Los buenos gestos
Por La Mirilla La Vanguardia — Portada
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No es la primera vez que las páginas de este diario se ocupan del comisario de los Mossos d’Esquadra Javier Gámez, postrado en una cama de su casa de Sils por culpa de una esclerosis lateral amiotrófica, la despiadada ELA. Respetado, admirado y querido, Gámez se ha convertido en un símbolo por la resistencia con la que afronta una enfermedad que le está robando muchas cosas, pero que no ha podido arrebatarle la capacidad de pensar, de escribir –lleva ya varios libros– y, sobre todo, de querer. La semana pasada, el comisario Miquel Esquius acudió al domicilio de Gámez para despedirse. Y el día en que la comisaria Sílvia Catà fue elegida para sucederle al frente de la Policía catalana, la primera cosa que hizo fue pasar por casa de Gámez. Dos buenos gestos, el de quien se marcha y el de quien llega, que les honran. Ayer se formalizó el relevo en el complejo policial de Egara, en Sabadell. Esquius estaba feliz. En los próximos días saldrá desde la puerta de su casa para recorrer a pie el camino de Santiago hasta el apóstol. No tiene prisa. Lo importante será el camino y el tiempo de reflexión interior.
Fonte: Portada