“Lo peor que me podría pasar es que alguien se adelantara a los acontecimientos de mi novela”

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Por Julio Antonio Hurtado Diaz — Portada

“Lo peor que me podría pasar es que alguien se adelantara a los acontecimientos de mi novela”

Entrevista a César Pérez Gellida

El autor vallisoletano conversa sobre ‘La piel de una gota’, obra en la que recupera al inspector Ramiro Sancho

César Pérez Gellida, fotografiado este miércoles en Madrid 

César Pérez Gellida, fotografiado este miércoles en Madrid 

DANI DUCH

Julio Antonio Hurtado Diaz

Julio Hurtado

07/10/2026 16:37 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

César Pérez Gellida (Valladolid, 1974) es un tipo duro de la novela negra que en su última obra, La piel de una gota (Destino), ha creado un original personaje, Marco Antonio Gavilán, conocido como el Témpano, un impávido militar de la legión española que viaja a las zonas en conflicto bajo el mando de las fuerzas de la ONU y también ejerce de mercenario en las guerras más salvajes para ganar más dinero.

“Una mezcla entre el puto MacGyver y el jodido Chuck Norris”, dice de él uno de los policías que lo persiguen cuando, tras perder a su perra Kivu, lo único que le quedaba tras la desaparición de la que había sido su pareja, Cristina, desata el caos y el terror para recuperar, siguiendo las enseñanzas de una religión animista africana, el orden perdido. 

“Un perturbado, un Rambo de pacotilla”, se burla de él el alcalde de Valladolid en la ficción, Omar Fuentes, trasunto literario, sí, del socialista Óscar Puente, desde la cama del hospital en el que ha sido ingresado con claros síntomas de envenenamiento.

Ante un martini algo rebajado con gaseosa sobre la mesa de una terraza de la Gran Vía de Madrid, a la hora del vermut, el escritor vallisoletano de mirada desafiante, siempre amparado bajo su gorra de béisbol, conversa amigablemente con La Vanguardia antes de ir a comer con su hijo a un restaurante cercano.

¿Cómo se le ocurrió hacer volar por los aires Valladolid, que es su propia ciudad?

Precisamente por eso, porque si algo tenía claro yo antes de empezar a escribir La piel de una gota es que no podía ser en otro lugar que no fuera Valladolid. Es el rincón del planeta que mejor conozco. He vivido cada uno de esos rincones, pertenecen a mi cotidianidad. Entonces, imaginarme el desastre que eso provocaría es muchísimo más fácil que ponerlo en cualquier otro lugar del mundo. Y aunque esto podría suceder en cualquier otra ciudad, me parece que Valladolid se merece muchas páginas de muchas novelas. Y yo estoy agradecidísimo con la ciudad porque eso de que nadie es profeta en su tierra, en mi caso no ha sido así. Y estoy muy agradecido a los vallisoletanos, a la ciudad, a las instituciones, a todo.

Mitología lugbara, etnografía bantú, guerras en el Congo… ¿Cómo ha sido el proceso de documentación?

