Palacio del marqués de Rozalejo (★★★★✩): marqueses, okupas y ciudadanos
Por Llàtzer Moix Puig — Portada
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CRÍTICA DE ARQUITECTURA
El rehabilitado edificio de Pamplona recupera su diseño histórico y le da nuevo uso

Perspectiva interior del palacio del marqués de Rozalejo, Pamplona.

Llàtzer Moix Puig
20/10/2026 18:48 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Rehabilitación del palacio del marqués de Rozalejo: ★★★★✩
Arquitectos: Tabuenca & Leache
Ubicación: Pamplona. Calle Navarrería, 17
No hay en Pamplona un palacio barroco como el del marqués de Rozalejo, construido a mediados del siglo XVIII. Esta edificación, de regia fachada, dotada con una escalera imperial y estancias nobles, ha sufrido, como tantas, los estragos de la historia. Fue subdividida en infraviviendas en el siglo XIX, padeció mutilaciones y agregaciones desafortunadas y, recientemente, saboreó las mieles de la okupación.
La suma de tantos azares transformó el edificio en un apagado reflejo de sus esplendores iniciales. Hasta que el Gobierno de Navarra decidió rehabilitarlo como sede de la dirección general de Memoria y Convivencia. La tarea se encargó a Tabuenca & Leache, cuya intervención aquí está a la altura de la que efectuaron en el también pamplonica Palacio del Condestable. Es decir, a gran altura.
Estos dos arquitectos, tras analizar al detalle el viejo palacio, llegaron a la conclusión de que “esto no lo vamos a mejorar”, refiriéndose a la fábrica original del edificio. Razón por la cual se aplicaron para devolverlo a un estadio próximo al original, sin renunciar a las sutilezas de su buen hacer.

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En cada una de las plantas, la prioridad de devolver a la vida esta obra se ha llevado a cabo con distintos acentos. En el zaguán de acceso, dominado por la magnificencia de la escalera imperial, se ha recuperado la alfombra de piedra original, al igual que se ha hecho con el sótano antaño dedicado a bodega, por el que no parecen haber pasado los siglos. La planta noble, desde cuya estancia principal se ve la torre de la catedral, al otro lado del eje urbano que traza la calle Navarrería, se ha habilitado como sala de exposiciones con una pequeña sala polivalente, eliminando una escalera añadida en el siglo XIX.
La delicadeza de Tabuenca & Leache al restaurar los marcos o puertas de madera, o al rascar los muros hasta hallar sus revestimientos originales, ha permitido recuperar los brillos del edificio y acomodar sus nuevos usos. No es fácil saber en qué punto se consigue el mejor equilibrio entre pasado y presente. Pero los autores sí saben hallarlo y hacen además que eso parezca fácil.

La tercera planta, destinada a oficinas, es sobria y funcional. La cuarta, bajo las cerchas de madera que sostienen el tejado, está ocupada por una generosa biblioteca. Todas estas adecuaciones se han efectuado sin comprometer la posibilidad de futuros cambios de uso, y prodigando guiños arquitectónicos: desde los viejos marcos de puerta que ahora dan entrada al ascensor hasta el óculo abierto en la fachada posterior, con vistas a la medievales torres de San Cernín.
Viendo algunas fotos de la actual exposición –como la de una tibia dentro de una bota, perteneciente a una víctima de la Guerra Civil-, cabe pensar que sería pertinente rebautizar este centro de memoria y convivencia como “El conflicto y sus consecuencias”. Pero quien analice el edificio en su conjunto quizás aprecie el talento arquitectónico, e incluso la capacidad pedagógica, de sus autores para recuperarlo y ayudar a entenderlo.
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