Las motos copan el 6% de los viajes en Barcelona pero suponen el 54% de los muertos en siniestros
Por Carlos Márquez Daniel — Portada
Las motos copan el 6% de los viajes en Barcelona pero suponen el 54% de los muertos en siniestros
Seguridad vial
Desde el 1 de enero del 2012 han perdido la vida en la ciudad 299 personas en un accidente de tráfico, de las que 160 iban sobre una motocicleta

Varias motocicletas circulando (por donde no deberían) por la Diagonal de Barcelona
Xavier Cervera

Barcelona
15/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Barcelona, y es un problema también de ámbito interurbano, ya no sabe qué inventarse para salvar la vida a los motoristas. Creó las zonas avanzadas para que fueran más visibles en los semáforos, se inventó el rojo total de seis segundos en algunos cruces para refugiar a los que apuran el semáforo, instaló 21 radares de velocidad y creó el famoso foto-rojo, esa cámara que retrata a los que pasan cuando la luz ya no lo permite. Tanto esfuerzo ha servido para reducir la siniestralidad global, pero el reparto sigue siendo igual de inquietante: desde el 2012, el 54% de los muertos en un siniestro de tráfico en la capital catalana iban sobre una motocicleta, y solo representan algo menos del 6% del total de viajes diarios.
El 2026 está rompiendo la dinámica positiva de los dos últimos ejercicios. Vaya por delante que cada muerte y cada herido supone una tragedia inimaginable, pero que en el 2024 y en el 2025 se registrara la cifra más baja de la historia, con 11 fallecidos, parecía indicar que el objetivo de cero muertos en el 2050 marcado a nivel europeo no es inasumible. En lo que llevamos de 2026, sin embargo, y faltan dos meses y medio, ya son 15 las personas que han perecido en un siniestro, siete de las cuales iban sobre una motocicleta.
Trágica estadística
La edad media de los siete muertos sobre una moto en este 2026 no supera los 32 años
Basta con echar la mirada hacia atrás para comprobar el camino recorrido. En 1990, en Barcelona murieron 88 personas en un mal llamado accidente (a las víctimas no les gusta la palabra porque la cosa suele tener muy poco de accidental). En el 2001 eran 59 y en el 2010 se contabilizaron 39 muertos. En el 2019 ya eran 22 y tras la cruda pandemia hubo un cierto repunte por la euforia de recuperar la normalidad, con un techo de 23 fallecidos en el año 2022.
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El último motorista fallecido se registró el martes. Una joven de solo 19 años perdía la vida tras chocar con un camión en Travessera de Les Corts. Antes fueron un motorista de 49 años en la Zona Franca, también contra un vehículo pesado; otro hombre de 38 años envestido por un coche en Aribau-Mallorca; otro de 34 tras impactar con un taxi; otro de 25 años en la calle Nicaragua, y otros dos (mujer de 36 años y varón de 26) en la Ronda Litoral con sendos camiones implicados en la tragedia. Los peatones atropellados, otra lacra, suelen ser personas mayores, en el caso de los motoristas, la edad media es de poco más de 32 años.

Más allá de las conductas imprudentes de cada uno, y eso es algo que aplica a todos los modos de desplazamiento, las motos han experimentado cambios importantes que ayudan a entender su elevada siniestralidad. Lo primero es el tipo de vehículo. Si en los 80 eran máquinas de 75cc, hoy lo mínimo son 125cc, pero son muchos los que usan ‘scooters’ de más de 300cc. Se corre mucho más que antes.
Tampoco ayudan la carga y descarga que constriñe el tráfico; el urbanismo, con gomas separadoras del carril bici (imprescindibles para segregar a los ciclistas) o las pilonas en carriles bus. Por último, la irrupción de otros actores de la movilidad, como el patinete eléctrico. Las cosas de compartir una ciudad tan densa y con tantas prisas.
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