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Mientras haya lectores, hay esperanza 11/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

No sé dónde leí –quizás en este mismo diario– que cada día hay más mujeres solteras que aceptan invitaciones para tomar una copa o cenar en casa de hombres, pero que, si no hay libros a la vista, se niegan a quedarse a dormir.

Quizás era una noticia de carácter digamos estival, el tipo de texto que sirve para rellenar páginas y atraer clics en momentos de sequía informativa. Los diarios tienen que salir todos los días, en verano igual que en invierno, y no siempre hay novedades de mayor peso. Pero me pareció una noticia lógica. Espero no parecer machista ni rancio, pero entiendo que las mujeres, como madres en potencia, a la hora de acostarse con un hombre no pueden evitar pensar en la posible descendencia, aunque sea de forma inconsciente. La naturaleza impone sus leyes. Y si se sienten atraídas por los hombres más atléticos y fuertes porque se supone que son los que pueden transmitir unos genes más sanos y proteger mejor a la eventual familia y por los que tienen dinero porque son los que pueden asegurarles mejor el futuro –el suyo y el de sus hijos–, ¿no es comprensible que también sientan atracción por los hombres que leen, que suelen ser más inteligentes y estar en mejores condiciones de desenvolverse en el extraño mundo en el que vivimos?

 
  Mané Espinosa

También leí hace poco –en estas páginas, en un artículo del director adjunto Miquel Molina– que uno de los responsables de la legendaria librería Strand de Nueva York, que dentro de unos días celebrará los 99 años de vida, ha detectado la aparición de un nuevo tipo de cliente: el nuevo rico que compra libros a metros sin fijarse en los autores ni los títulos. Antes, los nuevos ricos se procuraban títulos nobiliarios para ganarse la consideración de las clases dirigentes. Ahora compran libros para simular que leen. ¿No es mara­villoso?

Recordé estas noticias al ver los desastrosos resultados del informe PISA, ­publicados hace unos días. Resulta que los alumnos españoles de hoy tienen una capacidad intelectual sustancialmente más reducida que hace diez años. Muchos ­ tienen dificultades para entender lo que leen, sobre todo cuando se trata de textos algo más largos y complejos que los ­watsaps habituales. Es un fenómeno común en toda Europa, pero aquí es más acusado.

Los autores del informe creen que este bajón no es coyuntural, sino que es fruto de la generalización de los dispositivos digitales, de la menor capacidad de esfuerzo y de la pérdida del hábito de leer. Pero a estas razones de alcance europeo hay que añadir otras autóctonas: el poco respeto por los docentes, la obsesión por controlar los valores y las ideas de los centros esco­lares y el paralelo desinterés por los co­nocimientos que transmiten, los cambios constantes de planes de estudio.

No conocemos el mundo de mañana, pero los ‘happy few’ habituados a leer lo entenderán mejor

En estas tierras, además, existe un malentendido secular: creemos que leer sirve para ser más cultos, más completos como personas, pero no tiene utilidad práctica. Falso: los estudiantes que tienen el hábito de leer tienen más facilidad en el terreno profesional y –si se lo proponen– pueden ganar más dinero, porque hacen mejor su trabajo, conocen mejor el terreno que pisan y están en condiciones de exigir mejores sueldos.

Ya sé que soy parte interesada, porque como escritor me conviene que la gente lea, pero creo que el mejor regalo que se le puede hacer a un hijo es inculcarle el hábito de la lectura. No sabemos cómo será el mundo de mañana, pero podemos estar seguros de que los happy few acostumbrados a leer lo entenderán mejor que los demás.

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Como todos sospechábamos, las pantallitas y mensajes nos están friendo el cerebro. No debe sorprendernos que los jóvenes, que están en edad de formarse, sean más burros que las generaciones anteriores. Sin embargo, los que sean capaces de leer un libro hasta la última página y lo entiendan, lo tendrán todo más fácil. Como escribió Montaigne, el cerebro humano es como un campo, que si no se cultiva se llena de malas hierbas. Y hay pocas maneras de cultivarlo que no exijan leer.

Los resultados del informe PISA pueden infundir pesimismo. Pero las dos noticias que he resumido permiten conservar un hilo de esperanza. Quién sabe: quizás apuntan a un cambio de tendencia. No perdamos la fe.

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