Once horas y media atrapados en un Alvia: “¿Hay viajeros de primera y de segunda?”

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Por Maria Concepción Lafraya Soret — Portada

Diez horas y media atrapados en un Alvia: “¿Hay viajeros de primera y de segunda?”

Transporte

La falta de información es lo que más preocupó a los viajeros en el tren entre Pamplona y Madrid

Viajeros en la estación de Luceni del Alvia hacia Madrid.

Viajeros en la estación de Luceni del Alvia hacia Madrid.

LV

Maria Concepción Lafraya Soret

Conchi Lafraya

Madrid

13/10/2026 11:30 Actualizado 13/10/2026 12:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

 El tren Alvia, Pamplona- Madrid, que salió  a las 15. 05 horas de la capital navarra, tardó ayer diez horas y media en llegar a Madrid. Lo que mal empieza, mal acaba. Arrancó puntual, pero antes de llegar a Noáin (un municipio muy próximo a la capital navarra) se paró. El personal de Renfe no dio explicaciones y prosiguió. Al llegar a Tudela, al sur de Navarra, se completó de viajeros y continuó su  trayecto. Iba lento, pero nadie daba explicaciones. 

Una mujer, que se subió en la ciudad ribera con una bebé de un mes, fue multada con 300 euros, por haber comprado el trayecto al revés: Madrid- Tudela. La interventora le puso la sanción por su error. Inclusó le increpó por no doblar el carro. Viajaba sola con su hija.

La sorpresa para los viajeros, estudiantes, familias completas y varios americanos que viajaban en dicho tren, fue que se paró en seco en la estación regional de Luceni, entre Tudela y Zaragoza. Después de más de hora y medio sin información, el maquinista anuncia por megafonía que un incendio en otro tren iba a provocar “retrasos importantes”. La supervisora transmitió el mismo mensaje de viva voz vagón por vagón.

Falta de información

Abrieron las puertas del tren y  permitieron  bajar a los viajeros con prudencia a la estación del municipio de la ribera alta del Ebro. Una viajera comentaba “me gustaría que Óscar Puentes viajara más en estos trenes porque no es la primera vez que sufro demoras”.  Ana, una médico, llamó -junto a otra amiga- a su madre para que fuese a buscarles desde Tudela. Se volvieron.  No quisieron continuar. Se ofreció  incluso para llevar en su coche particular a la chica multada con el bebé hasta dicho municipio navarro. También cargó a otra familia con su ordenador el móvil, puesto que dicho tren no contaba con enchufes para recargar los terminales, ni siquiera en la clase preferente. Los dos que había en la cafetería estaban muy disputados.

Otra familia con 2 niños, uno de los cuales era bebé también, pidieron auxilio a sus familiares de Pamplona para que fuesen a rescatarlos. Mientras tanto, los viajeros hacían grupos en las vías y comentaban cuánto tiempo se tardaría en llegar a la capital. Un joven se quejaba de que hoy martes tenía un examen en la universidad a las ocho de la mañana ” y voy a llegar a las mil a  mi casa”. Y remató. “Ya no habrá metro  y tendré que llegar a Leganés en  taxi o Cabify, lo que supone más gasto para mi”.

Sin agua gratis durante dos horas

La interventora no anuncia  hasta las dos horas de retraso que se podía pasar por la cafetería a por comida y bebida gratis. En menos de 30 minutos se quedaron sin alimentos en el bar del tren. Agua sí que tuvieron para todos los pasajeros.

Ocho jubilados lograron que un taxi llegase hasta la zona  para que les transportase hasta Madrid: 500 euros la broma. Mientras tanto, un cura resolviendo por teléfono cómo acceder a su residencia en la capital, pues no contaba con llave para entrar al centro donde iba a pernoctar.

Algunos viajeros empezaron a leer la noticia en sus móviles: un incendio en la cabina de cola de un Ave, que realizaba el trayecto Madrid Puerta de Atocha- Almudena Grandes- Figueres (Girona) había provocado que 17 trenes, según la interventora, “estuviesen parados en distintas estaciones”. La información llegaba con cuentagotas a los pasajeros. Al ser preguntada la interventora si el maquinista iba a poder continuar,  respondió escuetamente, “se ha subido otro en Tudela”.  Tampoco daban información si se iba a continuar el trayecto a Madrid en dicho Alvia o se iban a fletar autobuses si el estado de la vía no permitía continuar. Todo dependía de si los trenes iban a poder continuar su trayecto por la vía única. Se estaba inspeccionando la zona afectada por el incendio y retirando el material quemado.

La prioridad de los Aves

Cuando el tren arranca desde Luceni aplausos entre los pasajeros, pero uno de los maquinistas advirtió que al circular por vía única tendrían prioridad los AVEs. Indignación entre los pasajeros, pero pocas  protestas en voz alta.  

Resultado: a la media hora de arrancar se vuelve a parar y los viajeros ven por la ventanilla atónitos cómo trenes Ave que han salido de Barcelona a las 17 horas y a las 18 horas tienen preferencia para coger dicho rail. Un viajero se pregunta. “¿Hay viajeros de primera y de segunda?” Ello conlleva que el tren vuelva a estar parado de nuevo más de dos horas, casí tres. El maquinista avisa por megafonía que cuando le den paso se tardará una hora y cuarenta minutos en llegar a Madrid, sin paradas, pero mientras tanto toca esperar.  Pasar varios trenes en ambos sentidos. Y mientras tanto, el Alvia parado.

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Javier, un niño de 9 años, logró que uno de los viajeros americanos le prestase un cargador portátil para cargar su nintendo y al menos poder jugar un rato. La gente se iba quedando sin batería en sus móviles y no había donde cargarlos.  Tras pasar por la vía única varios Aves en ambos sentidos, el Alvia procedente de Pamplona arrancó de nuevo por tercera vez. Finalmente, llegó a Madrid a la una y treinta y cuatro minutos de la madrugada. Diez horas y media de viaje para un trayecto de tres horas y cuarenta y cinco minutos. Para cuando la mayor parte de los viajeros han llegado a sus respectivas casas, eran las dos y media de la madrugada.

 El recuerdo de  Adamuz está muy presente en la mente de los viajeros y la falta de mantenimiento en los trenes provoca estas situaciones. Al menos, todos los  viajeros llegaron a su hogar, salvo los que tenían enlace, los menos, que tuvieron que ser realojados por el operador ferroviario.

Maria Concepción Lafraya Soret

Conchi Lafraya

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Redactora de economía durante 27 años. Desde el año 2007 en La Vanguardia. Ahora escribo historias de Madrid

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