No pasar olímpicamente de otra Barcelona´92

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Por Alberto Fernández Díaz — Portada

Alberto Fernández Díaz

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Abogado

No pasar olímpicamente de otra Barcelona´92 22/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Alemania ha propuesto a Munich como candidata a organizar los Juegos Olímpicos de verano de 2036 o de 2040. Con esta candidatura, la capital bávara se sumaría, de obtener la nominación final, a otras grandes capitales del mundo que han repetido ser sede de unos Juegos. Así ha sucedido con París hace dos años y antes con Londres en el 2012 o acaecerá con Los Ángeles en el 2028.

En Barcelona, se evaporó la pretensión de celebrar los Juegos de invierno. Se destinaron al efecto no pocos recursos públicos y demasiadas ruedas de prensa de autobombo gubernamental para nada. En esta candidatura invernal, Barcelona no era el objetivo, sino una herramienta nominal sin plena utilidad para sus intereses y prioridades.

¿Si las grandes capitales del mundo repiten ser sedes olímpicas, por qué no Barcelona?

El legado de Barcelona´92 es aún notorio y su recuerdo una inyección de autoestima por nuestra ciudad contrapuesta a su devaluación actual que me resisto a que se cronifique. Incluso la gloria olímpica es efímera y toda ciudad precisa de una renovada proyección desde la excelencia, el retorno social y el orgullo ciudadano.

A diferencia de una candidatura de invierno, la de verano para Barcelona conlleva oportunidades y retos. ¿Si las grandes capitales del mundo repiten ser sedes olímpicas, por qué no Barcelona? Su celebración sería cuatro décadas después de los organizados en 1992. Si aquellos sirvieron para promover la construcción de las rondas, la ampliación del puerto y el aeropuerto, los equipamientos deportivos, la apertura al mar, las inversiones en barrios y viviendas, los hoteles, etc., una nueva Olimpiada sería un acicate y de obligación ineludible para encarar las excesivas asignaturas pendientes de presente, de futuro y de otras de pasado a las que no llegó aquel maná olímpico.

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Permitiría coser Barcelona con su área metropolitana y entre su primera y segunda corona. Zurciría tejidos urbanos con nuevas casas y una movilidad efectiva de proximidad y en red. Con actuaciones , entre otras, en Rodalies, con el metro ligero del Baix Llobregat, la conversión de la autopista en avenida en su engarce con la Diagonal, el túnel de Horta y otras conexiones con el Vallés, la orbital ferroviaria y viaria de norte a sur por esta comarca y con el Maresme. Las instalaciones deportivas precisarían más su remodelación puntual que no su construcción, que ya fue realidad para los Juegos del 92. Y sin olvidar que afianzaría barrios y nuevas viviendas en Sagrera, 22@ norte, Zona Franca y en el entorno de la ciudad tornada en una auténtica sede metropolitana, la de la Barcelona real.

Una candidatura olímpica posibilitaría trabajar juntos e ilusionar a todos como en el 92. Hacerlo unidos, y no seguir separados ahora como nunca, siempre significa hacer más cosas y, además hacerlas mejor. Un antídoto eficaz contra el veneno de la división y la decrepitud. Un proyecto colectivo de compromiso social a la par que de orgullo de ciudad. Una apuesta para que, con el horizonte olímpico de futuro, asentemos en el presente propuestas, calendarios y presupuestos en favor de la transformación de barrios, de vivienda a construir y rehabilitar, de más infraestructuras públicas de movilidad, de afianzar un turismo de calidad y cívico que genere ingresos, empleo y con retorno ciudadano y de la imprescindible colaboración pública-privada. Sigo creyendo que otra Barcelona´92 es posible.

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