230 euros.” Incluso las marcas blancas están ya supeditadas a los problemas geopolíticos que trastornan nuestro bienestar emocional y nuestro poder adquisitivo.
La subida de los precios de la cesta de la compra tiene su origen en las malas praxis de cuatro jinetes del Apocalipsis salidos de madre, a los que se le ha sumado el invitado de siempre. A los ya mencionados conflictos geopolíticos -Ucrania, Oriente Medio, y los que vendrán- con el consiguiente bloqueo de rutas marítimas fundamentales y la imposibilidad de que fluya con normalidad el comercio de productos base, se le suman el cambio climático, el encarecimiento de la energía y el transporte y unos costes de producción desbocados. El quinto -al que siempre le sale el número ganador en la ruleta- es el especulador que aprovecha los momentos de necesidad y de crisis para incrementar sus beneficios. Los cuatro jinetes apocalípticos más el quinto rey del caos conforman un grupo poliamoroso que no tiene visos de fracasar a diferencia del poliamor defendido por los ingenuos.
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La culpa de la inflación ya no es solo de Putin. Cuando te conformas y pagas fortunas por unos tomates por culpa de la especulación, cuando pagas dos euros por un litro de gasolina por el que ayer pagabas un euro con cincuenta, el problema es tuyo, no del especulador.
Y los precios por las nubes, tan cerca de Dios.
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