Messi, el chico que hacía que nos olvidáramos de todo
Por Flavia Campeis — Portada

Flavia Campeis
Periodista de Rosario
Messi, el chico que hacía que nos olvidáramos de todo
El adiós del 10
07/10/2026 11:12 Actualizado 07/10/2026 12:33 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Con una carta escrita de puño y letra, Lionel Messi anunció el 31 de agosto que dejaba la selección argentina. Este martes 6 de octubre, poco más de un mes después, jugó su último partido con la camiseta albiceleste contra Benín, ante más de 85.000 personas en el estadio Monumental de Buenos Aires.

Que el jugador más grande de todos los tiempos eligiera un papel escrito a mano mostraba su humildad, pero también tenía algo de circular: su historia profesional había comenzado a los trece años alrededor de otro papel, la célebre servilleta en la que Carles Rexach dejó por escrito en 2000 el compromiso de fichar a aquel niño llegado desde Rosario.
Desde que anunció que dejaba la selección después de 21 años, Argentina empezó a ensayar distintas maneras de decirle adiós. “Gracias, Leo” apareció en pantallas, camisetas, dibujos de niños y murales. Horas antes del último partido, Rosario amaneció con una camiseta argentina de más de treinta metros con la inscripción “GRACIAS 10” frente al Monumento Nacional a la Bandera.
La despedida fue en el Monumental, pero se vivió en todo el país
La despedida fue en el Monumental, pero se vivió en todo el país. A pocos metros de la casa donde nació, en un barrio cubierto de murales con su rostro, cientos de personas se reunieron frente a una pantalla gigante. En Buenos Aires, desde temprano, los alrededores del estadio se llenaron de familias, niños sobre los hombros de sus padres, camisetas de todas las épocas y banderas con Messi y Maradona abrazados o el 10 besando la Copa del Mundo. Las calles se llenaron de cánticos, abrazos y aplausos, entre la alegría de estar ahí y la tristeza de saber que era la última vez.
En carteles y gritos se repetía una palabra: gracias. “Gracias por hacernos felices”, “Gracias eternas por tu fútbol”, “Gracias por no rendirte nunca”. El agradecimiento atravesaba generaciones. Muchos le agradecían haberlos hecho volver a creer; otros ni siquiera recuerdan una selección argentina sin Messi.
Rumbo al estadio sorprendían las tonadas de quienes habían llegado desde distintos puntos del país. Una familia de Allen, Río Negro, viajó dieciséis horas y unos 1.200 kilómetros. Otros llegaron desde Chaco, Salta, Jujuy, Rosario o Paraná. Diego, de Berazategui, provincia de Buenos Aires, lleva 35 años vendiendo banderas en partidos de fútbol y repetía un pregón entre el orgullo y la angustia: “La última de Messi, la última de Messi”. “Viví momentos inolvidables con él. Lloré, me angustié. Lo amo a Messi, pero lo amo como ser humano. Por lo grande que es, por ese corazón”, dijo.

Lee también
Ronaldinho, Neymar, Aitana… las estrellas del fútbol se rinden a Messi
Edurne Concejo
Preguntar qué significaba Messi terminaba muchas veces con lágrimas y palabras entrecortadas. Mariano llegó desde Lobos con su padre y lo definió al 10 como “el abrazo con mi viejo, con mis amigos”.
Pietro tiene ocho años, es hincha de Boca y nunca había entrado al Monumental ni visto a la selección. Dijo que era “el mejor día de mi vida”. A Olivia le preguntaron qué otros jugadores le gustaban además de Messi: “Ninguno más”, aseguró mientras llegaba con su tía que la sorprendió ese mismo día con las entradas para el partido. Desde la tribuna, otro niño de ocho años, llegado desde Tandil, gritaba: “Messi, casate conmigo, te amo”. “Es su ídolo”, decía su madre entre risas. “El de todos”, respondió una mujer a su lado. Cada persona a la que se le preguntaba por Messi tenía una historia para contar.
La entrada al estadio fue al ritmo de las canciones que acompañaron a Argentina en los últimos Mundiales. Muchos se abrazaban y lloraban, como si todavía costara creer que estaban allí para despedirlo.

