Las Oques Grasses vuelan sobre el Olímpic

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Por Sergio Lozano Torres — Portada

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Música

La formación de Josep Montero emocionó a los 55.000 asistentes a la primera de sus cuatro noches de despedida

Josep Montero aparece en la pantalla gigante durante el primer concierto de Oques Grasses en el estadio Lluís Companys

Josep Montero aparece en la pantalla gigante durante el primer concierto de Oques Grasses en el estadio Lluís Companys

Guifré Sabaté i Rispa

Sergio Lozano Torres

Sergio Lozano

Barcelona

07/10/2026 23:02 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Todavía no son historia, pero ya la han hecho. Oques Grasses se convirtió este miércoles por la noche en la primera banda en catalán que llena en solitario un estadio con 55.000 personas. El Lluís Companys se convirtió en el estadio Oques Grasses sin la lluvia que anuló la actuación del jueves y sumó así a los de Osona al club formado por Estopa, Aitana y El último de la Fila , los artistas catalanes que han tocado en el recinto más grande de Montjuïc.

Si el tiempo lo permite, el sábado igualarán el récord de Coldplay –de tan mencionado, un tanto manido– con cuatro actuaciones en el coliseo de la montaña de Montjuïc. Sin las lucecitas y el buenismo del cuarteto británico, pero con la música y el enganche que logran en directo, un cuerpo de baile y la casi obligada pantalla gigante de estos escenarios, la velada tuvo un alegre deje nostálgico que tintó todas las variantes musicales: reggae, ska, pop, rumba, apuntes latinos o ritmos electrónicos, con Fruit del deliri, su último y más celebrado trabajo, ocupando un espacio preponderante en sintonía con las actuaciones que vienen haciendo.

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Por última vez al frente de las Oques, Josep Montero obró la magia que se llevará consigo cuando se retire a Muntanyola. Armado con la guitarra que le caracteriza, solo en el escenario central, Montero abrió la noche con Còrrer pels camps, símbolo quizás del deseo de libertad que aspiran alcanzar con su retirada.

“Todo esto empezó por amor, y por amor terminará”, dijo Montero al inicio de una noche dedicada a celebrar la música de Oques Grasses desde el comienzo, con el septeto apoyado por un coro de ocho miembros y cuatro músicos de cuerdas que añadió aire soul a Petar-ho, mientras los fuegos artificiales estallaban en el aire.

“I have a dream” cantaba el coro, algo más que un verso esta noche, donde la celebración continuó con los arreglos funky de Sta guai o la trompeta energética de Elefants, además de Cara de cul como recuerdo al álbum You poni del 2016 y el rap de la plana de Vic Com està el pati. Canciones conocidas de sobra por un público mayoritariamente formado por jóvenes y familias que, unos más otros menos, ya han pasado por la experiencia Oques en festivales locales o fiestas mayores.

Tal fue el espíritu que reinó este miércoles durante las dos horas de concierto, tiempo suficiente para echar la vista atrás a su primer disco con Cavall estable o el reggae de John Brown, que cantaron con un grupo de fans bailando sobre el escenario. “Rollo la casita” dijo Montero, que poco antes se había quejado de los focos que apuntaban al escenario. “Llevo hasta ahora completamente ciego”, afirmó antes de recordar sus primeros pasos mediante el ska Cavall estable, adornado con la fanfarria circense que utilizaban para comenzar sus primeros conciertos (qué lejos de este estadio). O Cul, que puso a los 55.000 asistentes a bailar después de haberles animado a hacer una estética ola con los brazos como después se quitaron la camiseta al escuchar que los Passos importants se suelen hacer sin ropa.

La etapa electrónica de la banda se presentó con el escenario oscuro, relámpagos, mar embravecido y Montero rodeado de bailarinas vestidas de negro mientras cantaba Bambi y Molta tralla. Pero la noche que dio paso al Sol, fetiche de la banda, con Com el dia i la nit, instante de recogimiento (que no de calma), antes de rebotar hacia arriba con In the night, zénit festivo de la velada junto a Serem ocells, antes de que sonara La gent que estimo, arropada por los violines.

Antes de despedirse, Oques Grasses se desplazó al centro del estadio entre el público, sin barreras ni seguridad que pusiera distancia, banda de amigos que dijeron adiós con Sort de tu, dedicada más que nunca al público. Fue así como Montero, con su pequeña guitarra y su ropa ancha, se convirtió en el pequeño David que derrota al Goliath de la gran industria, de la única manera que podía hacerlo sin dejar de ser él: demostrando que podía para retirarse inmediatamente después, o como esta noche cantaron en Bancals: “Faré la revolució i em faré un hort”.

Los fans llegan con bastante antelación

Muchos de los fans que ayer acudieron al concierto llegaron con bastante tiempo de antelación para asegurarse un buen sitio: “Con las restricciones para llegar a Montjuïc, he cogido la línea de bus 150 desde plaza de Espanya” explicaba Pol. La organización y el Ayuntamiento de Barcelona prepararon un dispositivo especial de movilidad para facilitar el acceso del público en el estadio, con líneas de bus como el 150, 55 y 33 desde plaza de Espanya, además de lanzaderas que se habilitaron. Tras las alertas por lluvias, el sol dio una tregua a los fans. La previa se hizo en la calle: grupos de amigos cantando, cervezas en la mano y, sobre todo, mucha agua para combatir las horas de cola. / Alexia Travé

Sergio Lozano Torres

Sergio Lozano

Periodista

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