Los alcohólicos golpistas
Por Xavier Ayén Pasamonte — Portada

Los alcohólicos golpistas 20/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
En la excelente novela Cornamenta, el salvadoreño Horacio Castellanos Moya explica, a través de los ojos de un narrador paranoico y poseído por sus instintos más carnales, cómo un grupo de militares de alta graduación que se reunían como miembros de Alcohólicos Anónimos acabaron dando un golpe de Estado en su país en 1972. No se trata, aunque lo parezca, el fruto de una imaginación fecunda sino unos hechos reales a los que los historiadores siguen dando vueltas. No son pocos los que creen que en la sobriedad de aquel grupito de conspiradores anida la clave del fracaso de la asonada: no se atrevieron a provocar una matanza para no romper los principios espirituales que animaban su vida en común. No fueron lo suficientemente malos.

A la vista está, observando la actualidad internacional, que no todos los dirigentes mundiales tienen esos escrúpulos a la hora de cargarse a gente, ya sean civiles inocentes o enemigos declarados. Unos se pasean frente a cadáveres en bolsas como si pasaran revista a los muertos, otros deshumanizan y convierten la destrucción simplemente en una baza negociadora más, y varios acumulan un creciente balance de lo que antaño se llamaba ‘daños colaterales’ como si se tratara de meros gajes del oficio.
No todos los dirigentes mundiales tienen esos escrúpulos a la hora de cargarse a gente
Poca cosa nueva hay bajo el sol. Los golpistas de vida sana en la ficción de Castellanos Moya rompen con una larga tradición que asocia el alcohol a la vida castrense, desde las raciones oficiales de ron en la Royal Navy al vodka en el ejército ruso. Si damos un pequeño gran salto, podemos hablar de las metanfetaminas que los nazis distribuían por millones entre sus tropas durante la Segunda Guerra Mundial para vencer el cansancio y aumentar la agresividad (de modo análogo, los aliados optaban por la Benzedrina) o del auge de los opiáceos entre los soldados que combatieron en Vietnam, en este caso para soportar lo visto y lo vivido.

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Xavi Ayén
Los militares salvadoreños de la novela quieren tomar el poder, pero no convertirse en asesinos. Contra los pesimistas que hablan de nuestra tendencia a la violencia y la aniquilación del prójimo, deberemos concluir que, si son necesarios tantos y tan poderosos agentes externos para convertirnos en seres agresivos de verdad, reside en todos nosotros algo noble, solidario y empático muy difícil de destruir. Para ir a la guerra es necesario perder la razón, más que conservarla.

Xavi Ayén
Redactor jefe de Cultura. Autor de libros como ‘Aquellos años del boom’ o ‘Planeta Nobel’. Autor de varios documentales de temas literarios
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