Pedro Sánchez: del trauma a la resurrección política

0

Por Juan Carlos Merino Bravo — Portada

Pedro Sánchez: del trauma a la resurrección política

El escenario político

Diez años después del comité federal del PSOE que lo defenestró, Sánchez es el segundo jefe del Ejecutivo más longevo

Pedro Sánchez, en imágenes del 2016, en su despedida forzada como secretario general del PSOE.

Pedro Sánchez, en imágenes del 2016, en su despedida forzada como secretario general del PSOE.

Dani Duch

Juan Carlos Merino Bravo

Juan Carlos Merino

Madrid

27/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Muerto el perro, se acabó la rabia”, sentenciaron los más acérrimos enemigos internos de Pedro Sánchez. Así lo celebraron cuando, el 1 de octubre del 2016, defenestraron al secretario general del PSOE –solo dos años y dos meses después de auparle al cargo– tras las más de diez horas de máxima tensión que se registraron en el comité federal más “traumático y esperpéntico”, entre mutuas acusaciones de “golpismo” y “pucherazo”.

Diez años después de aquel comité federal que culminó la “semana trágica” del PSOE, el presidente del Gobierno pareció replicar hace pocas semanas a aquel funesto pronóstico: “Yo seré un perro, pero no tengo amo”. Sánchez esgrimió esta declaración de independencia ante Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal desde la tribuna del Congreso. Pero bien la podría haber dirigido, hace un decenio, a todo el establishment socialista que le derrocó para desencallar la gobernabilidad y renovar el liderazgo del PSOE.

“Mientras Sánchez sea líder del PSOE, no habrá presidente del Gobierno en España”, vaticinaron sus críticos

“Mientras Pedro Sánchez sea secretario general del PSOE, no habrá presidente del Gobierno”, alegaron entonces sus adversarios, para justificar una operación que se coronó con su dimisión en aquel abrupto cónclave socialista. Diez años después, y pese a que muchos de sus críticos de entonces nunca dieron su brazo a torcer por el “precio a pagar”, este augurio se demostró equivocado.

Sánchez resucitó después de que la gestora que tomó el mando de Ferraz y, finalmente, el comité federal, avalaran facilitar con la abstención de la mayoría de los diputados socialistas la investidura de Mariano Rajoy como jefe del Ejecutivo, apenas un mes después, para evitar otra repetición electoral.

Y Sánchez no solo recuperó contra todo pronóstico el liderazgo del partido, al ganar a Susana Díaz las primarias en mayo del 2017 a hombros de la militancia, sino que un año después, ya en junio del 2018, ganó –de nuevo, contra todo pronóstico– la moción de censura que tumbó a Rajoy, y fue investido presidente. Tras más de ocho años de mandato, Sánchez es el segundo jefe del Ejecutivo más longevo de la democracia, solo superado por los 14 años de Felipe González.

Quién se lo iba a decir a los que en el PSOE le bautizaron como Pedro I el Breve , cuando tomó por vez primera las riendas del partido en julio del 2014, como relevo del veterano Alfredo Pérez Rubalcaba y, a su juicio, como mero “hombre de paja”, en espera de que Susana Díaz tomara el poder.

Casi nadie en el PSOE, de los que estaban entonces en una u otra trinchera, quiere hoy rememorar aquel 1 de octubre que fracturó el partido y dejó heridas que, pese al tiempo transcurrido, aún supuran. “Fue muy, muy traumático, y muy triste”, recuerda un ministro socialista que en aquella batalla cerró filas con Sánchez.

Las primarias del 2017 pusieron después “las cosas en su sitio”, y Sánchez recuperó el liderazgo del PSOE. Aunque muchos de sus críticos le acusaron de una actitud “cesarista” y de tomar “represalias” para extirpar toda disidencia interna. Sus fieles, en cambio, lo niegan con un ejemplo. En aquel comité federal del 2016, la comisión de ética que intervino para tratar de solventar la pugna estaba conformada por tres dirigentes: la andaluza María Jesús Montero, la vasca Isabel Celaá y el madrileño Félix Bolaños. En las primarias del 2017, cada uno de ellos apoyó a un candidato diferente: Montero a Susana Díaz, Celaá a Patxi López, y Bolaños a Pedro Sánchez. Pero cuando éste llegó al Gobierno, los hizo ministros a los tres.

Para ganar las primarias, Sánchez se había embarcado, tras su dimisión, en una gira por España en su Peugeot en busca de apoyos. José Luis Ábalos y Santos Cerdán, que le acompañaron y le dieron respaldo moral en ese momento difícil le acabarían fallando y poniendo al PSOE en serios apuros.

Desde aquellos sucesos de hace diez años, otro ministro actual del PSOE solo aprecia un cambio en Sánchez: “Tiene la misma determinación, la misma ambición y valentía, pero mucha más experiencia”.

“En octubre del 2016, Pedro Sánchez está muerto y enterrado. Y un año y medio después es el presidente del Gobierno”, recalca otro dirigente ante ese insólito cambio de guion que acreditaría su “capacidad de resistencia”.

El debate por el liderazgo del PSOE quedó “enterrado” tras las primarias del 2017. Y así sigue, pese a que algunos dirigentes estén de nuevo “tomando posiciones” ante el debate sucesorio que irrumpirá si Sánchez no logra revalidar el cargo de presidente del Gobierno en las próximas elecciones generales del 2027.

Juan Carlos Merino Bravo

Juan Carlos Merino

Ver más artículos

Madrid, 1966. Redactor de La Vanguardia en Madrid desde 1997

Etiquetas

Mostrar comentarios

Fonte: Portada

Deixe um comentário

O seu endereço de email não será publicado. Campos obrigatórios marcados com *