Osvaldo de día, ‘Stone’ de noche: “Tiene coraza de tipo duro, pero es excepcional”
Por Alberto Martinez Fernandez — Portada
Osvaldo de día, ‘Stone’ de noche: “Tiene coraza de tipo duro y vive a su manera, pero es excepcional”
El futbolista mejora en la UCI
El argentino está “consciente y lúcido” aunque con vigilancia después de su operación pulmonar, un alto en el camino en una vida entre los goles en el campo y la música

Dani Osvaldo, en un entrenamiento del Espanyol en la temporada 2011-12
Llibert Teixidó / Colaboradores
Madrid
28/09/2026 06:00 Actualizado 28/09/2026 07:13 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
“Plantaré un manzano para poder pecar”.
La frase es de Pablo Daniel Osvaldo (Argentina, 1986) o de Dani Stone, porque la vida del futbolista argentino e internacional italiano que pasó un año y medio en el Espanyol (2010-11) ha circulado por dos caminos que convergen en la misma adrenalina que provoca el fútbol y la música, sus dos pasiones, las que le produjeron vivir en una paradoja: volcarse en una y echar de menos la otra. Navegar a diario en la nostalgia.
El exjugador de 40 años, que en 2024 confesó en un vídeo que llevaba tiempo luchando contra una depresión que le había llevado a las adicciones (drogas y alcohol), se recupera en la UCI de un hospital de Buenos Aires de una operación pulmonar de urgencia. Su familia declaró ayer que se encontraba “consciente y lúcido”, aunque todavía en vigilancia intensiva. En los clubs en los que ha estado, como el Espanyol, se vive pendiente de su evolución porque dejó huella en sus compañeros por mucho que la gloria del fútbol le alejara de ellos.
Tras debutar en la elite en Huracán y pasar por Italia sin cuajo (Atalanta, Lecce, Fiorentina y Bolonia en cuatro años), en enero de 2010 llegó a un Espanyol entristecido en lo emocional (la muerte de Dani Jarque en agosto de 2009) y lo futbolístico (el conflicto entre la entidad y Raúl Tamudo). Osvaldo cayó de pie, demostró desde el primer día sus virtudes como delantero (20 goles en año y medio) y su carácter no pasó inadvertido. “Era un chico con una personalidad fuerte, muy seguro de sí mismo, pero a la vez cariñoso. Conmigo siempre tuvo muy buen trato y guardo un gran recuerdo de él”, explica Raúl Baena, quien confiesa cómo la música formaba parte de su vida y convertirse en cantante era su otro sueño. “Sabíamos que le gustaba cantar, y un día, al final de un asado (eran famosos en la época de Mauricio Pochettino) se levantó, cogió un micrófono (que no sé de dónde salió) y se puso a cantar. Acabamos todos alucinando. ¡A este tío se le da bien todo!”.
Osvaldo fue en aquella etapa extravagante. En la manera de vestir, en sus coches (Ferrari negro), en sus declaraciones y en su comportamiento: siempre el último en salir del vestuario pese a tener que pagar multas. A jóvenes cómo Álvaro Vázquez también les marcó: “Su trato era excelente y yo me sentía protegido a su lado”. Y detalla especialmente un momento que define a Osvaldo. “Era excéntrico, cercano y siempre estaba de buen rollo. Recuerdo que gracias a él pude ver el primer Ferrari negro de mi vida y pude hasta probarlo”.
También fue especial para Javi Márquez, otro producto de la cantera. “Es una persona que aprecio y he mantenido el contacto. Sí, era peculiar, pero con un corazón enorme. Tiene esa coraza de tipo duro, que vive la vida a su manera, que siempre hizo un poco lo que consideró dentro y fuera del campo. Pero es excepcional y tiene sentimientos con los que le aprecian”, relata. “Algunas anécdotas no se pueden contar”, apunta. Osvaldo, por ejemplo, fumaba y le pedía cigarrillos al utillero tras los entrenamientos. Un vicio que siempre le acompañó.
Fue traspasado en 2011 por 18 millones y su carrera se elevó aunque le faltó regularidad (Roma, Juventus, Southampton, Inter, Boca Juniors y Oporto). En Roma vivió otro momento que le define con el exportero del Espanyol Cristian Álvarez. Ambos compraron entradas para ir a Londres a ver a los Rolling Stones. El delantero pidió que lo cambiasen diez minutos antes de su partido para no perder el vuelo, pero le tocó el antidoping. Voló en un vuelo privado pero llegó tarde y no pudo ir al concierto. Ambos acabaron borrachos en un bar donde no paraban de tocar canciones del grupo británico.
Se retiró en 2018 con 32 años. Y regresó a Barcelona para encabezar con sus amigos el grupo de música Barrio Viejo. Osvaldo pasó a ser Dani Stone. “Vos no sabéis la presión que tiene que soportar el nueve de Boca. Él ahora es más feliz”, explicó tras un concierto una de sus amigas. “Esta vida es la suya”, añade. Su primer disco se tituló Liberación.

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“Orden, tu fiel amigo; maldito orden, no va conmigo. No me quieras ordenar, mi cabeza va a estallar, no me pidas que me quede… Desorden, sí, me gusta más”, reza una estrofa.
Un año después, en 2019, regresó al fútbol, a Banfield. De nuevo esa nostalgia de la otra mitad de su pasión. En 2024 sacó otro disco. Sus compañeros esperan que este contratiempo solo sea un pequeño alto en el camino.
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