Martín Caparrós pone voz a diez años de Comer con ‘El amor de un bocado’

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Por Comer Comer — Portada

Martín Caparrós pone voz a diez años de Comer con ‘El amor de un bocado’

Premios Comer 

El escritor firma y narra una pieza audiovisual sobre todo lo que cabe en un plato, presentada en la gala de los Premios Comer La Vanguardia 2026

El periodista argentino escribe y narra el video que fue presentado durante la última edición de los premios Comer La Vanguardia  Video
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14/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

¿Qué tragamos cuando comemos? El periodista y escritor argentino, Martín Caparrós, parte de una cuenta (unas 48.632 comidas a lo largo de su vida -mil más, mil menos-) para pensar el acto de comer como algo mucho más grande que alimentarse. Memoria, cultura, trabajo ajeno, privilegio y, sobre todo, confianza. 

El video El amor de un bocado, escrito y narrado por el autor, se presentó en los Premios Comer La Vanguardia 2026, en el año en que el canal cumple una década contando lo que comemos. Es un trabajo dirigido por el realizador Samuel Aranda, cámara y montaje de Sebastien Perry, producción y sonido de Danny Story y producción de Eugenia Yúfera. Participan las intérpretes Alba Duque y Sandra Egido.

‘El amor de un bocado’

por Martín Caparrós

Hace unos días decidí hacer unas cuentas y ahora les ahorraré ese cuento, pero no su resultado. Resulta que hasta ahora mismo he comido 48.632 comidas principales en mi vida. Mil más, mil menos. Y se me ocurre que 48.632 –mil más, mil menos– es una cifra tumultuosa.

Miles y miles de comidas las hay para elegir, para olvidar y detestar, para extrañar y apetecer, para seguir queriendo. La variedad, el lujo hereje de la variedad. Comer es hacer mucho más que lo que sueles hacer el resto de tu vida. Tragar, meter cuerpos ajenos en tu cuerpo.

Comer es la relación más íntima que puedes tener con la naturaleza, es tragártela. Somos parte de ella, nunca tanto como cuando la comemos. Comer es tragárte la energía de la naturaleza, y la energía de todas esas mujeres, esos hombres, esas máquinas que se pusieron en marcha para que tú puedas hacerlo.

Comer es tragarte el esfuerzo, el sudor de tantos otros que en general ni te imaginas y que prefieres en general no imaginarte.

Comer es tragarte los cuidados, los amores, el orgullo de quien te ofrece su cuerpo, sin su cuerpo.

Comer es tragarte tu cultura, esa materia, esa manera, ese aderezo que define en un lugar del mundo, un lugar en el mundo. Comer con tu mejor abuela y la suya a su vez y la de él.

Tragarte esos recuerdos, esos lugares alejados, esos momentos alejados, esos imaginarios.

Pura materia convertida en viento. Comer es tragarte tu historia, recordarla cuando comes lo mismo o cuando no ir marcando otra marca que será recuerdo años después, una vida más tarde.

Comer, estragarte tantas historias que no son la tuya, con las que quieres encontrarte en un sabor, en una sensación, en una chispa, entender una brizna de Japón, de Kutralco, de la abuela de ella, de todos esos muertos, de los que no sabían, de los que se creyeron.

Tragarte las distancias, irte tan lejos mientras sigues tan cerca.

Comer para muchos es tragar y están en su derecho. Nosotros somos los que creemos que es algo más y no hay mal en creerlo. Lo hay si acaso en suponer que eso nos hace mejores o distintos. Quién dice que comer mal es comer bien que comer bien es comer mal que comer bien es comer bien y todo eso. ¿Quién podría decirlo? ¿Quién nos juzga? ¿A quién creemos que juzgamos?

Comer es tragarte esos bocados que te harán sentir sano, más sano. Que te ocupas de que tu cuerpo esté más sano y entonces te mereces casi todo. Comer es tragarte esos bocados que te harán sentir que te cagas en las reglas y que que guay cómo te cagas en las reglas.

Comer es debatir sobre las formas de comer. Que si slow, si fast, que si show, que si past, si saludable, si insalubre y si sal o no sal. Esa es la cuestión, pero comer es tragarte esos bocados que te harán sentir que puedes cualquier cosa, o casi cualquier cosa.

Comer es tragarte esa idea de ti mismo que bien quisiera ser. El gourmet, el bon vivant, el colisseur, ese que sabe lo que otros no, puede lo que otros no, piensa en los otros demasiado. Comer es una búsqueda. De muy distintos modos, una búsqueda. 

Comer es no comer aquello que no siempre puedes. Una trufa, una ostra, un huevo de gallina, media barra de pan. Comer es para tantos un albur, un azar, una necesidad que no se acaba. ¿Cómo es comer en un mundo donde tantos no comen? ¿Cómo es comer intentando olvidar que hay tantos que no comen?

¿Cómo es comer cuando no es un derecho ni un placer, sino un privilegio?

Y además lo sabemos, como comer es de las cosas que más cuentan, más nos gusta contar lo que comemos. Aquí estamos por eso, hace diez años que aquí estamos por eso, empeñados en el fantástico fracaso de contar lo que no tiene cuento, y claro, es puro cuento. Momento de comer a dos carrillos, tragarte las palabras.

Comer es tragarte tanta historia, retazos de este mundo y otros trocitos de tu vida y de otras vidas, entregarte, darte, y hacerlo una y otra vez de formas tan distintas, siempre iguales, ir metiendo en tu cuerpo cuerpos que no estaban.

Comer es, sobre todo, la más pura confianza. El amor de un bocado.

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