No solo eso. Ha habido tres puntos importantes. Uno es la parte histórica, sociopolítica, bélica de lugares tan recónditos como el Líbano, Irak o República Democrática del Congo. Pero la parte más complicada no ha sido esa, porque desgraciadamente hay mucha documentación sobre ello, a raíz de la matanza entre hutus y tutsis de Ruanda. Otro punto es sobre la religión lugbara, efectivamente. Y eso sí ha sido complicado, porque sobre las religiones animistas en general no hay mucha documentación fiable, y sobre la religión lugbara en particular solamente encontré un libro que me lo enviaron desde una librería de Barcelona, que además estaba en inglés y que me costó un huevo leerlo, pero que me sirvió de mucho, por lo menos para entender desde nuestra óptica occidental cómo está estructurado un dogma que para nosotros es difícil de asimilar. Y luego un tercer punto, que es el que más me costó, sin duda, porque partía de menos cien, que es el conocimiento de los explosivos. Cómo funcionan los explosivos. O sea, me tenía que convertir en un experto en explosivos. Y aquí el acceso a la información es complicadísimo. Lo tienes que hacer a través de expertos. Y he tenido la suerte de contar con tres personas que me han ayudado mucho en distintas facetas. Y es quizá la parte más meritoria de toda la documentación, porque, claro, La piel de una gota no pretende ser el manual del buen terrorista y por tanto no están todos los componentes como tienen que ser, pero sí quería dar a entender al lector que cualquier persona experta en explosivos, en sus componentes, puede preparar un explosivo con cuatro cosas. Y esto lo quería reflejar en la novela. Yo creo que queda bastante bien. Porque hay que saber dosificar esa documentación y hay que entender que esto es un thriller. Lo importante es cómo fluye la historia. Tiene que ser una sucesión de acontecimientos muy rápida, y saber dosificar la información sin que interrumpa el proceso es también parte del oficio. Y esto es consecuencia de 16 novelas y unos cuantos años.

La estructura de la novela

“Hay que entender que esto es un thriller: lo importante es cómo fluye la historia, tiene que ser una sucesión de acontecimientos muy rápida y dosificar la información”

César Pérez Gellida, en un callejón de Madrid  
César Pérez Gellida, en un callejón de Madrid   DANI DUCH

Claro, la dosificación de la información al lector es una de las claves, igual que la estructura de la novela, fragmentada en escenas.

Sí, y aquí hay un componente, un añadido más, y es que hay una cuenta atrás desde el principio, que es esa traca final. Y, por tanto, tienes que estructurar en tu cabeza un poco de atrás hacia delante, con un añadido más, y es que yo no conozco el final. Porque mi forma de escribir es, y no lo he cambiado desde el principio, es que una escena me lleva a otra y esa a la siguiente.

¿Sin un guion previo?

No, nunca trabajo con guion ni con una escaleta previa cuando hago narrativa. Cuando escribo guion, sí, porque es absolutamente necesario. Pero en este caso no, y no he cambiado la forma de hacerlo porque yo empecé a escribir porque tenía problemas de insomnio, y entonces lo que hacía para quedarme tranquilo en la cama es inventarme una historia que retomaba a la noche siguiente en el punto donde me había dormido la noche anterior. Y nunca he cambiado ese proceso. Como mucho, puedo ver dos escenas más allá de la que estoy escribiendo. Si veo que me adelanto más, lo elimino de mi cabeza. Porque yo tengo el convencimiento de que si un escritor sabe el camino, en su cerebro traza una línea recta argumental. Y lo peor que me podría suceder a mí es que alguien se adelante a los acontecimientos.

¿Cómo se le ocurrió la idea de un personaje como el Témpano, con una psicología tan oscura, tan marcada por el trauma?

El punto de partida es una persona que existe, que es un experto en explosivos que lleva muchísimos años en la legión y es originario de la misma zona de Almería, donde está el cuartel de Viator. Y este es un tipo bastante conocido en ese mundo. Alguien que haya tenido relación con los explosivos en el ejército lo conoce seguro, porque seguramente lo haya formado. Es como una especie de leyenda. Lo que pasa es que eso es, digamos, el esqueleto del personaje, pero la parte importante es la construcción psicológica. Es de los personajes más complejos que yo he construido, porque no se asocia a ningún tipo de psicopatía, sociopatía, ninguna enfermedad mental, no es un psicótico, no, es una persona que tiene un bagaje que le hace ponerse muy cerca del abismo y él, por voluntad propia, decide lanzarse, porque tiene un sentimiento de culpa en lo ocurrido con Cristina, y la pérdida de su perra es ese último rasguño que le falta a la piel de la gota para que la gota se derrame.

Y ahí es donde entra el componente de la religión lugbara, las dos caras de Adroa y Adro.

