Oques Grasses (★★★✩✩): ritual sin tregua
Por Donat Puig Duran — Portada
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CRÍTICA DE POP
La banda de Osona ha hecho historia e hilvana en el Estadi Olímpic un férreo sentimiento comunitario que dibuja también su límite

Concierto Oques Grasses Montjuïc
Guifré Sabaté i Rispa / Propias

09/10/2026 11:51 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Oques Grasses ★★★
Lugar y fecha: Estadi Olímpic Lluís Companys (8/X/2026)
No es poca cosa lo que están consiguiendo los chicos de Oques Grasses con sus cuatro sold-outs consecutivos en el Estadi Olímpic. Si nada se tuerce, desde el miércoles y hasta el próximo sábado les habrán aplaudido 220.000 espectadores. Una verdadera proeza para cualquiera, aún más significativa en el caso de un grupo que canta en una lengua minorizada como el catalán.
Hay quien, para explicarlo, habla de FOMO y de marketing. Sin descartar que ambos elementos hayan jugado algún papel en este éxito de convocatoria, también es muy cierto que la banda se ha currado y ha conseguido un calado popular difícilmente discutible. El grupo liderado por Josep Montero ha conquistado un amplio abanico de seguidores: esas colles de amigos y esas familias que, el jueves, compartieron un mismo ritual. Pocas veces se ha visto a una concurrencia tan entregada y feliz como la que les acompañó en Montjuïc, secundando este adiós de Oques a los escenarios con una suerte de karaoke XXL.

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El espectáculo de los de Osona –reforzados con sección de cuerda, coro y elenco de baile– fue una milimetrada y bien ejecutada producción, con despliegue videográfico, columnas de fuego, tarimas móviles y demás elementos que redundaban en la excepcionalidad de la noche. El programa, integrado por más de veinte temas, se apoyaba mayoritariamente en sus tres últimos álbumes, sin olvidar alusiones anteriores que retrocedieron hasta su primer disco (autoeditado) de 2012.
El grueso del recorrido fue festero y a menudo fiestamayorista. Un camino, sí, apto para todos los paladares, donde la voluntad de conectar parece pesar más que la de explorar nuevos territorios creativos, aunque también bien salpicado con destellos que iban dando mordiente al relato. Así, saltamos del rap algo locuelo (Com està el pati) al ska tabernario de Cavall estable y, algo más allá, a la tralla techno de Bambi o al tumbao latino de In the night, entre más modulaciones. Todo ello, junto a baladas como, por poner solo un par de ejemplos, La gent que estimo o la final Sort de tu, que dejaron bellas estampas de espectadores meciéndose al unísono mientras cantaban y lucecitas de móvil decorando el recinto.

En uno u otro registro, la gran baza de Oques Grasses reside en esta capacidad para hilvanar un férreo sentimiento comunitario. Pero ahí se puede dibujar también un límite. La asequibilidad que explica buena parte de su éxito condiciona del mismo modo el frente lírico. Sirvan de muestra canciones como Sta guai o Elefants, en las que los miedos y las vulnerabilidades no se orillan, aunque acaban resolviéndose en un optimismo que por momentos roza la autoayuda. En todo caso, han hecho historia y el mérito es solo suyo.
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