Murió Peter Max, artista que dio forma a los años 60 con sus estallidos de color
La Jornada
El artista pop Peter Max, cuyas obras oníricas y de colores vivos sirvieron de telón de fondo artístico al movimiento jipi estadunidense de los años 60, convirtiéndolo en figura clave del arte comercial, falleció el lunes pasado a los 88 años tras una larga enfermedad, informó un portavoz de su familia.
Las visiones de Max –a menudo influidas por su pasión por la astronomía– se veían por todas partes en los años 60 y 70 y formaban parte de la cultura juvenil de esas décadas casi tanto como el sexo, las drogas y el rocanrol. Eran como representaciones artísticas de un viaje de LSD y, en la jerga de la época, eran realmente groovy.
Los colores eran vibrantes y las imágenes surrealistas: paisajes cósmicos y explosiones estelares, palomas y símbolos de la paz flotantes, mariposas caleidoscópicas, nubes esponjosas y otras imágenes del flower power. Estrellas del rock, como los Beatles, Jimi Hendrix y Mick Jagger, fueron modelos de los retratos de Max, al igual que sus amigos.
El ex presidente Ronald Reagan era su admirador, y Max donó un cuadro de la Estatua de la Libertad a la Biblioteca Presidencial Reagan.
“Sus carteles decorativos muestran a Max como un visionario fascinado por el tiempo, el espacio y la evolución”, decía una crítica de 1967 en The Village Voice. “Un horizonte sicodélico profetiza el día en que los rascacielos puedan ser templos, en que la Rainbow Room del Rockefeller Center pueda utilizarse para la meditación”.
El artista es conocido en particular por diseñar la portada del álbum de los Beatles de 1969 Yellow Submarine.
Max falleció en un hospital de Manhattan; le sobreviven su hija Libra y su hijo Adam. “Mi padre era mi mejor amigo”, refirió su hija en un comunicado. “Me siento increíblemente afortunada por haber sido tan amada y por ser su hija.
“Espero que además de su extraordinario legado artístico la gente recuerde su amabilidad y dulzura, y lo mucho que le importaba llevar alegría al mundo”, añadió.
Explosión monumental
En su mejor momento, Max mezclaba arte y comercio con la facilidad con la que combinaba colores en el lienzo. Concedió licencias de sus obras para unos 70 productos, que acabaron apareciendo en aviones, cruceros, sábanas, gafas, trajes de baño de mujer, tableros de ajedrez y mucho más.
“Fue una explosión monumental”, declaró Max en 2007. “Nunca habría conseguido ese éxito limitándome a exponer en galerías.”
A quienes lo acusaban de venderse, Max respondía que simplemente estaba buscando vías de expresión para su fervor artístico. Dijo al New York Times que, si Matisse y Picasso siguieran vivos, ellos también intentarían lanzarse al mercado.
“En nuestra época, si un artista no aparece en los medios de comunicación, no existe”, afirmó Max al Times. “El mito de que un artista no es puro si gana dinero es erróneo… ¿De qué tengo que disculparme? Hago arte que la gente puede permitirse, y la hace feliz”.
Máquina de mercadotecnia
A finales de los años 60, Max desapareció de la escena pública y se centró en trabajar en privado y en viajar. Regresó con una exposición en una galería de Nueva York en 1987 y volvió a convertirse en una máquina de mercadotecnia.
Experimentó con estilos y lo que surgió fue de carácter más impresionista. Entre sus obras se incluyen retratos de estrellas de la música, la Estatua de la Libertad, presidentes y líderes mundiales; incluso, una serie de 40 piezas dedicada al entonces líder de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov. Fue el artista oficial de cinco supertazones, del Mundial de Futbol de 1994 en Estados Unidos, del equipo de éste país de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2006 y del Derby de Kentucky de 2000.
Max llegó a pintar un Boeing 777 para Continental Airlines, un barco para Norwegian Cruise Line y un auto de carreras para la estrella de la Nascar Dale Earnhardt. En 2000 apareció en el canal de televentas por cable QVC para promocionar sus afiches.
Su estudio de Nueva York llegó a contar con más de 100 empleados en la década de 2000 y a generar ventas anuales de entre 80 y 100 millones de dólares. El estudio vendió muchas de sus obras por medio de subastas en cruceros, informó el Times.
Peter Max Finkelstein nació en Berlín el 19 de octubre de 1937 y vivió en China e Israel antes de que su familia se estableciera en la ciudad de Nueva York. En la escuela de arte estudió realismo, que no se reflejó en su obra, y fundó un galardonado estudio de diseño con un socio antes de lanzarse por su cuenta para ayudar a dar forma a los años 60.
Max contó que se emocionó mucho cuando el ex presidente Bill Clinton le dijo que los pósters de Max habían adornado las paredes de su habitación en la residencia de estudiantes durante sus años universitarios. Décadas más tarde, una serie de retratos de Clinton realizados por Max colgaban en la biblioteca presidencial de ese ex mandatario.
En 1997, Max fue acusado de ocultar 1.1 millones de dólares procedentes de la venta de su obra y se declaró culpable de evasión fiscal. Fue condenado a dos meses en un centro de reinserción social y a realizar servicios comunitarios, entre los que se incluía ayudar a niños en proyectos artísticos.
El Times informó en mayo de 2019 que a Max le habían diagnosticado síntomas de Alzheimer y que padecía demencia avanzada. En ese momento, según el periódico, llevaba cuatro años sin pintar en serio.
Max, que era vegano y aficionado al yoga, se casó dos veces.
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Fonte: La Jornada

