Los equilibrios de Claudia Sheinbaum ante el nuevo mapa político de América
Por Daniel Rodríguez Caruncho — Portada
Los equilibrios de Claudia Sheinbaum ante el nuevo mapa político de América
Escenario adverso
El avance de la derecha en la región y el intervencionismo de Trump ponen a prueba a la presidenta mexicana

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, el pasado lunes durante su comparecencia matutina en la sede del Gobierno
José Méndez / EFE

Barcelona
08/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Cuando Claudia Sheinbaum asumió la presidencia de México, en el 2024, el mundo era otro. Joe Biden gobernaba en EE.UU. y la izquierda estaba al frente de la mayoría de democracias de América Latina.
Hoy, Donald Trump ocupa la Casa Blanca y la derecha más radical es la que marca el paso en el continente. Si se consuma la victoria de Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta de las presidenciales brasileñas, México pasará a ser, junto con el Uruguay de Yamandú Orsi, el último bastión del progresismo latinoamericano.
El escenario que se le dibuja a Sheinbaum, pues, parece bien incómodo. “Se está quedando sin canicas para jugar”, resume a este diario la politóloga Lorena Ruano, que imparte clases en la Universidad Complutense de Madrid. “Cada vez tiene menos elementos en la escena internacional con los cuales armar coaliciones”, agrega.
Pero la presidenta mexicana evita mostrarse preocupada. El lunes, al ser preguntada por las elecciones brasileñas, lanzó un duro alegato contra la derecha –“defiende la supremacía de unos sobre otros, defiende el racismo, defiende el clasismo”, dijo–, pero al mismo tiempo aseguró que no temía quedar aislada: “Nuestro principal aliado es el pueblo de México. Mientras estemos cerca del pueblo, representando al pueblo y gobernando por el pueblo y para el pueblo, no va a haber problema”, afirmó.
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La respuesta de Sheinbaum es coherente con la trayectoria de alguien que hasta ahora ha demostrado una gran habilidad para moverse entre la lealtad a su proyecto político –heredado del expresidente Andrés Manuel López Obrador– y el pragmatismo.
La relación con Trump ilustra bien esas dotes de equilibrista: de la misma manera que reivindica la soberanía nacional, Sheinbaum se ha cuidado mucho de no hacer nada que pueda despertar la ira del presidente estadounidense, un líder imprevisible que ansía moldear el hemisferio occidental a su antojo.
Así, a diferencia de otras figuras de la izquierda latinoamericana como Gustavo Petro y Lula da Silva, la mexicana ha evitado enfrentarse en público al magnate, incluso en los momentos más críticos, como cuando Trump amenazó con aumentar los aranceles. Todo con tal de proteger una relación económica vital: el 80% de las exportaciones del país azteca se dirigen a EE.UU.
Foco nacional
Sheinbaum asegura que no quiere liderar una respuesta regional a la derecha: “Yo me concentro en México”
Ahora, lo esperable es que la mandataria siga optando por ese equilibrismo. “Sheinbaum ha aplicado el pragmatismo en lo que puede, y seguirá así”, pronostica Carlos Malamud, investigador principal en el Real Instituto Elcano, quien recuerda que México ya ha tenido mucho de isla en los últimos años: “La intensa relación con EE.UU. y Canadá ha aislado al país de América Latina”.
Lorena Ruano coincide con este diagnóstico: “México siempre ha sido muy suyo, por esta frontera tan complicada que tiene”, dice. “Y Sheinbaum no buscará liderar una respuesta regional a la derecha, porque imagínate qué va a decir Washington”, advierte.
De hecho, la dirigente mexicana ya fue clara en ese sentido el lunes, cuando aseguró que su interés “no es organizar a la izquierda de América Latina”. “Yo me concentro en México”, recalcó.
Sheinbaum tampoco necesita buscar en el exterior un refuerzo de su perfil político. El pasado jueves se cumplieron dos años de su llegada al poder, y su popularidad parece a prueba de bombas: su aprobación ciudadana alcanza el 70%, según un sondeo del diario El Financiero . En la región, solo el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, supera ese nivel de apoyo.
Los mexicanos valoran sobre todo sus políticas sociales. En cambio, su gestión de la seguridad, el crimen organizado y la corrupción recibe un suspenso. Pese a que Sheinbaum presume de haber logrado una reducción del 51% de los homicidios dolosos, la violencia sigue azotando al país: la cifra de desaparecidos no para de aumentar –ya son más de 130.000–, como tampoco las de otros delitos vinculados al narco, como la extorsión y la trata de personas.
La presidenta tendrá tiempo hasta el 2030 para mejorar en esos ámbitos. Ese año concluye su sexenio. Para entonces, es probable que el mundo vuelva a ser otro.
Cita incómoda
Su asistencia a la Cumbre Iberoamericana de Madrid, todavía en el aire
La ola derechista de América Latina se visualizará en la próxima Cumbre Iberoamericana, que tendrá lugar los días 4 y 5 de noviembre en Madrid. Sheinbaum está invitada a la cita, pero todavía no se sabe si asistirá. Desde la prensa mexicana, destacados columnistas ya han dejado caer que se ausentará. El contexto, desde luego, es poco propicio: Sheinbaum no solo se sabe en minoría, sino que mantiene una relación muy tensa con las autoridades madrileñas. En mayo, intercambió duras críticas con Isabel Díaz Ayuso, quien acusó a la presidenta de haber boicoteado su gira por México.

Daniel R. Caruncho
Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.
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