Onze de Setembre, medio siglo en democracia

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Onze de Setembre, medio siglo en democracia 11/09/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Catalunya celebra hoy, como cada Onze de Setembre, su Diada Nacional. Pero la de hoy no es una más, sino la que marca su medio siglo desde el final del franquismo y la recuperación de la democracia. El Onze de Setembre del 1976 tuvo su acto central en Sant Boi de Llobregat. Tuvo además un significado especial, al expresar el vigor y la cohesión del catalanismo tras cuarenta años de dictadura, en una gran manifestación cívica en la que resonó el lema “Llibertat, amnistia i Estatut d’Autonomia”, pórtico de un anhelado nuevo ordenamiento político.

En este medio siglo los progresos de Catalunya han sido notables. Sus convulsiones, que alcanzaron el clímax en el procés y la fallida proclamación de independencia en el 2017, también. Pero el país en el que vivimos hoy tiene poco que ver con el de hace cincuenta años. Ha avanzado mucho. Su número de habitantes, que era de 5,6 millones en el 1976, ha pasado a 8,2 millones en la actualidad. La economía catalana, presidida hace medio siglo por el sector secundario, con protagonismo de la industria textil, metalúrgica o automovilística, ha abierto paso a otra con gran peso del sector terciario, encabezado por un turismo que representa el 12% del PIB catalán y da empleo al 14% de quienes viven en Catalunya. Sin olvidar el sector de las nuevas tecnologías y de la biomedicina, con proyección global. La lengua propia del país, el catalán, que estuvo perseguida bajo el franquismo, es desde 1979 cooficial, aunque su implantación deja todavía que desear…

Aquel tiempo de grandes expectativas que fue la transición condujo a la implantación de una democracia integradora, que ha alentado el progreso colectivo. Sin embargo, cuando miramos atrás hacia aquellos años del tardofranquismo y de la paulatina salida de la dictadura, y luego miramos hacia delante, inevitablemente reparamos en un preocupante avance de las fuerzas de la ultraderecha, que ensombrecen el horizonte. Eso es muy evidente en países de nuestro entorno como Alemania, Italia o Francia. Pero también en España, donde Vox gana terreno, condicionando al PP. Y asimismo lo es en Catalunya, donde los sondeos dan a la extrema derecha una expectativa de voto muy superior a la imaginable hace pocos años, si bien todavía no comparable con la de los ámbitos geográficos previamente mencionados.

La Diada en Sant Boi marcó, hace 50 años, el resurgir de un catalanismo integrador

Dicho en otras palabras, cabe apreciar cierta simetría en esa línea histórica que va desde 1976, cuando España se iba liberando de un régimen ultraderechista, hasta el 2026, cuando las expectativas futuras no siempre son de más libertades y derechos, sino que se asocian con el auge de las fuerzas reaccionarias y sus políticas restrictivas, propias de un pasado que creímos superado para siempre y ya irrepetible.

La gran pregunta emerge por sí sola: ¿cuál es la mejor vía para evitar este regreso al pasado? ¿Cuál es la estrategia adecuada para ganar la mano a quienes se sienten incómodos en una Unión Europea defensora de la dignidad y de los derechos humanos, de la libertad y de la democracia?

Probablemente, la mejor vía sea la que reivindica la convivencia, la pluralidad y el compromiso democrático. Lo hizo ayer el president Salvador Illa en su mensaje institucional, pero más allá de las palabras y los grandes conceptos se imponen los hechos y la gestión cotidiana. No está de más que los gobernantes nos recuerden y traten de expandir los valores que favorecen la convivencia. Como tampoco lo está que den respuesta irreprochable a las responsabilidades que les han sido atribuidas, mediante la mejor gestión posible de la cosa pública.

La cohesión social y unos dirigentes que gestionen debidamente el país son las bases del futuro

Por regla general, los países crecen y se fortalecen más cuando optimizan su gestión mejorando su funcionamiento que cuando se plantean objetivos de máximos que a la postre se revelan quiméricos. Esto es también aplicable a todos los ciudadanos. Pero de manera especial es aplicable a quienes dirigen el país. Y es preciso decir que, en este ámbito, hay que subrayar que el margen de mejora es muy amplio. Los catalanes sufren a menudo problemas que complican su existencia diaria, desde los fracasos escolares y un sistema educativo en crisis estructural, amenazado por huelgas constantes, hasta una red de transportes públicos que acumula años y años de déficits de inversión y por tanto estructurales, que ocasionan constantes incidencias, pasando por las dificultades en el acceso a la vivienda. Pese a todo ello, la clave del futuro no es ningún secreto: una sociedad cohesionada y unos dirigentes capaces de mejorar su día a día.

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