Las universidades aseguran que no bajarán el nivel por la caída en PISA
Por Carina Farreras De Hojas — Portada
Las universidades aseguran que no bajarán el nivel por la caída en PISA
Retroceso educativo
Los campus ya impulsan planes de mejora de competencias básicas a los nuevos alumnos

La UB ofrecerá microcredenciales en competencias como comunicación científica para que los jóvenes adquieran habilidades
Mané Espinosa

Barcelona
10/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
El próximo año las universidades recibirán a los alumnos que se presentaron en 2025 en PISA (Programme for International Student Assessment, en inglés) y que obtuvieron una bajada de desempeño importante tanto en lectura como en matemáticas y ciencias, perdiendo entre un curso y curso medio respecto a los jóvenes tres años mayor que ellos.
Se da una circunstancia añadida de que los jóvenes de clases medias, generalmente más inclinados a continuar sus estudios en la universidad, pierden en lectura 33 puntos respecto a la anterior edición de PISA, 24,2 en matemáticas y 12 en ciencias. La OCDE estima que un curso académico equivale a 20 puntos.
“No vamos a bajar el nivel” afirma categóricamente la vicerrectora de política académica de la mayor universidad pública catalana, la UB. Para Pilar Delgado los resultados del informe de la OCDE conocido el martes son un nuevo toque de atención sobre la calidad educativa del país que indican la necesidad de reforzar competencias.
“Las universidades no podemos revertir lo que no se ha hecho en etapas anteriores, pero tenemos la responsabilidad de ofrecer herramientas para que consigan las competencias universitarias durante sus estudios sin bajar el nivel de exigencia”, asegura Delgado. Comprender textos complejos, argumentar con solidez, analizar con datos o escribir con rigor son “competencias universitarias”.
La UB está desarrollando microcréditos para mejorar estas y otras competencias, además de reforzar las tutorías y las acogidas de los de primer curso. “Como universidad podemos contribuir aportando conocimientos e investigación sobre cómo revertir la tendencia de PISA”, indica la vicerrectora.
El bajo nivel no viene de nuevo. Esta y otras universidades han desplegado estrategias para recuperar o mejorar competencias perdidas. Pablo Pareja, vicerrector adjunto a la rectora de la UPF, se muestra optimista. Admite que son malos resultados, aunque falta investigar más las causas. “Tenemos que contribuir a que los estudiantes aprendan conocimientos sólidos. Hay margen y tienen tiempo para hacerlo”, manifiesta.
La UB impulsa un microcredencial en comunicación y refuerza mentorías y nuevas acogidas
La Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) lleva años combatiendo el choque que se produce entre los conocimientos de los alumnos de bachillerato y las exigencia académicas de su grado. No quiere jugarse el prestigio de la calidad de sus grados y, al mismo tiempo, quiere ayudar a los estudiantes que vienen con carencias. Muchos de estos terminan apuntándose a academias para solventar las dificultades en clase.
No obstante, la UPC ofrece cada año a sus estudiantes nuevos el Curso 0, clases de repaso de matemáticas, física y química antes de empezar el curso para asegurarse que alcanzan un nivel mínimo. Antes era para prevenir el abandono. Ahora “nos viene un buen estudiante”, indica Mª José Jiménez, vicerrectora académica y de estudiantado de la UPC. Las notas de corte seleccionan a los más estudiosos. “Como docente te adaptas al grupo y apoyas a aquél que más lo necesita”, añade.
La lectura es la principal señal de alarma en PISA. En las evaluaciones de los jóvenes españoles, también en el resto del mundo, se ven indicios de una lectura menos profunda, responden precipitadamente y tienen dificultades para mantener la atención y trabajar con información compleja. Una gran competencia lectora afecta los aprendizajes en todas las materias.

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PISA revela que “existe una dificultad real en la capacidad y disposición para leer de manera sostenida, atenta y exigente”, indica Elena Sintes, directora de proyectos de investigación de la Fundació Equitat.org. Falta, además, persistencia en tareas difíciles y peores resultados en las habilidades que exigen interpretar, conectar información y pensar críticamente. Este deterioro coincide con un cambio de lectura de textos breves y fragmentados.
A juicio de los expertos, hay que reconstruir las condiciones que hacen posible la lectura profunda: tiempos protegidos para trabajar textos largos y complejos en todas las materias, apoyo regular, menos interrupciones y distracciones. “El reto no es leer más sino entrenar la capacidad de leer en profundidad”, asiente Sintes.
En la UPC se ofrece el Curso O, repaso de matemáticas, física y química antes de empezar el curso
En Inglaterra, la Administración implantó en el 2012 un plan de intervención en la lengua desde la etapa infantil hasta secundaria que implica el desarrollo de la fonética desde los primeros años, con un programa de detección precoz de dificultades, un enfoque explícito hacia la comprensión lectora, con énfasis en el vocabulario, y la asunción de la responsabilidad de este tema por parte de todo el profesorado. Todo ello acompañado con un plan de lectura por placer. Este conjunto de iniciativas, han dado su fruto a la luz de PISA: el 80% de los alumnos ingleses ha alcanzado el nivel 2 de lectura (el umbral que PISA considera de competencia mínima), cuando la media de la OCDE es el 69%. España es del 67%.
No obstante, las iniciativas inglesas se han extendido a la universidad. Varias universidades ofrecen a sus alumnos clases de resiliencia lectora para ayudarles a leer libros enteros y comprender textos largos y complejos. Estos cursos se ofrecen, sorprendentemente, en las facultades de filología donde los estudiantes se matriculan por su afición a la lectura.

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Estas iniciativas universitarias tratan de mejorar algunas competencias que antes se daban por sentado y que ahora los estudiantes no han adquirido en secundaria. Quedan los jóvenes que no optan por una carrera universitaria sino técnica. O que se van a trabajar sin formarse.
Al terminar la ESO, aproximadamente dos de cada tres jóvenes optan por matricularse en bachillerato y cerca de uno de cada tres por FP de grado medio. Al acabar bachillerato, el 63% inicia estudios universitarios, un 23% un ciclo superior de FP y el resto no continúa los estudios.

Carina Farreras
Periodista. Ha trabajado en las secciones de Política, Economía, Opinión y Cultura de La Vanguardia. Desde hace unos años cubre informaciones de Educación y Universidades en Sociedad
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