Los papeles del ático solo conducen a Ayuso
Por Ignacio Escolar — eldiario.es – eldiario.es

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La subasta para vender el famoso ático de Ayuso ha quedado desierta. Nadie ha querido ofrecer esos 6,7 millones de euros que pide la Comunidad de Madrid. Otra cosa habría ocurrido si el anuncio hubiera sido así:
- SE ALQUILA
- Ático de lujo en Almagro, en el distrito de Chamberí: 485 metros cuadrados en una de las mejores zonas del centro de Madrid. La vivienda cuenta con cuatro dormitorios en suite, cada uno con baño completo y vestidor con armarios empotrados. Todos son exteriores y con salida directa a una terraza de cien metros cuadrados.
- La zona de día está compuesta por salón, despacho, comedor, sala de cine, aseo de cortesía y un amplio recibidor. Cuenta también con una segunda entrada de servicio, con acceso directo a la cocina, y un quinto dormitorio con baño completo.
- La vivienda está situada en la novena y última planta de un edificio señorial con orientación este y sur. Se incluyen dos plazas de garaje, un trastero y un “local dormitorio” en la planta baja.
- Precio: Solo 3.000 euros al mes.
- Condiciones especiales: El contrato será de diez años, sin revisiones anuales por la inflación. El inquilino podrá cancelar con solo tres meses de preaviso, sin penalización. Y los primeros 15 meses son gratis.
Luego te hablaré del “local dormitorio”, que tiene su aquel. Vayamos primero al precio.
Tres mil euros mensuales es un alquiler fuera del alcance de la gran mayoría de la población. El sueldo neto del 85% de los madrileños ni siquiera llega a esa cantidad. Pero cualquiera que curiosee por los portales inmobiliarios sabe que es imposible encontrar un anuncio así. No hay una sola vivienda equivalente en esta zona de Madrid que baje de los 12.000 euros mensuales, incluso más. De aparecer un anuncio como este sería una estafa, con seguridad. No existen los unicornios, ni las hadas, ni rebajas del 75% en los áticos de lujo ni caseros que te regalen 15 meses de alquiler.
En el increíble mundo de Isabel Díaz Ayuso, todo esto puede pasar.
Planifica Madrid compró el ático en abril de este año. Pagó 6,3 millones de euros y otros 378.000 euros de impuestos, casi 6,7 millones en total. En las 224 páginas del expediente no hay un solo documento previo a la compra que explique quién decidió adquirir ese ático ni para qué. Tres meses después, en julio, Planifica Madrid alquiló esta vivienda a precio de ganga a la Consejería de Presidencia de la Comunidad de Madrid.
Las condiciones de ese alquiler son exactamente las que detallo: solo tres mil euros al mes, con un contrato de diez años, sin subidas anuales por la inflación y con las primeras 15 mensualidades sin pagar. Es una inversión ruinosa: Planifica Madrid se gasta 6,7 millones para una rentabilidad que no llega al 0,5% anual.
No hay que mirar este contrato absurdo bajo la óptica financiera; no se puede entender así. El objetivo parece otro: esconder a los madrileños el dinero público que el Gobierno de Ayuso se había gastado en este ático de lujo. Que no saltara el escándalo. Que no apareciera un solo euro en las cuentas públicas de la Comunidad de Madrid hasta noviembre de 2027: pasadas las próximas elecciones autonómicas.
Esta semana al fin hemos conocido el expediente de la compra de este ático. De ahí salen estos datos y también los metros cuadrados reales de la vivienda. La terraza original tenía 200 metros, como aún aparece en el catastro y recogieron varios medios de comunicación. Pero hace décadas un propietario anterior techó la mitad de la terraza sin licencia de obra. Ahora allí está el despacho, un aseo, un armario y el salón.
La Comunidad de Madrid dice haber difundido toda la documentación, a pesar de que hay una ausencia clamorosa: no están los papeles que expliquen por qué Planifica Madrid gastó esa millonada en una vivienda de lujo. No aparece quién dio la orden de comprar el ático, ni tampoco cómo se decidió esa adquisición. ¿Es acaso posible que una empresa pública se gaste 6,7 millones sin una mínima justificación? En el Madrid de Ayuso, parece que sí. El primer documento del expediente es un contrato de confidencialidad con la vendedora: un papel que demuestra que el objetivo siempre fue la opacidad. La misma opacidad que explica ese absurdo contrato de alquiler.
En uno de esos informes del expediente, firmado por la subdirectora general de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, se incluye como anexo un “estudio de mercado” para valorar la renta propuesta. Los números son asombrosos. Un piso de 400 metros cuadrados en la calle Almagro cuesta 22.292 euros al mes. Otro de 715 metros, también en Almagro, supera los 24.000. Uno de 400 metros en José Abascal sale por 15.000 euros mensuales. Y otro de 243 metros en Monte Esquinza, 11.500. No hay un solo piso entre los trece analizados que se acerque siquiera a los 3.000 euros del ático.
El expediente no aclara el motivo que llevó a Planifica Madrid a comprar ese ático. Tampoco revela cómo se fijó ese precio tan bajo para el alquiler. Pero sí explica para qué lo pretendía usar la Consejería de Presidencia. Está en este párrafo, que aparece en uno de los informes de la Dirección General de Patrimonio y también se repite en el contrato de arrendamiento.
- “La Comunidad de Madrid tiene interés en hacer uso del mismo como inmueble institucional de carácter residencial o dependencias específicas para su uso de manera permanente u ocasional por distintas autoridades como apoyo a las sedes oficiales”.