Sí, él hace suya esa deidad, que por una parte es bondadosa, pero por otra es vengativa. Y él se arroga esa parte vengativa para de alguna forma restaurar un equilibrio que él ha perdido. Tiene el convencimiento de que a pesar del daño que está haciendo está restaurando un orden. Por eso se convierte en un tipo tan peligroso, porque realmente no está haciendo lo que hace por una convicción política, religiosa. Y para alguien que tiene que combatir o que tiene que adelantarse a sus movimientos es muy difícil de entender cómo va a actuar si no se entiende qué motivaciones tiene. Con esa base, y entendiendo que es un personaje que yo quería que llegara a empatizar con el lector después del rechazo inicial que provoca, a medida que va avanzando la novela, fue como trabajé el Témpano: puede que no resulte simpático, pero, por lo que yo he percibido de los lectores en los encuentros que tenemos, ese vínculo se está dando, y eso me gusta mucho.

De alguna manera sigue todos los pasos del héroe clásico: abandono de la comunidad a la que pertenece, aislamiento, experiencia extraordinaria, transformación, y regreso transfigurado… Pero un héroe al revés.

Sí, sí, realmente él tiene todo el perfil para ser un héroe y se convierte en villano. Un villano que además es consciente, esto hay que señalarlo también, es muy consciente del daño que está haciendo. Pero él no busca causar el dolor a personas de forma individual, sino lo que busca es la colectividad. Entonces, esto es como un propósito muy grande que él simplemente lo reduce a restaurar un equilibrio, una armonía, como justiciero equivocado, creo, pero justiciero en cualquier caso.

Y en su antagonista, el inspector Ramiro Sancho, personaje al que recupera de trilogías anteriores, se diría que hay muchos rasgos de usted mismo, del autor…

Sí. He convivido tantas horas con este personaje desde el principio… Yo empecé con Sancho en el año 2012 y es un personaje, una voz que la tengo ahí muy latente en la cabeza. No me ha costado nada recuperarlo a pesar de la intoxicación, entre comillas, de la televisión, de haberlo visto en audiovisual. Pensé que eso iba a ser un problema, pero realmente no lo ha sido porque he recuperado la voz original de Sancho. Y es como el reencuentro con un viejo camarada, o sea, con esos que no necesitas tener contacto a diario, pero cuando te encuentras parece que has estado ayer, ¿no? Y le quería llevar al límite del límite en esta novela. Quería probarlo de alguna forma, probarme también a mí mismo. Y es verdad que compartimos muchos de esos valores porque para mí son aspiracionales. A mí me gustaría también llegar a ser Sancho. Indudablemente, Sancho comparte parte de mi ADN porque lo he creado yo y está aquí, en mi cabeza. Así que desde luego que sí.

En la novela de César Pérez Gellida también hay humor 
En la novela de César Pérez Gellida también hay humor  DANI DUCH

En cambio, el que no sale muy bien parado es ese Omar Fuentes inspirado en Óscar Puente…

Tengo buena relación con Óscar Puente. Mantengo buena relación con él. Antes más, cuando era alcalde de Valladolid. Ahora menos, pero seguimos manteniendo algo de contacto. Los dos sabemos para quién vendimiamos, quiero decir que en eso no hay engaño ninguno. Y desde luego que es un trasunto, porque esta historia se desarrolla en el 2022 y él era alcalde en el 2022. Como no quería consultarle ni pedir permiso, le cambié el nombre. Entonces él me escribió, yo creo que el primer día que salió, me escribió cordial: ‘Oye, me han dicho que salgo en tu última novela’.  Y yo le contesté al día siguiente y le dije que sí, pero que le iba a sorprender. Me dijo: ‘Espero que por lo menos sea el asesino’. Y le dije: ‘Te la tienes que leer’. Y hemos quedado en que un día que pase por Valladolid se la entrego en mano.

Julio Antonio Hurtado Diaz

Julio Hurtado

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Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid

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