Lee también
El discurso más emotivo de Messi: “Es el día más triste de mi carrera”
Edurne Concejo
En la previa al partido hubo shows musicales de cumbia y cuarteto, que eran bailadas y cantadas entre el público. Ya para el comienzo del partido, un momento muy emotivo fue cuando se cantó el himno nacional, entonado por Fabio Santana, ex combatiente de la guerra de Malvinas que desplegó la bandera “Las Malvinas son Argentinas” mostrada en la semifinal contra Inglaterra. Messi se mostró conmovido, con sus hijos a su lado.
Durante el encuentro, todo el estadio levantaba y bajaba los brazos en una reverencia colectiva mientras gritaba “Messi, Messi, Messi”. Cada vez que el 10 tocaba la pelota, el Monumental entero lo aplaudía. Los cantos, el aliento, nunca pararon.
En el minuto 10, el árbitro detuvo el partido para homenajearlo. Sus compañeros y los jugadores de Benín fueron a abrazarlo. Argentina ganó 3-0 y Messi participó en los tres goles: asistió a Nicolás Otamendi, habilitó a Nicolás Paz y convirtió de penal el tercero. Otamendi también se despedía esa noche; Paz, con 22 años, pertenece a la generación que viene.

Cuando terminó el partido, Mariano, que había dicho que Messi era el abrazo con su padre, se dio vuelta, lo buscó y se abrazaron. Lloraron desconsoladamente durante varios minutos. Escenas así se repetían en cada rincón. Abrazar al que estaba cerca, era un poco sentirse parte de un todo que abrazaba al capitán.
En el cierre hubo fuegos artificiales y un show de drones que dibujaron en el cielo su rostro y recrearon la imagen besando la Copa del Mundo. Después Soledad Pastorutti cantó Brindis, una canción sobre el paso del tiempo, los sueños y el agradecimiento que parecía escrita para esa noche. Cuando terminaron la música y las luces, ya no quedó nada que pudiera postergar la despedida.
Messi tomó el micrófono y la voz se le quebró casi de inmediato. “Es difícil decir algo, hay muchas emociones, muchas cosas. En lo primero que pienso es en mi viejo”, dijo conmovido a tan solo dos meses del fallecimiento de su padre. Y continuó: “Fue un orgullo muy grande para mí defender esta camiseta, hasta en los peores momentos que hemos tenido. No venir más va a ser un dolor muy grande, me gustaría hacerlo toda la vida, porque les juro que es lo más lindo que te puede pasar”.

Lee también
Libros con sus hazañas, un anillo de campeón… los suntuosos regalos que se llevó Messi en su despedida
Clarín
Se tomó un tiempo para despejar las dudas sobre las teorías conspirativas que rodearon a la reciente final del mundo: “Siento que es el momento, que el último Mundial ya fue demasiado” y aclaró: “Estuvimos muy cerquita, no pasó nada raro como se dice, el partido contra Inglaterra fue un desgaste muy grande para nosotros. Llegamos con lo justo, la peleamos como lo hicimos siempre. Lamentablemente no pudimos ser campeones, pero estuvimos muy cerquita. Todos los compañeros que tuve al lado siempre dejaron todo por esta camiseta”. La tribuna lo interrumpió con un “dale campeón”.
Veintiún años después de su debut, se va con 208 partidos y 126 goles. Abrazado por su familia, sus compañeros, un estadio repleto y millones de personas agradeciéndole porque, con su juego y su manera de intentarlo siempre, muchas veces logró que nos olvidáramos de todo y que disfrutándolo, pensáramos, aunque fuera por un rato, en otra cosa.

Mostrar comentarios
Fonte: Portada