Si se quita la paja a este farragoso párrafo queda todo muy clarito. El ático de lujo es un “inmueble institucional de carácter residencial” (…) “para su uso de manera permanente” (…) “por distintas autoridades”.
¿Y qué autoridad de la Comunidad de Madrid podría ser? Pues probablemente la misma que primero dijo no saber nada del tema y después reconoció que lo había ido a visitar: Isabel Díaz Ayuso. La misma que también admitió que pensaba usarlo, aunque solo de “oficina provisional” por unas obras de las que no habíamos tenido noticias previas. La misma que –casualmente– tiene a su madre viviendo en la acera de enfrente.
Hoy Ayuso sigue negando que ese ático fuera para ella. Al tiempo, se victimiza y acusa a elDiario.es de haberle “robado su intimidad”. Pero el repaso a la cronología completa da muchos datos de lo que ocurrió.
Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, Ayuso buscaba un nuevo piso. Lo sabemos por esta exclusiva de Raquel Ejerique en elDiario.es. La presidenta de la Comunidad de Madrid utilizó a su jefe de despacho para negociar la compra de una vivienda de 100 metros cuadrados en Chamberí. No era tan grande, tampoco barata: pedían 850.000 euros y hacía falta reformar. No hubo acuerdo, y otra persona la compró.
En febrero de 2026 aparece en escena el ático de 485 metros cuadrados. El contrato de confidencialidad con la vendedora –antes siquiera de la primera visita– es del 3 de febrero. El contrato de arras, de finales de ese mes. Y la compraventa ante notario se firma el 14 de abril de 2026.
Dos meses y medio más tarde, el 2 de julio, arranca el expediente para el contrato de alquiler: ese chollazo de 3.000 euros al mes con quince meses gratis que acuerda Planifica Madrid con la Consejería de Presidencia. El contrato se firmó el 28 de julio.
El 29 de julio, el periódico El País destapa la operación: desvela la compra de ese ático.
El 30 de julio, pillada in fraganti, Ayuso anuncia que se va a vender el ático. También anula el ridículo alquiler.
Al día siguiente, el 31 de julio, se descubre que la pareja de Ayuso ha puesto a la venta los dos pisos donde vivían en Chamberí. Y apenas unas semanas después, nos enteramos de que se ha mudado a otra vivienda.
Intenta colocar las piezas de este puzle. Una presidenta que busca piso en Chamberí en enero. Una empresa pública que compra un ático en Chamberí en febrero, sin dejar constancia de por qué. Un inusual acuerdo de confidencialidad con la vendedora. Un contrato de alquiler para uso residencial “permanente” de “autoridades”, firmado en secreto. Una carencia de 15 meses que hace que el primer euro aparezca en las cuentas de la Comunidad de Madrid después de las elecciones. El escándalo que salta. La falsa excusa de la oficina temporal. La cancelación fulminante. La mudanza de Ayuso a otro piso.
¿Hay siquiera una explicación alternativa? ¿Una teoría, cualquiera, que permita explicar todo esto y que no sea exactamente lo que parece?
Epílogo: el Madrid del servicio
La ciudad es la distribución de las clases sociales sobre el mapa. En el caso de Madrid, hablamos de una de las capitales con mayor segregación económica, algo que se ve paseando por sus calles y que está presente en la arquitectura de muchos de sus edificios.
Una amiga me contó una vez su asombro al descubrir la crueldad de esta segregación clasista. Al reformar su vivienda, en un buen edificio en Chamberí de los primeros años del franquismo, descubrió que el antiguo cuarto de la criada, en la “zona del servicio”, estaba separado del exterior con una fila simple de ladrillo sin aislante. A diferencia de todas las demás habitaciones, tampoco tenía radiador. Era un ahorro estúpido en la construcción: ¿cuánto cuesta cada metro cuadrado de fachada con ladrillo doble? ¿Cuánto gasta un radiador más en la calefacción central? Pero demostraba el desprecio por el servicio de las élites de la época. La criada se podía congelar, y daba igual.
El ático del que hoy te hablo fue construido hace casi siete décadas, en 1957. Era un piso señorial. Es decir, de los señores. Pero no solo porque tuviera una escalera para el servicio, una puerta para el servicio y una habitación para el servicio, pegada a una cocina que solo pisaba el servicio.
En las mejores casas del Madrid de esos años no solo trabajaba la criada, también el chófer. Era quien vivía en ese “local dormitorio” que aparece en la escritura del ático de Ayuso: una habitación de 11 metros cuadrados en la planta baja, con una ventana al patio y un baño común, que en tiempos compartía con el portero y otros criados. Cada uno de los pisos de este edificio en el paseo del General Martínez Campos tiene anexo su “local dormitorio” para el servicio en la planta baja.
Era la inercia de las viviendas de la aristocracia y la alta burguesía del siglo anterior, muchas de ellas con su propio paso de carruajes, aún visible en algunos edificios de la ciudad. Una pista para reconocerlos son los guardacantones: unos postes de granito o de hierro que se colocaban a cada lado del portón para evitar que los ejes de los carruajes golpearan las paredes al pasar. En el bajo o el semisótano, junto a las cuadras, dormían cocheros y mozos, los criados que cuidaban de los caballos y limpiaban su estiércol.
En 1957 los carros aún circulaban por Madrid, pero hacía tiempo que el chófer había empezado a sustituir al cochero en las casas de los ricos. En algunos edificios, sobrevivió también su habitación. La arquitectura del servicio simplemente se adaptó.
El cuartito del chófer mide 11 metros cuadrados. El ático, 485. Para algunas cosas, el Madrid de los privilegios no ha cambiado tanto.
Fonte: eldiario.es – eldiario.es